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Publicado el 4 Agosto, 2016 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Presagio de futuro

El hígado fue utilizado para pronosticar sucesos y adivinar el porvenir, sugerencia de Adolis Cruz, de Camagüey
Una práctica que los romanos tomaron de los etruscos.

La práctica de consultar las entrañas de los animales para adivinar el porvenir, la tomaron los romanos de los etruscos. (Foto: img.destinoytarot.com).

La palabra hígado proviene del latín iecur ficātum, víscera con característica voluminosa, importante en la actividad metabólica, pero también, órgano glandular, al que se le adjudica: síntesis de proteínas plasmáticas, función desintoxicante, almacenaje de vitaminas y glucógeno, además de secreción de bilis. Igualmente elimina del flujo sanguíneo sustancias nocivas para el organismo, convirtiéndolas en inocuas. Está presente en el hombre, vertebrados y otras especies del reino animal.

Sin embargo, en la Antigüedad, el hígado fue usado para adivinar el porvenir. Mesopotamia (zona del Oriente Próximo ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates) y Grecia, son ejemplos de ello, aunque se sabe que la práctica en el Imperio romano fue adquirida de los etruscos y aceptada oficialmente en el siglo II a.n.e. Para estos fines, se dividía la víscera en dos mitades y 16 zonas distintas, igual a la división que hacían los etruscos de la bóveda celeste.

Los encargados de tales menesteres se conocían como arúspices de Etruria, adivinos etruscos que se consultaban de manera privada en todo el Imperio romano, antes de tomar cualquier decisión importante; incluso, el historiador, político, emperador romano, Tiberio Claudio César Augusto Germánico, creó un colegio de arúspices -que existió hasta el año 408-, para ofrecer servicios en aras de salvar la ciudad de posibles asaltos.

Igualmente, confirman historiadores que la práctica tuvo poco efecto en cuanto al tema invasiones, no obstante, se ejerció a todo lo largo del siglo VI. Los hechiceros examinaban las entrañas de un animal sacrificado –preferentemente gallo o cabrito–, para obtener pronósticos de futuro y para esos fines miraban con atención los dos lóbulos del hígado, vesícula biliar, venas y conductos.

Se creía –de manera general–, que las señales vistas en el lado izquierdo del hígado eran de mal augurio y las del derecho, bueno. A la par se miraba color, aspecto y posición del hígado. Según cita del profesor Santiago Montero, de la Universidad Complutense de Madrid, Cicerón se preguntaba hasta qué punto “los arúspices habían contrastado entre sí sus observaciones para establecer la parte de la víscera que es enemiga y la parte que es familiar”. Los investigadores también apuntan que el político, astrónomo, geógrafo, historiador y filósofo estoico griego Posidonio, explicaba la hepatoscopia, o sea, los pronósticos, relacionada con magia, amuletos y sistemas oraculares.

En época de Augusto –primer emperador romano–, la mayoría creía en la hepatoscopia etrusca, pero se criticaba la griega, incluso se acusaba a Alejandro Magno, rey de Macedonia, de confiar en adivinos para lograr augurios convenientes.

Al parecer nunca existieron mujeres entre los arúspices, pero sí hechiceras reputadas en Tesalia, periferia de Grecia. A los adivinos se les concebía como charlatanes en época imperial y las prácticas de adivinación que subsistieron en el tiempo, fueron perdiendo el significado original y quedaron como conjunto de ritos que se remontaban probablemente hasta la prehistoria –período desde la aparición de los homininos, antecesores del homo sapiens, hasta la existencia de documentos escritos–, ligados a prácticas chamánicas o creencias y mañas habituales.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye