0
Publicado el 22 Septiembre, 2020 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Del cero y la alquimia

Sobre lejanos antecedentes de las matemáticas y la química se interesa Maricela Hernández, de Matanzas
La alquimia no logró su objetivo de fabricar oro en barras.

Al-Juarismi es considerado el padre del álgebra y el introductor de nuestro sistema de numeración. (Foto: historia.bipografia.com).

A cargo de YAMILA BERDAYE

Quien haya intentado alguna vez realizar una operación aritmética con números romanos –porque nunca falta alguien con ocurrencias raras–, seguramente descubriría por sí mismo la ventaja de emplear los caracteres arábigos que desde hace mucho tiempo usamos en las matemáticas.

Se asegura que tienen su origen en la enorme cultura india, adoptada por los calculistas de las universidades europeas en el siglo XIII, y utilizada en los medios mercantiles y administrativos de la época, hasta llegar a alcanzar gran popularidad.

Según las fuentes consultadas, resulta difícil saber con exactitud lo que hubo de original en las matemáticas europeas medievales, puesto que los tratados más antiguos se perdieron, y otros solo se conocen por su traducción latina.

Pero sí es seguro que números, palabras y conceptos tales como cifra, cero, álgebra o algoritmo, proceden de antiguos estudios árabes. Se cree que Abu Abdallah Muhammad ibn Musa al-Jwarizmi, conocido como Al-Juarismi, matemático, astrónomo y geógrafo persa, musulmán chii, quien vivió aproximadamente entre 780 y 850 –apogeo de la ciencia árabe–, fue el primero en utilizar la cifra cero con valor posicional, lo que significó un paso gigantesco para esta ciencia.

También se le atribuyen a este sabio operaciones esenciales como la regla de tres y el sistema de extracción de raíces cuadradas. Su obra principal, Hisāb al-ŷabr wa’l muqābala –que se tradujo al latín en el siglo XII–, es un tratado sobre integración y ecuaciones, un conjunto de reglas y fórmulas esenciales.

Se reconoce, además, que todo lo descubierto en esa materia por la ciencia árabe medieval fue de gran valor, como por ejemplo el reparto proporcional de una suma de dinero, estimar la superficie de un sembrado, calcular el volumen de un silo o decorar una pared. Así, de su evolucionada geometría y el desarrollo de conceptos trigonométricos fue que brotaron las impresionantes decoraciones de las mezquitas y palacios de los sultanes.

Desde la alquimia

La alquimia no logró su objetivo de fabricar oro en barras.

Retrato de Jabir ibn Hayyan, del siglo XV. (Foto: Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia).

Refieren fuentes autorizadas que la gran mayoría de los descubrimientos químicos en la Edad Media se originaron en la alquimia, una antigua disciplina filosófica y práctica protocientífica que combinaba elementos de química, metalurgia, física, medicina, astrología, semiótica, misticismo, espiritualismo y arte.

La alquimia, de origen árabe, fue practicada en gran parte del mundo antiguo: Mesopotamia, Egipto, Persia, India, China, Grecia, los imperios romano e islámico y después en Europa hasta el siglo XIX, en una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos que abarcaron unos dos mil 500 años. Históricamente es considerada como un importante conocimiento, sin el cual no hubiera sido posible el surgimiento de la ciencia química.

A los alquimistas se les consideraba incansables trabajadores –mezcla de místico y científico– consagrados a lograr la transformación de los metales en oro. A Jabir Ibn Hayyan, conocido también como Geber (721-815), se le atribuye el cambio del significado de la alquimia y la paternidad de la química, por haber sido el primero en haberla estudiado de forma científica.

Él comprendió y fundamentó la importancia de la experimentación: “[…] La primera cosa esencial en la química es que se deben llevar a cabo trabajos aplicados y experimentos, ya que aquel que no los realiza jamás alcanzará los más altos grados del conocimiento […]”.

Sus trabajos constituyeron avances significativos, tanto en el plano teórico, como en la experimentación, y sus libros influyeron notablemente en los alquimistas europeos. Se acredita a su ingenio la creación de un gran número de instrumentos de laboratorio, así como el descubrimiento de diversas sustancias químicas, como el ácido clorhídrico, nítrico y sulfúrico.

La alquimia jamás consiguió su objetivo de fabricar oro en barras, pero sí logró, por intermedio de sus manipulaciones, realizar importantes descubrimientos. Ellos fueron: las tablas de pesos específicos bien medidos, mejoras en el mecanismo de las balanzas, nuevas tinturas y ácidos.

Atentos siempre a la utilidad de las ciencias, los árabes se hicieron expertos en sacarles provecho. También se afirma que, por medio del peso específico, podían distinguir, por ejemplo, entre la leche de cabra y de vaca, el aceite de sésamo y el de oliva o incluso las perlas del golfo Pérsico y las del mar Rojo. Fabricaron y refinaron azúcar de caña a partir de procesos traídos de la India.

Usaron el alambique como destilador para producir alcohol, el cual emplearon como propulsor volátil de los perfumes, a los que, por cierto, eran aficionados. Igualmente producían en grandes cantidades y variedades jabones para los baños.

De modo que cuando hacemos algo tan comúnmente necesario como multiplicar por 10, o lavarnos las manos, debemos agradecerles a aquellos esforzados precursores árabes de las matemáticas y la química.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye