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Publicado el 14 Julio, 2016 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

¿Recuerdos perdidos?

La enfermedad de Alzheimer y el deterioro de la memoria, es la sugerencia de Victoria Ramos, de La Habana
Mal de Alzhéimer.

El mal de Alzhéimer es una forma de demencia que afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento. (Foto: nlm.nih.gov).

A cargo de YAMILA BERDAYE

Es evento desgarrador comprobar que nuestra madre no recuerda quién eres. Hoy, muchas personas padecen demencia en el mundo y una de sus variantes es la enfermedad de Alzhéimer, que cursa con deterioro de memoria e intelecto, afecta a multitud de personas y se le considera enfermedad crónica no transmisible, por el envejecimiento poblacional al que asistimos.

Sin embargo, un reciente estudio anda procurando quizás, un poco de esperanza a pacientes y familiares aquejados del mal. Partiendo del hecho de que quienes la poseen son incapaces de recordar experiencias recientes, los resultados sugieren que, al menos en las primeras etapas de la enfermedad, los recuerdos no han desaparecido de los cerebros afectados, por el contrario, siguen ahí, el problema parece estar en que no se puede acceder fácilmente a ellos.

A propósito, también un equipo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachussets (EE.UU.), ha logrado demostrar que esos recuerdos se forman y almacenan adecuadamente en el cerebro, el obstáculo principal está -debido a los síntomas del alzhéimer-, en recuperarlos, o sea pudiera ser que no todo estuviera perdido y existiera alguna posibilidad de rescate.

Los autores del estudio, capitaneados por el científico japonés, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1987, Susumu Tonegawa, han concebido un audaz experimento. Tomaron dos grupos de ratones –sanos y otros modificados genéticamente para padecer las primeras fases del alzhéimer– y los colocaron en un habitáculo cuyo suelo soltaba descargas eléctricas a voluntad de los investigadores. Todos los roedores mostraron síntomas de miedo cuando eran recolocados en la misma cámara una hora después. Sin embargo, cuando se repetía la jugada días después, solo los ratones sanos experimentaban temor. Los roedores enfermos habían olvidado el chispazo.

En la segunda parte del ensayo entró en juego la optogenética, una técnica que inserta, mediante virus, genes de algas sensibles a la luz en los cerebros de los ratones y una vez en las neuronas, los genes producen una proteína capaz de activar o desactivar cada célula en función de ráfagas de luz láser enviadas por los investigadores. La técnica, que requiere abrir el cráneo, jamás se ha empleado en seres humanos.

El éxito solo se logró al dirigir estas ráfagas a los circuitos neuronales realmente implicados en la grabación del recuerdo en el cerebro. Estas neuronas iluminadas recuperaban la densidad de sus espinas dendríticas, prolongaciones asociadas a la memoria, cuyo número se reduce a medida que el alzhéimer avanza.

El rescate de los recuerdos de los ratones se suspendió al apagar la luz. Los investigadores dieron entonces otro paso. En condiciones normales, el miedo se graba mediante el refuerzo de las conexiones entre las neuronas del giro dentado y las de la corteza entorrinal, otra zona del cerebro localizada detrás de la sien. El grupo de Tonegawa logró este mismo efecto con reiterados pulsos de luz lanzados de manera muy específica en puntos de esta región cerebral de los roedores con alzhéimer. Los animales recuperaron su memoria a largo plazo hasta llegar al mismo nivel de los ratones sanos.

Sin embargo, se reconocen las limitaciones de los resultados, dado que la optogenética es muy invasiva, todavía no está autorizada para su uso en personas. “En el futuro, podríamos intentar utilizar alguna variante de la estimulación cerebral profunda, puesto que es una terapia ya aprobada para varios trastornos, o desarrollar fármacos que pudieran conseguir resultados similares”, especulan los investigadores.

La estimulación cerebral profunda se emplea para aliviar los síntomas de la enfermedad de Párkinson y consiste en un dispositivo implantado con cirugía que estimula con electricidad áreas cerebrales concretas, pero su precisión ni se acerca a la lograda con la optogenética.

A lo mejor, podría existir la posibilidad futura de que esa persona, anciana o abuela con alzhéimer, recuerde el nombre de su hija, mediante la iluminación de sus neuronas. Al respecto opinan los científicos: “Por supuesto, en teoría sería posible activar de manera directa los bloques neuronales del hipocampo en pacientes con alzhéimer temprano y recuperar sus memorias supuestamente perdidas”. “En la práctica, todos los investigadores de la comunidad neurocientífica tendrán que trabajar juntos para lograr tal hazaña en los seres humanos”, asienten.

La buena noticia, la comenta precisamente Tonegawa, cuando indica: “Es posible que en el futuro se desarrolle una tecnología para activar o inactivar con más precisión las células situadas en zonas profundas del cerebro, como el hipocampo… con más precisión”.

Y aunque se conoce que cualquier tratamiento tiene que ser individualizado, especialmente en pacientes demenciados y ancianos, donde el cuidado es aún mayor, el reciente estudio publicado en la revista Nature, ofrece perspectiva, expectativa y anhelo en la búsqueda de algún paliativo ante el terrible mal de Alzhéimer.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye