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Publicado el 6 Abril, 2017 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Egocentrismo excesivo

El narcisismo es parte de la historia del ser humano, propuesta de Leónides Peña, de Ciego de Ávila
Egocentrismo excesivo.

Los narcisistas tienen necesidad de sentirse aprobados y admirados. (Foto: muyinteresante.es).

A cargo de YAMILA BERDAYE

 Reconocido mito, con origen en la cultura griega. Varias fuentes entre ellas la enciclopedia cubana EcuRed, hablan de la historia de Narciso; joven bello, admirado, pero lleno de vanidad y orgullo. Despreciaba a todos sus amantes, tanto mujeres como hombres.

Se dice que la ninfa Echo estaba perdidamente enamorada de él; al rechazarla, se consumió de dolor y se transmutó en simple voz. Otro muchacho que desairó, rezó a los dioses, pidiendo que se amara a sí mismo sin descanso, y la deidad Némesis al escuchar los ruegos, hizo que Narciso se detuviera a beber agua de un manantial en la cima del monte Helicón. Al ver su imagen reflejada en el agua, quedó enamorado de sí mismo, sintió deseos de abrazarse, pero su retrato se desvanecía con el ondulante movimiento de las aguas; entonces incapaz de renunciar a contemplarse, se paralizó y murió. No obstante, no fue su cuerpo lo que permaneció, sino una flor.

La leyenda se convirtió en metáfora de amor desmesurado hacia lo personal-propio, según lo escrito por el sexólogo, médico y activista social británico, Havelock Ellis, en el año 1898. Por su parte, Sigmund Freud, neurólogo austriaco, padre del psicoanálisis, definió el narcisismo como: “[…] estancamiento de toda la energía de la libido en el yo”, y lo clasificó en primario y secundario.

Primario o primitivo, atañe a niños con dificultad para diferenciar entre ellos y objetos del mundo exterior, o sea, los que se rebelan ante la elección de las cosas externas, pretendiendo sacar algún provecho, compadeciéndose a sí mismos o reclamando más atención. El secundario, lo describe como estado patológico posterior y permanente, propio de adolescentes, artistas y personas que se repliegan sobre sí mismas.

Freud también introdujo el término neurosis narcisista, que incluye patologías en las que la libido (del latín deseo) se retira de los objetos del mundo exterior y se dirige por completo al yo, paranoia, esquizofrenia, estados maníacos y melancolía.

De manera general, los narcisistas piensan que tienen una importancia personal exacerbada, por encima de cualquier persona, incluida pareja o amistades. Asimismo, tienen fantasías de éxito poco realistas y presentan recelo por logros ajenos. Según un estudio llevado a cabo en el año 2008, por la universidad de Washington, se obsesionan con la apariencia física, incluso adquieren ropas caras y se jactan de ello. Además, les gusta hablar mucho de sí mismos, utilizando en demasía el yo.

Otro estudio llevado a cabo por el psicólogo W. Keith Campbell de la Universidad de Georgia, revela que el fenómeno se puede asociar a una confianza excesiva y a decisiones precipitadas. Los ególatras o vanidosos, suelen hacer apuestas imprudentes, cometer infidelidades y responder agresivamente ante insultos.

Se afirma también que los narcisistas pueden hacerse daño a sí mismos si se percatan de que su presencia deja de ser notoria; varios estudios psicológicos lo asocian a la incidencia de intentos de suicidios.

Sin embargo, la seguridad excesiva que les acompaña puede aportarles beneficios, hay evidencias de su despunte en las tareas que realizan y del goce de excelentes resultados laborales.

De cualquier manera, este es un desorden de personalidad que solo puede ser diagnosticado por psicólogos. Por eso, ante cualquier conducta exagerada o desacertada, hay que acudir a un especialista; su dictamen será el único válido.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye