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Publicado el 29 Mayo, 2018 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Dormir siesta

Según el criterio científico este descanso es beneficioso, propuesta de Lourdes Gómez, de Artemisa
Dormir siesta.

Dormir siesta tiene efectos positivos. (Foto: crecerfeliz.es).

A cargo de YAMILA BERDAYE

Es costumbre de algunas personas dormir al mediodía, hábito o rutina saludable para cuerpo y mente. Explican médicos que si estás familiarizado con esta sensación de somnolencia que azota durante las primeras horas de la tarde, no es para preocuparse, todo lo contrario, es causa de una caída natural en el estado de alerta del organismo. Por ello, si te encuentras luchando contra el sueño al mediodía y estás en un lugar donde puedes tomar una siesta, lo juicioso es dormir.

Tomarse este tiempo aliviará la somnolencia casi de inmediato y mejorará el estado de alerta durante varias horas después de despertar. Dormimos en este lapso para ponernos al día con el sueño perdido o anticiparnos a la pérdida de sueño, para disfrutar, por aburrimiento o para pasar el tiempo. Es una actividad relativamente común, afirman especialistas; de hecho, aproximadamente el 50 por ciento de las personas dicen hacerla al menos una vez por semana.

Los especialistas indican que este sueñito mejora el funcionamiento cognitivo, los tiempos de reacción, memoria a corto plazo e incluso nuestro estado de ánimo. Pero, ¿cuánto debe durar una siesta? el tiempo va depender del que se tenga disponible. En términos generales se cree que cuanto más larga sea, se despertará mejor. Se experimentará un sueño profundo durante más o menos una hora seguido de uno ligero de media hora, despertarse durante el sueño ligero hará sentirse renovado, alerta, sin embargo, hacerlo durante la parte profunda devendrá lo contrario y si se dormita demasiado se pierde el sueño ligero y se hace probable entonces el advenimiento de sensaciones como lentitud y pesadez.

Opción eficaz: los descansos breves, de 10 a 15 minutos, son energéticos. Según un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan, que publicó un estudio en la revista Personality and Individual Differences, probablemente se deba tomar la siesta para ensanchar el estado de alerta.

También, otra investigación de la psiquiatra Sara Mednick de la Universidad de California en San Diego, EE.UU., descubrió que las personas que tomaban siestas REM (Fase de Sueño Profundo), son más creativas a la hora de resolver problemas.

Cuando estos reposos regulares se combinan con ejercicios moderados, pueden ayudar a mejorar y mantener la salud mental y física; particularmente en ancianos. Incluso se piensa que dormir 10 minutos puede reducir el estrés y relajar.

Una siesta puede ser como unas minivacaciones, porque restablece los niveles de estrés y nos pone prestos a resolver tareas. La buena noticia es que podemos obtener este beneficio incluso si no nos dormimos realmente, solo el acto de descansar y concentrarnos en nosotros mismos durante minutos alcanzará para reducir tensiones.

Diversos estudios están sugiriendo que las personas con dificultad para dormir pueden ser propensas a consumir o abusar de la cafeína. La privación del sueño también se ha relacionado con el aumento del consumo de alcohol, tal vez como una forma de aumentar la energía en situaciones sociales. Sin embargo, una siesta puede ayudar a mejorar la energía y reducir dependencia de estas bebidas.

De igual forma es incentivo para mermar amenazas de salud –según estudio publicado en la revista International Journal of Behavioral Medicine–, ayuda a la recuperación cardiovascular.

Entonces, a lo mejor adormilarse después de comer puede ganar adeptos. Una investigación publicada en la revista Neuron y llevada a cabo por la Universidad de Manchester, Inglaterra, demuestra que las neuronas que nos mantienen despiertos acaban desconectadas tras la comida, de ahí ese sopor que llega con la sobremesa. Se trata de las neuronas que producen la proteína llamada orexina, responsables del sueño y vigilia. La siesta es respuesta natural del organismo para recobrar bríos.

Pero asimismo se describe que este proceder reduce el riesgo de obesidad, existen varios estudios que determinan que la siesta nos ayuda a mantener un peso saludable. Un estudio de la Universidad de Navarra, España, que publica la revista Obesity Facts, concluye que dormir menos de cinco horas diarias aumenta el riesgo de obesidad; y si añadimos un tiempo de siesta, la tendencia a la gordura va en detrimento.

Hay otros beneficios comprobados, un estudio publicado en la revista Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, dice que un reposo de 30 minutos es capaz de restituir el impacto hormonal tras una noche de poco sueño, porque como muchos saberes atestiguan, dormir pocas horas impacta directo en nuestro sistema inmune y endrocrino. Así, un rato de descanso va a devolver los marcadores inmunológicos y neuroendocrinos a niveles normales.

Publica la revista Cerebral cortex que durante una siesta prolongada –de entre 45 y 90 minutos–, en la que da tiempo a entrar en sueño REM, se mejora el estado de arrojo, incluso devenimos más empáticos a la hora de evaluar las emociones de los demás, disminuye prejuicios negativos y aumenta la positividad, o sea, que mal humor y visión negativa pueden dispersarse.

También favorece la presión arterial, conclusión de otra investigación publicada en la revista The Journal of Human Hypertesion. Esta actividad reduce la presión sistólica y combate la hipertensión. Dormir 30 minutos –o menos– tras la comida, es útil en el aprendizaje y la memoria, según divulga la revista Neurobiology of Learning and Memory. El sueño ayuda a la concentración, a rendir más y por tanto mejora el aprendizaje.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye