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Publicado el 31 Agosto, 2021 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Decapitar a la Reina

Sobre las instrucciones de Enrique VIII para matar a su segunda esposa, trata la propuesta que nos hace Hildelisa Romero, de La Habana
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reina Ana Bolena

La reina Ana Bolena fue decapitada, después de ser acusada de infidelidad. Foto: abc.es

A cargo de YAMILA BERDAYE

Estudios científicos y especializados explican que en una página del libro de órdenes de Enrique VIII –rey de Inglaterra y señor de Irlanda hasta su muerte, Casa Tudor o dinastía Tudor, que gobernó el reino de Inglaterra desde el año 1485 hasta 1603–, se describe cómo quería que fuera ejecutada Ana Bolena, reina consorte de Inglaterra.

Con 29 años de edad se acusó a Ana de adulterio y su esposo la condenó a muerte; o sea, la pena máxima: decapitación inmediata en la Torre de Londres. El 19 de mayo del año 1536, al interior de la Torre Verde donde eran ejecutados criminales y traidores de la corona inglesa habría de morir la reina, por una falsa denuncia y en manos de un verdugo francés, después de tres años de matrimonio con el monarca absoluto de Inglaterra. Ella, custodiada por dos guardias, tendría que transitar un patio abarrotado de una multitud de espectadores para llegar a su destino final.

Se describe que su semblante emanaba calma mientras subía al cadalso, no parecía que esta fuera la primera vez que una reina inglesa se ejecutara en público. Moriría por una acusación frontal de infidelidad, emitida de manera directa por su marido. El aparato burocrático de los Tudor permitió que el proceder fuera sencillo: el rey dio la orden y los demás obedecieron.

Este juicio histórico ha sido ampliamente documentado a lo largo de la historia. Sin embargo, recientemente se descubrió un documento que contiene información importante sobre este suceso de la historia británica. En los libros de las órdenes judiciales de los Tudor se encontró un capítulo en que el rey describe con detalle minucioso cómo quería que su segunda esposa fuera decapitada.

Antes de que el verdugo de Ana Bolena le diera el acertado golpe en la yugular, la monarca pronuncio: “No he venido aquí para acusar a nadie, sino que rezo a Dios para que salve a mi rey soberano y al de ustedes, y le dé mucho tiempo para reinar, pues es uno de los mejores príncipes en el mundo, quien siempre me trató tan bien que no podía ser mejor. Por lo tanto, me someto a la muerte con buena voluntad, pidiendo humildemente el perdón de todo el mundo”.

La ejecución de la esposa de Enrique VIII no fue la única que aconteció relacionada con el supuesto adulterio. El rey tuvo que organizar una serie de ejecuciones programadas, pues había varios implicados y acusados, entre ellos su hermano, detalles que describe el documento recién hallado en el Archivo Nacional.

El monarca quería dejar registros acerca de la necesidad de establecer un protocolo implacable de cómo ejecutar a una reina inglesa. Así, el aparato burocrático podría fluir con una especie de receta para saber qué hacer y cómo llevarlo a vías de hecho. Pareciera que su propósito era que se cumpliera con todo de la manera más oficial posible.

Originalmente la intención de Enrique VIII era que su mujer ardiera en madera verde –una de las muertes más dolorosas y lentas que se registran–; sin embargo para, quizá mostrar benevolencia, hizo traer a un verdugo francés de modo que el proceder fuera rápido.

El modo francés de decapitación consistía en dar un único golpe de espada al cuello de la víctima, sin apoyar la cabeza; por eso para Ana se ordenó traer al verdugo más hábil de Calais, Francia, de modo que se garantizaba un golpe certero y limpio.

Entonces frente al mirar de muchas personas, Bolena, la monarca, perdió la vida.

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Yamila Berdaye

 
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