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Publicado el 28 Julio, 2020 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Belleza con historia

Sobre la cambiante tradición del ideal estético, se interesa Laura Estrada, de Mayabeque
Belleza con historia.

Nefertiti ha sido considerada la mujer más hermosa del Antiguo Egipto. (Foto: historia-biografia.com)

Una antigua sentencia anónima referida en diferentes fuentes asegura: “¡Hay un color que embellece sobremanera a las mujeres: el rojo del pudor!”. No le ha faltado cierta veracidad, aunque tampoco fue tomada siempre al pie de la letra por las féminas enteradas del precepto. En realidad el cuidado y la imagen del cuerpo de mujeres y hombres se ha mantenido a lo largo de la historia de la humanidad con cánones diferentes, según la estética y la mentalidad del momento en las diferentes culturas, pero casi siempre con el propósito de mostrar belleza, para sí y ante los demás.

Se cuenta que la emperatriz romana Popea, esposa de Nerón, movilizaba cada mañana alrededor de 100 esclavos para que la ayudaran en su extremadamente complicado aseo personal, y cada uno tenía encomendada una labor, entre ellas, la de aplicarle sobre el rostro una mascarilla inventada por la propia gran señora, que incluía ingredientes tales como harina de centeno, hojas de verbena, miel y leche de burra. Se le limpiaban, raspaban y friccionaban todos los orificios del cuerpo, se perfumaba su aliento con perejil y se le disimulaban con lunares pintados los granos y verrugas. Al menos esto fue lo que dejaron documentado sus contemporáneos, tal vez desde la censura, la admiración o la envidia y sin consultar el testimonio de la aludida.

Belleza con historia.

Cleopatra marcó su época como reina de belleza. (Foto: steemit.com).

Desde los tiempos más remotos, moldear el cuerpo ha constituido una obsesión. Los gimnasios –y más recientemente los quirófanos– han sido parte de la búsqueda de una pretendida perfección.

Las primeras manifestaciones estéticas que desde el lejano pasado han llegado hasta nuestros días son las venus prehistóricas, figuras de damas rollizas con caderas y pechos voluptuosos. Y hay evidencias de que en el Antiguo Egipto existió una notable preocupación por el cuidado de la figura en vida y también después de la muerte. Nefertiti y Cleopatra fueron de las grandes bellezas de aquellos tiempos. Enfatizan las fuentes que el culto al cuerpo comenzaba cada día –para hombres y mujeres– por un baño perfumado y una exfoliación –tratamiento cosmético para eliminar células muertas de la piel– con una pasta hecha de cenizas y tierras. Ellas buscaban una imagen esbelta, labios carnosos y senos firmes; ellos, espaldas anchas, ojos grades y cintura fina. Los dos sexos tenían en común el gusto por el pelo negro, cortado en línea recta a la altura de las cejas y de los hombros. También poseían preferencia por las pelucas, hechas con hilos de seda y adornadas con cintas de oro.

El esplendor que exaltó la belleza egipcia resultó más discreto en la Grecia clásica. Se sabe que las griegas de aquella época vivían tejiendo y ocupadas de las labores del hogar, tenían la tez blanca y solo podían mostrarse maquilladas en sus habitaciones. Se buscaba entonces una armonía entre cuerpo y mente, lo artificial cedía el paso ante lo natural. Las proporciones perfectas del cuerpo solo se alcanzaban con la gimnasia, regla que se cumplía sin objeción alguna.

Mientras el concepto de perfección masculina apenas ha cambiado –torso esbelto, piernas firmes, espaldas anchas–, en las mujeres ha sido muy versátil. Por ejemplo, en la rigurosidad de la Edad Media la belleza y el maquillaje llegaron a convertirse en símbolo de lujuria y prostitución.

Belleza con historia.

El David, de Miguel Ángel, representa los ideales renacentistas de belleza masculina. (Foto: muyinteresante.es).

El cuidado de la figura vuelve a resurgir en los siglos del XI al XIII y durante el Renacimiento (XV-XVI), Italia se convierte en referente estético. De ello dejó constancia la escultura de mármol blanco, con 5.17 metros de altura, el David, de Miguel Ángel Buonarroti, arquitecto, escultor y pintor italiano de este período y uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. También Alberto Durero, famoso artista del Renacimiento alemán, y el pintor italiano Leonardo da Vinci, establecieron reglas y diagramas para la figura ideal. Cuando Catalina de Médici (1519-1589) alcanza el reinado de Francia se rodeó de especialistas en perfumes, y se le atribuye haber convertido a París en el centro europeo de la moda y la estética.

Con el paso de los años, la higiene personal fue tomando también importancia, y las duchas diarias se pusieron de moda, dejando atrás perniciosas creencias como la permeabilidad de la piel y que el cuerpo mojado era susceptible de contraer enfermedades. Llegaron de vuelta las mujeres rollizas con cintura fina y el pelo espeso. La gordura se hizo sinónimo de holgura económica y de buena salud. Pero cuando la obesidad comenzó a causar estragos, ganaron protagonismo las dietas y recomendaciones para la alimentación saludable. Por los años 50 del siglo pasado, tener una figura delgada volvía a ser novedad y lindura; incluso se llegó a extremos tales que hicieron aparecer enfermedades peligrosas como la anorexia.

Belleza con historia.

En la Grecia clásica, Apolo encarnaba el ideal de belleza varonil. (Foto: muyinteresante.es)

El culto al cuerpo y la belleza de los humanos no parece haber tenido límites. Y por supuesto que nuestro tiempo tampoco escapa a tales exigencias. En aras de alcanzar la plenitud y el ideal de hermosura deseado, desde edades tempranas, y más tarde tratando de evadir el inevitable envejecimiento, las personas lidian, a veces obsesivamente, con nociones, acertadas o equivocadas, sobre alimentación saludable y equilibrada, ejercicios físicos, e incluso se llega al uso de drogas, cirugía plástica a veces riesgosa, implantes de silicona y colágeno; se llevan maquillajes, tintes para el pelo, tatuajes y modas de todo tipo al gusto, para hacer que cualquier cambio apetecible les sea permitido.

Sin prejuicios ni actitudes excluyentes, lo más sensatamente deseable debiera ser que primara siempre la racionalidad y el sentido común, para armonizar la cultura, y la buena salud física y mental, con la belleza propia de cada individuo, y edad.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye