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Publicado el 18 Septiembre, 2017 por ACN en Medio ambiente
 
 

Guanahacabibes, solitaria y misteriosa

Playa en Guanahacabibes Península de Guanahacabibes (Foto: hicuba.com)

Playa en Guanahacabibes Península de Guanahacabibes (Foto: hicuba.com)

Maritza Padilla Valdés

Un gran halo de misterio envuelve a la península de Guanahacabibes a lo largo de sus 100 kilómetros de extensión, acentuado por relatos de sus escasos habitantes quienes suelen contar historias transmitidas por sus ancestros, narradas con tanta vehemencia, que el visitante llega hasta creer en la certeza de increibles leyendas.

Una de las seis reservas de la biosfera en Cuba, esa tierra de la porción del extremo oeste de la Isla conocida por la  cola del caimán, protege un enorme caudal de riquezas naturales e históricas y la virginidad de sus ecosistemas y belleza de sus playas asombran al viajero.

El silencio y la soledad en sus costas y bosques, solo es interrumpido por el canto de aves como el ruiseñor, o el picoteo del pájaro carpintero construyendo su morada en el tronco de algún árbol o por el sonido de las iguanas en la maleza, al huir de la presencia humana.

Todo en conjunto, provoca la admiración y también cierto sobresalto en los que acuden al encuentro de esa zona, en tiempos pasados frecuentada por corsarios y piratas.

Cueva La Perla. ACN FOTO/Rafael FERNÁNDEZ ROSELL

Y es que en torno a sus colinas lacustres abundan fábulas sorprendentes sobre tesoros ocultos, las cuales contadas por los lugareños toman cierto enigmático acento, que suele vagar por la región, olvidada antes del triunfo revolucionario.

Una de las más extraordinarias se centra en la llamada Cueva de la Sorda, donde afirman la habitan dos mujeres, una convertida en caimán y otra en majá, hechizadas ambas por su padre.

El anciano ocultó en el interior de la caverna un tesoro y fue su deseo que las dos muchachas transformadas en animales lo cuidaran, invención que a menudo divierte a especialistas conocedores del área.

No menos admirables son los rumores que circundan a la cueva del pirata Perjuicio, lugar donde el bandido escondió un botín y lo tapió con cemento romano.

Pero quizás la más difundida es la leyenda de María la Gorda, quien, cuentan, fue una indígena venezolana traída a la fuerza en un barco pirata y abandonada a su suerte.

Otros pobladores afirman, era la hija de un navegante español el cual naufragó en esos dominios; mientras  todas las versiones coinciden, en que la rolliza mujer se asentó en la Ensenada de Corriente, en el extremo occidental de Cuba, y para sobrevivir suministró comida y compañía femenina a los tripulantes de cuanto navío se aventuraba por esos predios.

A siglos de distancia en aquellos parajes su nombre lo lleva un centro turístico concebido fundamentalmente para buceadores, pero que deviene a su vez la mejor opción para los que buscan un sitio tranquilo y aislado.

Y también la península cuenta con tesoros concretos, como los yacimientos arqueológicos hallados en el  cueverío de la región, consistentes en residuarios de los guanahatabeyes, como platos, cucharas, percutores de piedra y gubias de caracoles Strombus.

Sumida antes en la más absoluta pobreza, ahora Guanahacabibes posee un gran auge económico y social, es destino de cruceros,  a todo lo cual ha contribuido la Oficina de Desarrollo Integral de Guanahacabibes.

Pero sus pobladores conservan las tradiciones de antaño y el orgullo de ser los últimos en Cuba que ven apagarse el sol en la nación.

Y en algunas noches solitarias, tonadas envuelven el silencio nocturno, porque así es la península, principio o final de la Isla, bella, virgen y misteriosa… (ACN)


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