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Publicado el 15 Mayo, 2018 por Jessica Castro Burunate en Medio ambiente
 
 

BOTÁNICA

La gran aventura de cultivar un edén

Con la responsabilidad de preservar y mostrar al mundo el valor de la flora cubana desde la ciencia más elevada, el Jardín Botánico Nacional llega a sus 50 años
Los pabellones de Exposición de Plantas Vivas, donde usualmente comienza el recorrido de los visitantes por el Jardín, albergan una valiosa colección de plantas tropicales, usualmente empleadas con fines ornamentales. (foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Los pabellones de Exposición de Plantas Vivas, donde usualmente comienza el recorrido de los visitantes por el Jardín, albergan una valiosa colección de plantas tropicales, usualmente empleadas con fines ornamentales. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

El arribo del naturalista Alejandro de Humboldt a Cuba, en marzo de 1800, cambiaría definitivamente la forma en que el mundo percibía las riquezas de la Isla. Casi dos siglos después, otro alemán llegaría para dejar otra huella imprescindible en la historia.

Transcurría el año 1966 cuando el alemán Johannes Bisse tocó territorio nacional invitado por la Universidad de la Habana para desempeñarse como profesor y asesor del Departamento de Botánica de la Escuela de Biología. Quien desde hacía varios años se había entregado al estudio de la exuberante flora cubana, encontró en este viaje un sentido de vida, un camino para todos sus años por venir, hasta su inesperada muerte en un accidente automovilístico.

Conoció a Fidel, y para muchos fue este acercamiento, tal vez resultado de una de esas conversaciones que tienen los amigos, lo que impulsó el proyecto de construir el mayor parque botánico de nuestra nación. Los trabajos comenzaron oficialmente en el año 1968. Hoy la institución cuenta con aproximadamente 3000 especies de plantas tropicales distribuidas en 500 hectáreas.

El lugar escogido se localiza a 25 kilómetros al sur de la ciudad de La Habana, en el municipio de Arroyo Naranjo, valioso por la confluencia de diferentes tipos de suelos.

Este oasis citadino no solo ha sido el espacio para la recreación sana, como bien anuncian los medios, es la obra de la vida de varias generaciones de científicos interesados en estudiar y preservar uno de los mayores valores de la nación: su flora.

Tenían el ambicioso propósito de crear un jardín en menos de una década: el trabajo sería arduo. En algunos años llegaron a plantar de 20 000 a 30 000 posturas. Acelerar el proceso requirió, en otros casos, el uso de técnicas como el moteo. Hablamos de trasplantar árboles grandes, lo que requiere extremo cuidado para no dañar sus raíces. La búsqueda de ejemplares de especies como la Copernicia fallaensis, palmera endémica de Cuba y hoy en peligro crítico de extinción, podía llevarlos hasta lejanos parajes de la geografía insular, cuenta a Juventud Técnica Eduardo Rodríguez, uno de los tantos jóvenes que aprendieron a amar el oficio de la jardinería en el Jardín Botánico Nacional (JBN).

En esos primeros años, la Universidad de La Habana se apoyaría en su principal fuerza, los estudiantes, para la mayoría de las labores, incluida la preparación del terreno donde se iba a sembrar. De esos primeros grupos se formó gran parte de los especialistas con los que cuenta esta institución científica.

Una de esas alumnas asumiría en 1972 la dirección del centro. Los más de 40 años de la doctora Ángela Leiva Sánchez en este puesto le concederían una mención obligada cada vez que se habla de esta institución. Bajo su mando se impulsaron proyectos de conservación de la diversidad cubana, la construcción de la Zona Ecológico-Didáctica y los Pabellones de Exhibición, y la apertura al público el 24 de marzo de 1984.

La organización científica del Botánico recayó en las manos más experimentadas en ese momento, las del doctor Bisse. No hablamos de un mapa para visitantes distraídos. Desde aquí comienza a establecerse el valor de estas instituciones en clave de ciencia.

El ordenamiento fitogeográfico (según la relación entre la vida vegetal y el medio terrestre) ocupa casi 50 por ciento del área total y expone los elementos más característicos de Cuba, América, África, Asia Suroccidental, Australia, Oceanía y el Mediterráneo.

