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Publicado el 27 Marzo, 2017 por ACN en Medio ambiente
 
 

La Isleta, un exclusivo paraje de la naturaleza

L Isleta en Bahía Nuevas Grandes

http://iriscuba.blogspot.com

Roger Aguilera

  Áreas boscosas, en permanente armonía con manglares y matorrales costeros, identifican a La Isleta, uno de los ecosistemas de bahías mejor protegidos en el archipiélago  cubano.

   El enclave está ubicado en Bahía Nuevas Grandes, en el norteño municipio de Manatí, provincia de Las Tunas, y muy cerca — unos 12 kilómetros– del balneario Playa Santa Lucía, en el territorio camagüeyano.

   Son varios los valores de esta área protegida, perteneciente  a la Empresa Nacional para la Protección a la Flora y la Fauna, pero lo más significativo es  la labor que protagonizan  especialistas y guardabosques  en pos de preservar los diferentes atributos naturales: playas, arrecifes, dunas costeras, paisajes y suelos.

    En los más de siete kilómetros cuadrados de La Isleta se trabaja para garantizar una educación ambiental  con la población, con el objetivo de continuar disminuyendo las acciones de caza, pesca y la tala de árboles, como parte del programa de manejo integral de la zona.

   Para cumplir con los objetivos propuestos para su conservación, la entrada a este sitio natural está vedada para foráneos tanto cubanos como extranjeros.

  Cinco formaciones de  vegetales diferentes y una de humedales, coexisten en sus tres mil 500 hectáreas de superficie marina y cuatro mil 300 terrestres.  Conviven plantas como el ácana, manajú y ébano, en armonía  con cocodrilos, manatíes, aves y crustáceos.

   Una importante extensión de lagunas interiores y marismas, y un ecosistema de barreras coralinas, con alto nivel de conservación, también identifican a La Isleta, donde en total se han identificado más de 300 especies de plantas, de ellas 25 endémicas de Cuba y 13 florísticas amenazadas de extinción.

   Entre ellas figura  el romerillo de costa, al que especialistas de Las Tunas consideran el gran tesoro de la Isleta, por no haber referencia bibliográfica de que exista en otro lugar del planeta. Y, además, por sus características botánicas en 1958 fue declarada planta de interés para la ciencia.

  En 1997 el investigador Raúl Verdecia descubrió la existencia del romerillo de costa en el lugar. Desde entonces el hombre le mantiene a esta planta un régimen de protección especial, pues esa área es un sitio muy favorable para su reproducción.

   Y en cuanto a la fauna, además de una amplia variedad de peces, allí se han inventariado 67 especies de aves terrestres y 51 acuáticas; 20 de reptiles; cuatro de anfibios y varias de mamíferos.

   Pero es el Manatí, también en peligro de extinción, el más preciado por ser el que le da el nombre al municipio y por su importancia para mantener los signos  vitales del medio ambiente.    ( ACN)


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