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Publicado el 16 Marzo, 2017 por Igor Guilarte Fong en Medio ambiente
 
 

PAISAJES DE CUBA

Una Gran Piedra bajo los zapatos

La singularidad geológica panorámica que regala al visitante, hacen que una maravilla de la naturaleza criolla trascienda épocas y fronteras

Una gran piedra bajo los zapatos.Por IGOR GUILARTE FONG

Fotos: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA

En Santiago de Cuba existe uno de esos monumentos extraordinarios con que natura dotó a la mayor de las Antillas. Se conoce con el nombre de Gran Piedra y es un enorme peñasco que pareciera disfrutar de un letargo sin fin a 1 225 metros sobre el nivel del mar, en la cumbre de una puntiaguda montaña.

Pudiera afirmarse que esta piedra vale lo que pesa: unas 63 000 toneladas (más que cualquier buque mercante moderno); mide 51 metros de largo y 30 de ancho (aproximadamente dos canchas de baloncesto), 26 de alto y caben de pie sobre ella decenas de personas. Se lleva el tercer puesto en el podio mundial de rocas gigantes incluido en el libro de los Récords Guinness.

Asimismo esta montaña casi mágica, pródiga en evocaciones y que desciende en extenso valle hasta lavar sus faldas en el mar Caribe, fue refugio de la emigración francesa empujada desde Haití por la primera revolución latinoamericana. Dedicados a la plantación cafetalera, esos colonos fundaron verdaderos arquetipos de la arquitectura vernácula e industrial de la época colonial, cuyos vestigios pertenecen desde el año 2000 a la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Una gran piedra bajo los zapatos.

Acercarse a la roca es un juego mágico: se ve cada vez más grande e inaccesible.

Cómo llegó a esa altura

Colosal, como la piedra misma, es el enigma de su origen. Para todo el que la ve es inevitable cuestionarse cómo pudo llegar pedrusco de tales dimensiones a altura semejante. Nadie lo sabe con certeza, y lo mismo que la existencia de la Atlántida, la creación de los moáis en la Isla de Pascua y la primacía entre el huevo o la gallina, la respuesta sigue perdida en los feudos del misterio.

Una teoría plantea que se trata de un meteorito caprichosamente posado en la punta de la montaña, millones de años atrás. No faltan quienes manejan la versión más insólita de que es obra extraterrestre. Pero la explicación más aceptada y probable es la asociada a la remota explosión de un volcán submarino.

Según la investigación llevada a cabo en los años 1983-1985 por expertos cubanos y rusos, basada en estudios estructurales, geofísicos, geoquímicos y estratigráficos del área, la descomunal roca es una ignimbrita, producto del último episodio volcánico del archipiélago, ocurrido en el Paleógeno y que cesó hace 50 millones de años, coincidente con la secuencia de formación de las minas de El Cobre que con fuerza descomunal lanzó fragmentos de tobas en estado semifundido. Luego, la erosión natural haría de las suyas para modelar su relieve de talla XXL. Tanto asombra por eso como por su masa resistente al viento, la lluvia, y otros eventos meteorológicos.

Para subir se necesita

Llegar a los confines de la Gran Piedra requiere mucho entusiasmo y esfuerzo. Lo primero es recorrer los 14 kilómetros que van desde la carretera Santiago-Siboney hasta la villa donde nace la escalera que conduce directo al bloque. La vía de acceso hasta esa base es notablemente empinada, con cerradas curvas, todo un reto para cualquier vehículo.

¿Allá… qué se ve allá? Desde su altura, unos buscan siluetas de islas en lontananza, otros conjugan el deleite de la vista con la meditación sosegada.

Se lamenta que aún no se cuente con un transporte público funcional que apoye el tráfico seguro de excursionistas nacionales e incluso de los pobladores de esa serranía. Los que más suben son carros de turismo, camiones del aserradero y taxis particulares que cobran cifras no muy módicas para el bolsillo común. ¡Ah!, y una vez al año, los ciclistas que compiten por uno de los premios de montaña en el llamado Clásico Guantánamo-Habana.

En pos del ascenso no faltan los que piden “botella”, mientras los más osados prueban su resistencia física al vencer el trayecto completo a pie, modalidad más popular entre los más jóvenes. A lo largo de la travesía se disfruta del ambiente boscoso, de la neblina que refresca el rostro, de manantiales taciturnos donde calmar la sed, y el regalo en algunos tramos de la visión del litoral lejano. Casi llegando arriba se halla el Jardín Botánico, donde cultivan plantas exclusivas como el ave del paraíso, dalias y magnolias.

La floresta de la Gran Piedra está compuesta por variedades de helechos, orquídeas, mariposas, eucaliptos, pinos, cipreses… y frutales, entre los que figuran –por increíble que parezca– manzanas, fresas y melocotones gracias al microclima del entorno. La fauna es otro atractivo, sobre todo por la belleza y diversidad de carpinteros, zorzales, gavilanes, torcazas, mayitos, cartacubas y tocororos.

Para el ascenso definitivo a la piedra es ineludible remontar 452 escalones. En realidad no hay que temer, la escalera no es la más complicada, e incluso se puede tomar un aire en tres descansos diseñados para tal fin. La cortina de nubes, el suelo tapizado de musgos y el sigilo del pasadizo cobijado por tupida vegetación, otorgan un halo de misterio previo al encuentro cara a cara con la mole. Allí la naturaleza hechiza al convidado.

Destino turístico

La Gran Piedra representa el punto prominente del sistema montañoso que circunda a Santiago de Cuba y destaca como uno de los máximos atractivos del Gran Parque Nacional Sierra Maestra. Por su elevada ubicación constituye un mirador natural, desde donde se accede a una magnífica perspectiva. En dirección sureste pueden verse las comunidades costeras y playas de la Reserva de la Biosfera Baconao, mientras hacia la derecha se divisa el manchón urbano. Aún hay quienes aseguran que en noches claras se alcanza a vislumbrar los resplandores de Jamaica.

A su lado se ubica el radar meteorológico de igual nombre, uno de los más antiguos del país y de utilidad en el monitoreo de huracanes. Cuando el Sandy y el Matthew, los de más reciente azote en esta zona, se puso a prueba. También en las proximidades se localiza el conjunto de ruinas de casas señoriales, caminos, secaderos, acueductos, tumbas, huella de la presencia franco-haitiana en esos lomeríos en los inicios del siglo XIX. Recreación de aquellos tiempos es el Museo La Isabelica, único de su tipo en el Caribe, situado a poco más de dos kilómetros en una antigua hacienda donde hace unos años fue colocada la placa que identifica como patrimonio mundial al paisaje arqueológico de las primeras plantaciones de café en el sudeste de Cuba.

Por sus particularidades geomorfológicas, ecológicas, climatológicas, patrimoniales y paisajísticas, el paraje deviene sitio ideal para practicar el turismo de aventura y naturaleza. Para los amantes de esa opción recreativa se alza allí el hotel Gran Piedra, de la cadena Islazul, que dispone de 27 habitaciones recientemente remozadas en correspondencia con su estándar de calidad, e incluye programas de senderismo, montañismo, entre otras bondades.

Llegar a la cima del citado monte siempre será una aventura entretenida, un viaje del que se regresa con no pocas anécdotas. Conquistar la enigmática roca da la sensación, por pasajera que sea, de estar en el cielo; y cuando menos, la idea de tener una Gran Piedra bajo los zapatos.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong