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Publicado el 3 Agosto, 2017 por ACN en Medio ambiente
 
 

La Guabina, privilegios de la naturaleza en Pinar del Río

La Guabina, un área rural de rica biodiversidad, a escasos 10 kilómetros de la ciudad pinareña, que está a punto de cumplir 150 años, el viajero suele olvidar las prisas para entregarse al descanso en ese remanso de paz

Maritza Padilla Valdés

No sólo los viñaleros mogotes de cimas redondeadas que algún poeta comparó con elefantes dormidos son privilegios otorgados por la naturaleza a Pinar del Río, provincia denominada la Catedral Natural de Cuba, por la belleza de sus paisajes.

La Guabina, un área rural  de rica biodiversidad, a escasos 10 kilómetros de la ciudad pinareña, que está a punto de cumplir 150 años, el viajero suele olvidar las prisas para entregarse al descanso en ese remanso de paz.

Allí le da la bienvenida al visitante el árbol del viajero, una joya botánica oriunda de Madagascar, ubicada en el mismo centro de esa área protegida, erguida frente a un pequeño hotel de ocho habitaciones existente en el lugar.

Ravenala madagascariensis, su nombre científico, convive junto a otros representantes del reino vegetal, como la guayabita del pinar, con cuyos frutos se elabora el licor del mismo nombre, único de su tipo en el mundo.

Es acompañada también por la palma barrigona, planta de abultado tallo y por helechos arborescentes y pinares que coexisten en un mismo espacio, coincidencia en extremo curiosa, pues generalmente ambos viven en un hábitat de diferentes características.

Con su aspecto de palmera, es admirada por todos, aunque documentos científicos la describen como una mezcla de platanera y palma.

Cuentan que fue denominada así porque los caminantes sedientos podían encontrar depósitos de agua en muchas partes del arbusto, especialmente en las brácteas de las flores y en el interior de los hollejos de la base de las hojas, cada uno de los cuales puede almacenar un cuarto de litro de agua.

Resulta, además, la única especie de su género en la Isla y  según trabajadores del centro, por los cuidados prodigados al ejemplar, en La Guabina, el árbol del viajero continuará por mucho tiempo brindando la acogida a quienes acuden a su encuentro.

Perteneciente a la empresa de Conservación de la Flora y La Fauna, la finca es identificada principalmente por su centro de mejoramiento genético equino, el cual está dedicado al progreso de las razas appaloosa y pinto cubano.

Vecinos de la comunidad radicada en el paraje pinareño, con una marcada educación ambiental, conviven en perfecta armonía con el entorno y, aseguraron que La Guabina debe su nombre a un pez llamado así, muy  abundante allí en centurias pasadas, y aún es visto hoy en los espejos de agua de la demarcación.

Especialistas indicaron que el tomeguín del pinar, ave endémica de Cuba, continúa ofreciendo el privilegio de su trinar rodeado por más de medio centenar de especies de la avifauna cubana, los cuales encontraron en el lugar su hábitat  ideal.

De llamativa belleza, mide alrededor de 11 centímetros de largo, y está dotado de un collar amarillo bordeado en negro en apreciable contraste con su cuerpo verde olivo.

Posee la cualidad de adaptarse a vivir en jaula y brindar su tierno canto, lo cual unido a su atractivo, en ocasiones lo hace presa fácil de cazadores indolentes, de ahí los esfuerzos del CITMA por proteger al diminuto pájaro de la acción depredadora del hombre.

Cuando no están en época de apareamiento se agrupan en pequeñas bandadas familiares, en tanto buscan su alimento de semillas, pequeñas frutas y brotes entre las hierbas.

En período de cría las parejas establecen una unión muy fuerte, en tanto los machos se vuelven en extremo celosos y pelean entre sí por su territorio; entre abril y junio desarrollan la temporada de anidación, según sitios digitales.

Esa hacienda tiene también áreas dedicadas al turismo de naturaleza, con propuestas de caminatas, senderismo, monta de caballo, paseos en bote por la laguna alimentada por las aguas de la presa Guamá.

Las atenciones de un colectivo empeñado en hacer placentera la estancia en ese íntimo sitio, completan las expectativas del cliente, que aún sin partir, ya está pensando en el regreso al entorno de ensueños. (ACN)


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