Mientras, en la zona sistemática se refleja de manera didáctica la evolución de las plantas por órdenes, familia y géneros, a partir de una novedosa concepción del doctor Bisse; y para quienes buscan ampliar sus conocimientos sobre las plantas con las que interactúa, habitualmente se reservó un espacio a aquellas útiles al ser humano como frutales, medicinales, culinarios y otras de provecho para la extracción de aceites y fibras.

Se priorizó la fitogeografía cubana, donde se representan de forma paisajística algunas de las vegetaciones presentes en el país: Maniguas Costeras, con cactus y arbustos espinosos; Montes Secos, ricos en maderas preciosas; Montes Semicaducifolios de impactante verdor en el verano; Vegetación de Mogotes; Montes de Júcaros y Palmas, con variada representación de estas últimas; Pinares fragantes al atardecer y la Vegetación sobre Serpentina, cuyo peculiar suelo sustenta un buen número de plantas endémicas.

Mapa del Jardín Botánico, en el que se aprecia la distribución científica ideada por el doctor Bisse. (Foto: JARDÍN BOTÁNICO NACIONAL)

Mapa del Jardín Botánico, en el que se aprecia la distribución científica ideada por el doctor Bisse. (Foto: JARDÍN BOTÁNICO NACIONAL)

En el centro del Jardín está ubicado el Palmetum, una colección mundial de palmas con aproximadamente 300 especies. Por su parte, el Bosque Arcaico reúne una colección de plantas primitivas actuales emparentadas con otras que vivieron en épocas geológicas pasadas, como la palma corcho (Microcycas calocoma), endémica de Pinar del Río y declarada Monumento Natural Nacional.

El viaje a otras latitudes tiene una de sus más atractivas escalas en el territorio de Asia con su vistoso Jardín Japonés –creado en 1989 a propuesta de la Embajada nipona–, donde también dejó su marca otro extranjero, el arquitecto paisajista Yoshikuni Araki.

El Jardín Japonés cubano cuenta con cinco hectáreas de árboles de diversos orígenes y se ubicaron un lago y cascada artificial.

¿Vitrinas para mostrar o actores para conservar?

El edén de Arroyo Naranjo tiene entre sus principales líneas de investigación la Taxonomía y Sistemática de Plantas Superiores, la Micología, y la Conservación.

El trabajo de estos científicos, a diferencia de la visión más extendida de largas horas en un frío laboratorio, generalmente comienza con una historia al estilo de cualquiera de los aventureros que exaltaban nuestra imaginación en la infancia. Recolectar plantas puede llevar a intricados parajes, donde no siempre los mapas son garantía de reencontrar el camino. El propio doctor Bisse y sus alumnos fueron testigos de uno de estos episodios, cuando la naturaleza transformada tras el paso del ciclón Flora (1963) los hiciera extraviar el rumbo de tal manera, que debieron ser rescatados.

Resultó esencial en estos periplos la ayuda en el terreno de los lugareños, a los que el alemán interrogaba con la precisión de un comisario tras la pista de un fugitivo: cuándo fue vista la planta por última vez, para qué la utilizan…

Pero el trabajo de búsqueda y captura, los intensos interrogatorios, las operaciones de rescate, dieron su fruto y hoy la profesora Rosalina Berazaín, también fundadora del centro, puede exhibir orgullosa los 23 fascículos publicados sobre unas 95 familias que conforman la Flora de la República de Cuba, colección que continuará creciendo. De esta obra, 30 por ciento ha sido construida por los profesionales del JBN.

El herbario es uno de los pilares del Jardín. El cuidado de sus colecciones requiere condiciones especiales de almacenamiento. Fig. a: Actual herbario. Fig. b: Detalles de un ejemplar. Fig. c: Archivos especiales del nuevo Centro de Investigaciones. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

El herbario es uno de los pilares del Jardín. El cuidado de sus colecciones requiere condiciones especiales de almacenamiento. Fig. a: Actual herbario. Fig. b: Detalles de un ejemplar. Fig. c: Archivos especiales del nuevo Centro de Investigaciones. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Más de 230 000 ejemplares conforman la muestra del herbario Profesor Johannes Bisse, heredero del trabajo y las riquezas de aquel perteneciente al antiguo Jardín Botánico ubicado en la Quinta de los Molinos de la ciudad. Un herbario puede ser el único testigo del paso de una especie por el planeta.

