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Publicado el 26 Junio, 2017 por ACN en Medio ambiente
 
 

Prisa en los montes que llegan las moscas sanjuaneras

La oralidad rural recuerda cada año que: “ al pinchón que se atrasa en el vuelo, se lo come la mosca de San Juan”

Pichones de zunzún. Foto: Alberto Borrego /ventanadecuba2.bloguea.cu

Marta Hernández

Santa Clara, 25 jun (ACN) Con prisa andan las aves por los montes cubanos en la difícil tarea de estimular a sus crías para que inicien los primeros vuelos antes de que concluya junio, porque la permanencia posterior del animal en el nido puede ser fatal.

Los cuidadores de los bosques y expertos en la avifauna, registran las oquedades donde nacen los polluelos, sobre todo los de las especies amenazadas de extinción, para asegurar que estén listos y salgan de los orificios en el tiempo establecido.

En ocasiones los extraen manualmente y emplean técnicas de crianza artificial, por medio de las cuales garantizan al pollo su maduración y el desarrollo necesario para reincorporarlo a la vida montuna.

La oralidad rural recuerda cada año que: “ al pinchón que se atrasa en el vuelo, se lo come la mosca de San Juan”.

Los científicos validan la creencia popular cuando explican que la humedad provocada por las lluvias de la primavera y el incremento de las temperaturas en el sexto mes del año logran las condiciones ideales para la reproducción de varios insectos, entre ellos la mosca Blanca.

Por cálidos y oscuros, los nidos son lugares preferidos por esos pequeños animales, que ponen sus huevos cerca del orificio anal del pajarito, y al eclosionar las pupas se alimentan del tejido circundante las que causan infecciones secundarias que provocan la muerte.

De ahí la importancia de que los pichones no estén dentro de los nidos a la llegada de las moscas sanjuaneras.

Esos dípteros son nombrados así con motivo de la festividad religiosa de San Juan, el 24 de junio, muy común en el mundo hispano.

Por estos días se aprecian en los bosques los rituales de aprendizaje de las aves, considerados hermosos aún por los más excépticos.

Los padres se colocan en las ramas de los árboles y llaman a las crías con chillidos y graznidos.

Cuando el novato abandona el tronco e intenta elevarse, siempre uno de los progenitores se mantiene por debajo para impedir que caiga y se dañe.

Esta sistematicidad y dedicación extrema permite que paulatinamente los bisoños se alejen más de los árboles. Así fortalecen poco a poco sus alas y logran la independencia deseada.

Una vez aptos para remontar los cielos comienza entonces otra etapa importante en la vida de la avifauna, crear los bandos en los cuales terminarán de crecer.

Al cabo del tiempo, cuando lleguen a la madurez sexual buscarán sus parejas para reproducirse y continuar el ciclo de la vida silvestre.

En Cuba existen cursos de instrucción popular para educar a las personas en el cuidado y protección de las aves, por la importancia que tienen en la estabilidad de la vida animal, vegetal y humana.

En la Isla existen 369 especies de aves registradas, de ellas 28 son endémicas, entre las que figuran el Tocororo, la Cotorra Cubana, la Pedorrera, Zunzuncito, Sijú Platanero, Tomeguín del Pinar, Pechero y la Paloma perdiz.


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