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Publicado el 17 Diciembre, 2019 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Tengo caprichos

Acerca del consumo en exceso de los conocidos antojos, pregunta Asiel Betancourt, de Artemisa
Tengo caprichos

Suprimir antojos no es imposible. (Foto: lavanguardia.com).

A cargo de YAMILA BERDAYE

Bajar de peso y dejar a un lado el antojo, puede que nos resulte difícil de alcanzar, pero no imposible. Salir y encontrar tentaciones de comidas se torna complicado a la hora de decidir lo que vamos a comer. Sin embargo, los investigadores que abordan el asunto creen que con el simple hecho de oler un alimento deseado durante al menos dos minutos se podría evitar el impulso de consumirlo, teniendo en cuenta, sobretodo, que hay algunos caprichos alimentarios poco saludables.

Conforme con un estudio de la Universidad del Sur de la Florida, publicado en el Journal of Research Marketing, oler una comida no sana golpea el circuito de recompensas del cerebro de manera similar a comerlo. Los estudiosos analizaron el fenómeno conocido como olor ambiental: una herramienta donde el olfato se usa para alentar o embullarnos a comprar un producto o consumar algún antojo.

Esta táctica es usada en restaurantes, tiendas, supermercados, hoteles, áreas e incluso aviones. Por ejemplo, varios establecimientos queman palos de canela y romero fresco para despertar el apetito de sus clientes.

Por su parte, el autor principal, Dipayan Biswas, profesor de Mercadotecnia, explicó: “El aroma ambiental puede ser una herramienta poderosa para resistir los antojos de alimentos indulgentes”.

Para los investigadores, la mayoría de las personas casi siempre elige comestibles con un alto contenido de grasas, azúcar, sal, porque resultan más sabrosos. Argumentan que en lugar de irnos por una opción saludable, que dará beneficios a largo plazo, se adopta el placer a corto plazo.

De esta manera se cree que el sistema olfativo y gustativo de nuestros cuerpos se superpone en la forma en que se activa el circuito de recompensas del cerebro, el sentido del olfato puede desempeñar un papel importante en esta elección.

Para comprobar la hipótesis se realizaron varias pruebas a un grupo de personas utilizando un nebulizador de aroma, que desprendía por separado el olor de los alimentos saludables y no saludables.

Se comprobó que los participantes expuestos al olor –por ejemplo– de galletas durante menos de 30 segundos tenían más probabilidades de querer una. Pero aquellos expuestos durante más de dos minutos, no mostraron mayor deseo por la galleta que por las frutas, y mayoritariamente, escogieron estas en su lugar. Los resultados fueron los mismos con el olor de la pizza y las manzanas.

De esta manera, concluyen diciendo que los alimentos más saludables no emiten un aroma ambiental tan intenso como otros, por lo general no están relacionados con la recompensa. Pero, en cualquier caso, lo más importante es no olvidar que todo tiene que ir con moderación y nada en excesos.


Yamila Berdaye

 
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