Toda esta obra puede perderse sin un correcto almacenamiento. El recién inaugurado Centro Científico Docente y Biblioteca, donde se mudará el herbario, debe asegurar esas condiciones.

La conservación es otra de las líneas que desde hace casi tres décadas ocupa a los expertos, aunque su inserción “formal” comienza en 2003 con la creación el Grupo de Especialistas de Plantas Cubanas, que forma parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Un resultado científico importante son los dos volúmenes de la Lista roja de la flora cubana. El segundo, publicado en 2017, registra 25 especies declaradas extintas y 18 en peligro crítico.

Estos trabajos pueden contribuir al desarrollo de estrategias de gestión medioambiental más precisas, a la regulación del tráfico de especies así como al manejo de las más de 250 áreas protegidas existentes en el país, asegura la profesora Berazaín.

“Los jardines no pueden ser vistos como vitrinas, sino como actores que ayuden en la conservación en el campo donde se producen de verdad las extinciones”, avizoró la doctora Ángela Leyva.

La diversidad vegetal cubana, con un endemismo de 51 por ciento, es la más importante del Caribe y la cuarta entre todos los territorios insulares. Unas 7 500 especies la convierten en la Isla con mayor número de ejemplares por kilómetros cuadrado.

Para saciar la sed de conocimientos de un viajero inmóvil, el Jardín ofrece la posibilidad de trasladarse en minutos desde zonas áridas hasta bosques húmedos tropicales. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Para saciar la sed de conocimientos de un viajero inmóvil, el Jardín ofrece la posibilidad de trasladarse en minutos desde zonas áridas hasta bosques húmedos tropicales. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Sin embargo, casi la mitad de las plantas tiene algún grado de amenaza, según figura en la edición especial de mayo de 2013, del boletín Bissea, publicación del centro sobre la conservación. La Lista roja, deja ver que las regiones con mayor número de especies amenazadas son precisamente las cuatro provincias con mayor cobertura boscosa: Pinar del Río, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo.

Estas zonas han sufrido el impacto de la deforestación, fragmentación, forestación y las invasiones biológicas. Constituyen un ejemplo que impugna la idea generalizada de que la cobertura boscosa es siempre buen indicador de la salud de los ecosistemas.

La vocación pedagógica es otro de los pilares del centro, encargado de la docencia de pregrado para las diferentes asignaturas de Botánica existentes en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Asimismo, se imparten cursos de postgrado nacionales e internacionales y desde hace 22 años, una Maestría en Botánica a nivel nacional que ya cuenta con 73 graduados, acreditada de excelencia. También son desarrollados los planes de doctorado.

Otro de sus espacios formativos es la biblioteca especializada, surgida a finales de 1969 a partir de las colecciones de libros y folletos depositados en el antiguo Jardín Botánico de la Quinta de los Molinos y que hoy atesora más de 5 000 volúmenes.

Según explica a BOHEMIA la directora general, Nora Hernández Monterrey, la institución busca su apertura al mundo mediante el intercambio científico y académico, hoy establecido con 23 naciones y diversas instituciones, entre estas el Jardín Botánico de Missouri, un gran referente internacional en esta área.

La celebración del Congreso Puentes Botánicos de la Red Centroamericana y Caribeña de Jardín Botánicos –Cuba ostenta la presidencia pro témpore– propició el debate e intercambio de experiencias sobre el impacto de eventos, como los huracanes, sobre las colecciones vivas de los jardines botánicos. Asimismo, se discutió y aprobó la Estrategia de Conservación de Plantas del Caribe hasta 2030, que entre sus líneas de trabajo incluyó la creación de capacidades locales para el trabajo de conservación de las plantas.

La doctora Rosalina Berazaín, fundadora del centro, respalda el valor de su ciencia, la base sobre la que se desarrollan otros cientos de investigaciones en medicina, agricultura, cosmética. (foto: ANARAY LORENZO COLLAZO).

La doctora Rosalina Berazaín, fundadora del centro, respalda el valor de su ciencia, la base sobre la que se desarrollan otros cientos de investigaciones en medicina, agricultura, cosmética. (foto: ANARAY LORENZO COLLAZO).

La profesora Rosalina Berazaín, segura del poder de su ciencia y del valor de su trabajo (sin el que la investigación de muchos otros científicos no sería posible, porque nombrar es el principio de todo), asegura que el JBN mantendrá en un futuro las mismas líneas de investigación. “Todavía hay mucho por hacer en estas”.

Los siglos XIX y XX han sido particularmente fecundos en las investigaciones botánicas, las que han llevado a la creación de numerosas disciplinas como la ecología, la geobotánica, la citogenética y la biología molecular. En las últimas décadas, se ha explorado una concepción de la taxonomía basada en la filogenia (origen, formación y desarrollo evolutivo general de una especie) y en los análisis moleculares de ADN, lo que condujo a la primera publicación de la secuencia del genoma de una angiosperma: Arabidopsis thaliana, especie perteneciente a la familia Cruciferae, conocida comúnmente como arabidopsis y oruga.

El bosque de la sabiduría

La palma petate, elegida para representar la identidad visual del Jardín, es una de las especies en peligro de extinción. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

La palma petate, elegida para representar la identidad visual del Jardín, es una de las especies en peligro de extinción. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

La educación ambiental completa la obra social de esta institución. Para su directora general, el reto principal es sensibilizar y educar a la población sobre la importancia de los jardines botánicos y del conocimiento de la flora nacional como parte de su identidad.

Los educadores ambientales aprovechan las posibilidades didácticas del medio en que se encuentran, pero también trasciende los límites de este espacio para llegar con diversos proyectos a escuelas y comunidades.

El programa diseñado, explica el subdirector de Educación Ambiental y Recreación, Julio Martínez Betancourt, busca adaptarse a las necesidades de conocimientos de los diferentes grupos con los que trabaja: estudiantes, artesanos, religiosos, agricultores, médicos de la familia, entre otros.

En el caso de los estudiantes, el aporte de esta institución a su formación se inserta como herramienta de apoyo a los programas de estudio diseñados en los diferentes niveles, mediante círculos de interés y la organización de otras actividades. Aunque, según comunica Hernández, ya se han realizado reuniones con representantes de los ministerios de Educación y de Educación Superior, sobre la necesidad de incorporar las temáticas relacionadas con la conservación de forma más amplia, dentro de diversas asignaturas.

Entre los elementos que enriquecen la práctica de religiones afrocubanas está su conexión con el entorno natural mediante un amplio uso de las plantas para diferentes “trabajos” y rituales religiosos que buscan “limpiar” de impurezas la casa y el espíritu, o para “abrir los caminos” antes de dar un paso decisivo.

Sería factible considerar el desarrollo de estrategias sustentadas en las nuevas tecnologías de la comunicación y la informática, como pudieran ser multimedias interactivas o aplicaciones que el yerbero o el vendedor de plantas ornamentales pueda tener a mano para cuando los “encargos” sean más complicados.

El Jardín recibe un promedio de 100 000 visitantes al año, con la temporada más ajetreada durante los meses de julio y agosto, cuando normalmente se organizan los concursos, exposiciones de plantas vivas y de fotografía, y los Festivales del Bosque, con 20 años de existencia.

La mayor participación viene de los distintos grupos de la red de aficionados a la botánica, atraídos por la posibilidad de extender sus conocimientos mediante talleres prácticos donde pueden dominar el difícil arte de modelar bonsáis.

En la interacción con estos diferentes grupos, el centro encuentra también un mecanismo de retroalimentación y desarrollo. Del trabajo con los artesanos, por ejemplo, resultó el libro Plantas de uso artesanal en Cuba, y de la incursión en el universo de las yerberías, el texto Yerberos en La Habana.

“Aún queda mucho por hacer”, es la respuesta de cualquier persona comprometida con una obra, y la mayor prueba de su voluntad de seguir creciendo. Un principio que afortunadamente acompaña a la mayoría de los profesionales de este cultivado edén.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate