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Publicado el 24 Septiembre, 2019 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

El tiempo está en el cerebro

Indagan por qué se cree que el tiempo pasa tan lento cuando estamos aburridos, sugerencia de Roberto Macías, de Villa Clara
El tiempo está en el cerebro.

El tiempo es relativo. Cuando nos aburrimos, pasa lento y si somos felices, es un suspiro. (Foto: juanpasquauguerrero.blogspot.com).

A cargo de YAMILA BERDAYE

Cuando esperamos algo, por ejemplo una cita amorosa, el tiempo parece ir de manera lenta. Sin embargo, tenemos la impresión de que, cuando la situación anhelada llega, las horas pasan como en un suspiro. Asimismo ocurre con la percepción del tiempo cuando vamos creciendo: en la niñez, el reloj parece muy lento, pero al decir de muchos, después de los 15 años de edad, se acelera. ¿Por qué la apreciación del tiempo cambia con el contexto, etapa de vida o incluso en algunas patologías como el parkinson?

Todas las muestras apuntan en la misma dirección, así lo explica una investigación publicada en la revista Science que marca como responsable a la dopamina, neurotransmisor implicado en el amor, la recompensa, la motivación y el movimiento, entre otras funciones.

Algunas hipótesis dejan en manos de esta sustancia la medida del tiempo subjetivo y psicológico, como el que se valora durante una espera. Se piensa que la capacidad de medir con precisión esos períodos depende de factores como motivación, atención y emociones.

Sin embargo, a diferencia de la visión o audición, el juicio sobre el tiempo no está ligado a ningún órgano de los sentidos. Pero su estimación es crucial para la supervivencia en todas las especies, desde un animal que busca comida en terreno abierto al asecho de sus depredadores hasta nuestra vida y las decisiones a tomar.

Se sospechaba que las neuronas que producen dopamina, localizadas en el cerebro medio o mesencéfalo, tenían un papel importante como reguladoras de este reloj interno, mas faltaba encontrar la relación directa entre las señales transmitidas por esas neuronas y el paso del tiempo. Para rellenar ese hueco, neurocientíficos del Centro Champalimaud para lo Desconocido (con sede en Lisboa) miraron la actividad de estas neuronas en ratones adiestrados con la finalidad de calcular si un intervalo entre dos señales acústicas era más corto o más largo que un segundo y medio. Por raro que parezca, después de meses de entrenamiento, los ratones eran muy competentes para estimarlo.

Paralelamente, se midió la actividad de las neuronas dopaminérgicas y vieron que su activación o inhibición transitoria podía frenar o acelerar la estimación del tiempo. Si las estimulaban para producir más dopamina los ratones tendían a subestimar el tiempo y si las silenciaban tendían a sobreestimarlo. “Esto, junto con las señales de origen natural que observamos en el experimento previo, demuestra que la actividad de estas neuronas es suficiente para alterar la percepción del paso del tiempo”, explican los investigadores.

¿Se puede inferir el resultado a los humanos? Declaran los estudiosos que es posible, pero el problema, advierten, es que lo observado en ratones “no puede decirse que sea una percepción, ya que los animales no pueden expresar lo que sentían”. Estos apuntan a dos hechos que podrían corroborarlo. El primero: “la capacidad de los jóvenes amantes, con su cerebro inundado de dopamina, para permanecer despiertos toda la noche hablando, sin notar el paso del tiempo”. Y el segundo: algo más científico, la estimación del tiempo mucho más lenta en las personas con parkinson, una enfermedad en la que hay un déficit precisamente de dopamina.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye