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Publicado el 10 Julio, 2018 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Petofilia

¿En qué consiste?, propuesta de Alianet Moro, de Ciego de Ávila
 Petofilia.

Hay quien lleva la relación con su mascota a extremos enfermizos. (Foto: enfasiscomunicaciones.com).

A cargo de YAMILA BERDAYE

Las personas con un excesivo apego a los animales (mascotas) con consecuencias negativas para ellas o para quienes les rodean, sufren trastorno de petofilia.

Puede ser el caso –que se ve con mucha frecuencia– del vecino, conocido, que se le ha extraviado su perro o gato y ofrece una cantidad de dinero excesiva al que se lo encuentre y lo devuelva a su hogar, amén de que no olvidamos la relación intensa de amor incondicional por nuestras mascotas y de todo lo que somos capaces de hacer por ellas. Asimismo pasa con la cantidad de fotos y vídeos que inundan las redes sociales de gatitos, perros y otros animales, a veces alojados hasta en hoteles con menús característicos e incluso peluquería.

Los entendidos en el tema creen que quienes caen en la petofilia puede que anden algo decepcionados de sus congéneres y decidan refugiarse en ese amor ilimitado y sin problemas que solo pueden ofrecerles sus animales. En otras ocasiones, el vínculo se crea por la sensación de protección que proporcionan, por ejemplo, los perros.

El periodista norteamericano Jon Katz, uno de los expertos que más ha escrito sobre tal comportamiento, recuerda que, como cualquier lazo sentimental, el cariño a los animales pasa a ser un problema cuando se convierte en adicción. Lo que se evalúa a la hora de distinguir una relación insana o síntoma preocupante en sí no son las conductas concretas: gastar dinero necesario en ellos, tratarlos con cariño, consentirlos lo preciso. Nos hallamos ante un caso de petofilia si el afectado solo siente satisfacción cuando tiene contacto con seres irracionales y se aísla de su entorno, si limita completamente su forma de vivir o si el individuo enganchado a este vínculo anómalo quiere desligarse de él pero se siente incapaz de hacerlo.

Lo cierto es que es un trastorno que va en ascenso. Dicen los investigadores que tratar a un animal como si fuera una persona o un miembro humano de la familia puede llegar a rozar la paranoia. Por supuesto que no es malo ni patológico querer a un animal, atenderlo y mimarlo, pero convertirles en personas, vestirlos como muñecas o ponerles joyas puede resultar ridículo e innecesario.

No se debe olvidar que personificar la mascota es robarle su verdadera naturaleza y hasta faltarles el respeto.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye