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Publicado el 1 Agosto, 2017 por Jessica Castro Burunate en Medio ambiente
 
 

El futuro reflejo de La Habana

A fuerza de limpieza, la bahía capitalina, la más contaminada del país, busca el mayor cambio de funcionalidad de su historia con un uso mayormente turístico y recreativo

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Nunca había cruzado el mar; siendo de tierra adentro, bien adentro, casi le aterraba la idea. Pero esa es una de las cosas de La Habana: siempre te empuja hacia allí. No conoces verdaderamente la ciudad hasta que no atraviesas la bahía.

Sin embargo, con todo el peso de su historia y su alto valor económico y cultural, la rada capitalina es hoy la más contaminada de Cuba. En medio de un proceso de cambio de funcionalidad que busca explotar al máximo su atractivo, devolver la claridad a sus aguas es algo más que una cuestión ambiental.

Como en muchos otros casos, fue precisamente el desarrollo y crecimiento imprevisto de la urbe que la colinda, la causa principal de su infortunio. Contrario a la creencia popular, no son las industrias –sin dejar de ser parte muy importante del problema– la mayor fuente de contaminación, sino los desechos del sector doméstico, casi 90 por ciento de la misma.

El origen de la actual situación parece rastrearse hasta el sistema de alcantarillado, que ya celebró su primer centenario y desde hace varias décadas es explotado por casi el doble de la población para la que fue pensado, más un grupo de industrias.

Ante esta sobresaturación se hizo necesario conectar las aguas residuales a los drenajes pluviales, explica Aian Torres, director adjunto de Grupo Estatal Bahía de La Habana, lo que nos trae al momento presente.

En el año 2003, el Grupo Estatal Bahía de La Habana realizó un estudio con expertos japoneses para determinar la fórmula de resolución más factible. La principal estrategia resultó ser la construcción de un grupo de plantas de tratamiento a las que se conectarían las conductoras que trasladan las aguas residuales.

Probablemente la más icónica de estas obras, por su envergadura y tiempo de construcción, sea la planta de tratamiento de Luyanó. Esperada con gran expectativa durante más de un quinquenio, finalmente deberá poner en marcha su primer módulo antes de que concluya el verano. A partir de este momento debe reducirse en 30 por ciento la carga contaminante del río homónimo, el que más incide actualmente en los niveles de polución de la bahía. Con tecnología de tratamiento biológico, su complejidad radica en la cantidad de agua que procesa: 200 litros por segundo.

Paralelamente se desarrolla un proceso inversionista con la colaboración de la Agencia de Cooperación para el Desarrollo de España, a fin de construir plantas de tratamiento –en su mayoría de pequeño tamaño– en la parte alta de la cuenca de la bahía de La Habana. De este conjunto solo está finalizada la de Mantilla, en el municipio de Arroyo Naranjo. Mientras, se encuentran en proceso La Prosperidad y San Matías, y se proyecta para 2019 la planta de Monterrey, estas tres en el municipio de San Miguel del Padrón.

Con estas se espera una reducción de aproximadamente otro 10 por ciento de la carga contaminante. El proceso que apenas comienza aún debe definir entre sus estrategias si resultan más factibles las pequeñas pero operativas plantas, a las megaconstrucciones que pueden volver eterno el proceso.

Deberán a su vez, indica la lógica, estructurarse para que respondan como un sistema plenamente integrado dentro de la red urbana.

Los grandes contaminadores

Tradicionalmente el desarrollo urbano e industrial se ha ubicado cerca de las fuentes de agua. En la actualidad, las industrias que no disponen de las más modernas tecnologías para reducir el impacto ambiental se ven obligadas a tomar medidas más drásticas, como puede ser su traslado a locaciones menos perniciosas.

Los niveles de contaminación, uno de los mayores problemas ambientales de la urbe, también pueden resultar un impedimento económico. (Foto: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

Los niveles de contaminación, uno de los mayores problemas ambientales de la urbe, también pueden resultar un impedimento económico. (Foto: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA)

En La Habana, solo unas pocas de las que aportaban materia inorgánica, como la termoeléctrica Otto Parellada, sobrevivieron al traslado. Sin embargo, el más grande complejo contaminador, la refinería de petróleo Ñico López, permanece en su sitio. Hace apenas un año esta industria era responsable de casi 30 por ciento de la contaminación de la bahía; promisoriamente sus emisiones se redujeron a la mitad mediante un fuerte programa de recuperación de tanques y de limpieza de su principal sistema de tratamiento.

Sin embargo, a pesar de los resultados, esta parece ser otra historia de Sísifo. La tan necesaria renovación tecnológica sigue siendo un asunto pendiente para gran parte de las industrias cubanas, cuando la respuesta pudiera estar en casa.

Para Torres, sería un impulso determinante consolidar el vínculo, tantas veces mencionado, entre empresas y universidades. De esta forma se aprovecharían los recursos humanos preparados para dar solución a la planta de tratamiento que requiere cada industria, según las particularidades de sus procesos productivos.

“Otro de los problemas es que en muchos casos no hay espacio para construir estas plantas, por lo que tienen que ser compactas. Evidentemente hay soluciones que –reitera Torres– tal vez necesiten la consulta de expertos extranjeros, pero también hay muchas capacidades instaladas en Cuba que es necesario aprovechar”.

La primera barrera natural

La ensenada de Tiscornia, en el municipio de Regla, es una de las pocas áreas naturales con las que cuenta la ciudad. Ubicada en el interior de la bahía, constituye la primera barrera contra las inundaciones; también es el reducto de manglar más deteriorado de la Isla. La crítica situación que presenta esta área es apenas un reflejo del escenario que la rodea.

La tan espera planta de tratamiento de residuales de Luyanó tendrá una capacidad de procesamiento de 200 litros por segundo. (Foto: ACN)

La tan espera planta de tratamiento de residuales de Luyanó tendrá una capacidad de procesamiento de 200 litros por segundo. (Foto: ACN)

Desde 2011 ese ecosistema vio reducida su área boscosa en 98.6 por ciento. El diagnóstico realizado detectó varios parámetros por encima de la norma, entre estos los niveles de cloruro, metales pesados y el total de sólidos disueltos, así como la pérdida del servicio de biofiltración. No obstante, aún conserva una diversidad de especies silvestres, entre aves y mariposas, que devuelve la esperanza a los investigadores ocupados en su rehabilitación desde que fue declarada área protegida en el año 2016.

Dicho proceso hoy se encuentra en la fase de mitigación y control de las causas de deterioro, entre estas los vertimientos de combustible de la refinería Ñico López.

En septiembre debe sobrevenir la restauración, según explica Yaiser Ávila Rodríguez, investigador del Instituto de Ecología y Sistemática. Las medidas incluyen la construcción de un sistema de canales para aumentar la irrigación de agua dulce y potenciar la regeneración natural, afectada por la presencia de un dique que cambió la estructura de vegetación del manglar, haciéndolo más vulnerable. Una de las primeras acciones debe ser la depuración de hidrocarburos –los de mayor presencia en toda la bahía–, mezclando los sedimentos altos con los bajos, junto al empleo de técnicas de biorremedación propuestas por el Instituto de Ciencias del Mar (Icimar).

La tecnología a la que nos referimos surgió a finales de 1980 en el antiguo Instituto de Oceanología y ha probado su efectividad en numerosas ocasiones. El producto principal, BIOIL-FC, lo forman bacterias con elevadas capacidades para degradar el crudo.

Más que un producto, los investigadores del Icimar se refieren a este como un servicio integral, que incluye un diagnóstico inicial para determinar las condiciones en las que se va aplicar y sobre esa base realizar una propuesta de solución, explica la doctora Eudalys Ortiz, jefa del Departamento de Microrganismo.

Esta misma área evidenció dos años atrás la efectividad del BIOIL-FC al aplicarlo tras el accidental vertimiento de un tanque de petróleo. Los resultados mostraron un incremento de los microorganismos degradadores de hidrocarburos en el tiempo y una reducción significativa de las fracciones más resistentes del petróleo (resinas y asfaltenos), que alcanzaron valores superiores a 80 por ciento de remoción.

Entonces, por qué no es esta la mágica solución a los grandes problemas de la bahía. Por razones obvias, para que sea efectiva su aplicación, las fuentes de contaminación deben estar controladas, una meta aún sin alcanzar en esta área.

El agua que vendrá   

                                        

El puerto y el comercio fueron por varios siglos el centro de la vida de la urbe y el principal medio de sustento para muchos de sus moradores. Con el tiempo la actividad económica se fue diversificando; hoy se presentan nuevas oportunidades para la bahía de la Habana en una vocación principalmente turística y recreativa.

En la ensenada de Tiscornia está una de las pocas áreas protegidas de la ciudad, así como un autóctono manglar en grave estado de deterioro. (Foto: JOSÉ MANUEL GUZMÁN)

En la ensenada de Tiscornia está una de las pocas áreas protegidas de la ciudad, así como un autóctono manglar en grave estado de deterioro. (Foto: JOSÉ MANUEL GUZMÁN)

Para la mayoría de los residentes de sus costas, la reconversión que debe traer aguas cristalinas es todavía un sueño lejano, ocasionalmente avizorado con la aparición de un crucero o una de las nuevas obras. Sin embargo, la intención es clara, aunque los pendientes son muchos.

Por ejemplo, queda por resolver la estructuración óptima del proceso de recogida, transportación y disposición final de los residuales sólidos, que hoy sobrepasan las capacidades existentes para su procesamiento.

Otra de las tareas más resbaladizas es la recogida de las 16 toneladas de aceites usados que se generan cada mes. La entidad responsable de esta labor, la empresa estatal Cupet, solo se ocupa de los grandes generadores, mientras es evidente el destino del resto.

Por otra parte, los niveles de sedimentación de la bahía, otra de las preocupaciones históricas, continúan elevados a pesar de ser inferiores a épocas pasadas. Para Torres, constituye una prioridad la reforestación de la faja hidrorreguladora que controla el volumen de sedimentos arrastrados por los ríos, y en la que ya se está trabajando.

Luego está el dragado este año, con una apretada programación que debe iniciar en la desembocadura del río Luyanó, para continuar con la del Martín Pérez y el Arroyo Tadeo.

Cuando el programa de saneamiento se encuentre lo suficientemente avanzado, deberán lanzarse nuevas convocatorias a talleres para debatir los posibles caminos de los fondos, considerando su contaminación por metales pesados. Evidentemente no puede tratarse de echar basura bajo la alfombra, mudar el problema o pasárselo al vecino.

Con tan largo listado de tareas y tan altas expectativas, solo resta esperar a que las soluciones no estén marcadas por la premura ni queden en letra muerta. Y para los tiempos por venir, esos que devolverán espejos más limpios, la mirada previsora de quienes ya aprendieron que todo desarrollo tiene un precio.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate