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Publicado el 20 Noviembre, 2017 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Arte de envenenar

El florecer de las artes-ciencias, química y tóxicos es objeto de estudio, sugerencia de Roberto Guzmán, de Pinar del Río
Arte de envenenar.

Los venenos han sido usados con variados propósitos durante la existencia humana; armas, antisueros y medicamentos. (Foto: fineartamerica.com).

A cargo de YAMILA BERDAYE

El mundo del Renacimiento –amplio movimiento cultural de Europa occidental, durante los siglos XV-XVI–, fue bello, pero también brutal. Asesinatos y conjuras estaban a la orden del día y el veneno se convirtió en arma sofisticada.

El interés por pócimas y el cómo contrarrestarlas, no se circunscribió a magos, alquimistas o brujas. El primer libro de venenos del que se tiene noticia lo escribió un italiano, Pietro d’Abano, que vivió entre los años 1250-1316 y fue profesor de Medicina en la Universidad de Padua –de las más importantes de Italia–, se titulaba De remedis venenorum. Era una obra científica, detallada, en la que se clasificaban los tóxicos según su origen mineral, vegetal o animal y aclaraba también que se puede uno envenenar no solo consumiendo sustancias tóxicas, sino también a través del aire o la piel.

El libro gozó de mucha popularidad, tuvo 14 ediciones, muestra del interés por la materia. Es dato curioso que a pesar del autor ser profesor, la Iglesia no se fio y lo persiguió por mago.

En el año 1424, un monje, el maestro Santes de Ardoynis, escribe otro libro de venenos, en el que enumeraba los más habituales, con el propósito de referir asimismo sus efectos y recomendar antídotos. Aparecían citadas plantas venenosas como el acónito, el eléboro, la raíz de mandrágora o la adormidera, y sustancias como la cantaridina, que se obtiene del secado o pulverización de un insecto o elementos químicos como el arsénico, tóxico conocido desde tiempos remotos y que se encuentra en muchos minerales.

Del mismo modo, el famoso médico y alquimista renacentista Paracelso se ocuparía de la materia, ya que su forma de estudiar el cuerpo humano y practicar la medicina estaba basada en la química.

Entonces, al conocimiento científico se unió la actividad clandestina de un mundo en el que magia, alquimia y brujería jugaban un papel relevante. En estos ambientes circulaban pociones mágicas, muchas podían ser inofensivas, como los románticos filtros de amor que proporcionaban alcahuetas: La Celestina –obra renacentista–, y servían para desatar la pasión en los enamorados, tal y como refleja el texto del escritor español Fernando de Rojas.

Pero de ahí a elaborar bebedizos letales había solo un paso, y los expertos en estos conocimientos precursores de la química lo daban sin dudarlo, a voluntad de quienes les pagaran. Así que empezaron a surgir los preparados cada vez más rebuscados.

Arte de envenenar.

Se especula que la cantarella fue el veneno más utilizado.

Aseguran algunas fuentes, que la cumbre del arte de envenenar se logró –por entonces–, con la cantarella, una pócima que se obtenía cuando se mezclaba arsénico con vísceras de cerdo. Hay descripciones de su preparación muy desagradables: se sacrificaba un cerdo, se sacaban las entrañas, las rociaban con arsénico y se colocaban en una vasija de cobre durante 30 lunas y 30 soles, hasta la total putrefacción.

Luego se sacaba la masa podrida y se recogían los líquidos para que pasasen a la etapa de desecación y así lograr la cristalización o una especie de polvo blanquecino parecido al azúcar. Enseguida se guardaba en una cajita de metal, preferiblemente de oro, listo para consumo.

Se le consideraba veneno muy tóxico, que inducía la muerte en más o menos 24 horas, tras atroces tormentos. Fue utilizado como instrumento de asesinato o arma básica en intrigas familiares de ilustres dinastías como los Médici, Borja/Borgia, Orsini, Sforza y Barbarigo.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye