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Publicado el 12 Enero, 2018 por Toni Pradas en Medio ambiente
 
 

Adelantada Fiesta de las Aguas en el oriente cubano

Fueron reportados daños e inundaciones en Baracoa y en otros territorios de la provincia de Holguín
En el malecón baracoense se produjeron inundaciones costeras, moderadas y en ocasiones fuertes, además de olas de hasta dos y tres metros de altura. (Foto pe-riódico Granma)

En el malecón baracoense se produjeron inundaciones costeras, moderadas y en ocasiones fuertes, además de olas de hasta dos y tres metros de altura. (Foto pe-riódico Granma)

Por Toni Pradas

Tal como cuentan algunas leyendas locales, durante varios días de la primera semana de enero intensas lluvias poseyeron la región nororiental cubana, provocando en el montañoso territorio la crecida de numerosos ríos, entre estos Macaguanigua, Duaba y Toa, así como el aislamiento de las demarcaciones de Cayo Güin y Nibujón, en Baracoa, ciudad que parece cargar con la cruz de ser referente de sobresaltos vinculados con el clima.

En esta fluvial y pluviosa región guantanamera, que vio adelantada y sin música su veraniega Fiesta de las Aguas, se reportó el derrumbe de dos viviendas a consecuencia de un deslizamiento de tierra, así como la incomunicación de los consejos populares de Quiviján, Cayo Güin y Nibujón, justo cuando no han sanado del todo las heridas causadas por el tamborileo de recientes ciclones.

A diferencia de aquellos, el nuevo drama estuvo asociado al quinto frente frío de la actual temporada invernal en el Paso de los Vientos. Según Raisa Rodríguez Ramírez, especialista del Departamento de Pronósticos del Centro Meteorológico Provincial, las lluvias en el tabique nasal del caimán geográfico estuvieron relacionadas con el transporte de nublados bajos en el flujo del nordeste, por altos valores de humedad en niveles bajos y medios, así como por la presencia de una vaguada y difluencia superior, mezclados satánicamente con el susodicho frente.

También ocurrieron penetraciones del mar en sitios bajos del litoral, y en el bucólico malecón baracoense se produjeron inundaciones costeras, moderadas y en ocasiones fuertes, además de olas de hasta dos y tres metros de altura. También se constataron inundaciones en algunos cultivos agrícolas, viveros y organopónicos, y fueron menoscabados postes y tendidos eléctricos.

Cuando gradualmente fue menguando el mal, siguieron predominando los nublados desde Camagüey hasta Guantánamo con algunos chubascos y lluvias, principalmente en zonas de la costa atlántica, más fuertes estos en el norte de Guantánamo.

Tras más de 24 horas de lluvia, los pobladores de Baracoa salieron a las calles bajo una fina llovizna, hasta que se impuso por sus fueros el sol. Para entonces, los residentes de áreas anegadas estaban protegidos en casas de familia; otros fueron trasladados hacia lugares seguros. El astro se abría paso entre las cortinas plomizas, pero seguían, aunque en menor grado, las inundaciones costeras.

Además del Toa, el Duaba, y el Macaguanigua, otros ríos como Nibujón, Macaguaní y Miel se hartaron de agua hasta desbordar sus niveles juiciosos, inundando las viviendas colindantes. Para no ser menos, cañadas, zanjas y arroyuelos se salieron de sus cauces habituales con el arrastre de lodo hacia calles y caminos.

De cualquier manera, las autoridades adoptaron medidas como la vigilancia sobre el cauce de los ríos, la elaboración de alimentos para la venta y la garantía de los principales servicios básicos.

En tanto, los residentes de la localidad de Gibara, la Villa Blanca holguinera, aguzaron la vigilancia a la situación meteorológica, tras pronosticarse la persistencia de aguaceros por varios días. Durante el primer fin de semana del año, sucesivas rachas de vientos moderados, acompañadas por lluvias, lanzaron sobre el litoral olas de hasta tres metros y provocaron ligeras penetraciones del mar.

Los consejos populares de Bocas, Arroyo Seco y Cañada de Melones, donde algunos ríos lograron sobrepasar los puentes, se vieron incomunicados por tierra con la capital del territorio, aunque, afortunadamente, sin inundaciones.

En la ciudad holguinera de Moa (Lugar de las aguas, en lengua arahuaca), las lluvias amenazaron con empantanar el barrio Ecrim, al desbordarse el río Cabañas. Pero dócil volvió a su cauce para –según el mito del líquido de la región– seguir noblemente quitando las manchas producidas por la niquelífera tierra roja.


Toni Pradas

 
Toni Pradas