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Publicado el 6 Diciembre, 2016 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Efecto candente

Al cerebro no le gusta el calor, propuesta de Denisse Alfaro, de La Habana
El verano es la estación más cálida.

El verano es la estación más cálida. (Foto: valledelmayo.com).

A cargo de YAMILA BERDAYE

El verano es la estación favorita de muchas personas, pero al parecer a nuestro órgano pensante le sienta fatal el calor, sobre todo si vivimos en un país con altas temperaturas como el nuestro.

El calor interfiere con la actividad del hipotálamo, parte importante de nuestro órgano pensante que, entre otras muchas funciones, se ocupa de regular nuestra temperatura corporal. Pero también tiene otras consecuencias más o menos dramáticas, como puede ser que dormimos peor.

También se cree que por encima de 30 grados Celsius el impulso nervioso se ralentiza, provocando cansancios y fatigas. Entonces no rendimos bien; por otro lado, parece que la estacionalidad afecta más de lo que pensábamos a nuestro sistema nervioso, como lo sugiere un estudio publicado en PNAS, que muestra diferencias en la actividad cerebral de los participantes en función de la época en la que se tomaban las imágenes de resonancia magnética.

De cualquier manera, sobrellevar calores es ardua tarea, por ejemplo, los que padecen migrañas pueden notar cómo sus síntomas empeoran, porque las altas temperaturas y contrastes térmicos de aires acondicionados logran desencadenar dolores de cabeza. Según médicos, los pacientes afectados de epilepsia deben tomar cantidad suficiente de líquidos para evitar que se altere el equilibrio hídrico del cuerpo, pues eso a su vez afecta a la cantidad de fármacos en sangre. Según indican expertos, durante el verano es muy frecuente que los pacientes acudan al médico alarmados, pensando que tal vez su enfermedad se agravaba, cuando simplemente los malestares son efecto de las altas temperaturas.

Para proteger nuestro cerebro del calor, se pueden seguir recomendaciones generales que se ofrecen para la época de verano como evitar los ejercicios intensos y estar en la calle a horas centrales, beber muchos líquidos, seguir la dieta adecuada, consumir alimentos con mucha agua y usar ropa transpirable. Con sentido común lograremos evitar que nuestro sistema nervioso sufra los trastornos del verano.


Yamila Berdaye

 
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