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Publicado el 2 Junio, 2018 por Toni Pradas en Medio ambiente
 
 

TORMENTA SUBTROPICAL ALBERTO

Un ciclón desparramado

La nueva temporada de huracanes empezó adelantada, con un organismo que provocó desastres asociados a sus excesivas lluvias y, a la vez, rápidas reacciones de las autoridades y el pueblo para contrarrestar los daños
Comunidades como El Santo, en Villa Clara, sufrieron inundaciones. Otras quedaron totalmente aisladas. (FOTO: SADIEL MEDEROS / VANGUARDIA)

Comunidades como El Santo, en Villa Clara, sufrieron inundaciones. Otras quedaron totalmente aisladas. (FOTO: SADIEL MEDEROS / VANGUARDIA)

Por TONI PRADAS

En el último tramo de mayo casi todo el archipiélago cubano se vio atrapado por un pasaje lluvioso que, por prolongado, compacto, y aunque distante en tiempo y espacio hacía pensar que había sido condenado a vivir un capítulo del garciamarquiano Cien años de soledad. Así fue como se vieron sus habitantes secuestrados por el fastidio y el charquero, debido a un fenómeno con nombre de galán: Alberto, que vino a empañar las cordiales relaciones de la naturaleza con la región durante los últimos meses.

Precisemos: cámbiese la palabra “cordiales” por “tratables”. Ya el mes de abril, el último del habitual período poco lluvioso de nuestro meridiano, se había portado con cierta incontinencia, para beneplácito de administradores hidráulicos y agricultores de primavera, pues no tuvieron que acudir a ritos para invocar a una lluvia que en los últimos años se ha empeñado en tardar.

En comparsa se sucedieron aguas ya fueran de un frente frío clásico, de vaguadas superiores en el sudeste del golfo de México, nubosidades en el flujo del nordeste o de zonas frontales que transitaron sobre el estrecho de la Florida.

El puente del Zaza fue abatido por la crecida del río, dejando sin comunicación terrestre a Zaza del Medio con Sancti Spíritus. (Foto: VICENTE BRITO / ESCAMBRAY)

El puente del Zaza fue abatido por la crecida del río, dejando sin comunicación terrestre a Zaza del Medio con Sancti Spíritus. (Foto: VICENTE BRITO / ESCAMBRAY)

Todos, como era de esperar, sonreían conformes. Las lluvias fueron –diría su frase García Márquez– cerrando los dedos como un molusco, ahogando a la sequía que se empeñaba en reaparecer en el tiempo como una gripe, aun cuando por cierto rato era apagada por esos soberbios últimos ciclones de coz y llanto.

Extraño mes el cuarto, sí, pues finalizó con acumulados de precipitaciones por encima de la norma en todo el país, y se hizo de un lugar en los anales al clasificar entre los cuatro abriles más húmedos desde 1961, según reza en los registros de récords del Centro del Clima del Instituto de Meteorología (Insmet).

Tampoco el inicio de mayo fue displicente por los aguaceros que, como curiosamente suele ocurrir, solo respetaron la marcha de los trabajadores en su día. Aquella primera semana del mes fue duchada, hasta con granizos, y los pluviómetros de varias localidades registraron más de 100 milímetros en 24 horas.

Vale recordar que cada milímetro de lluvia medido, equivale a un litro de agua por metro cuadrado, y 100 milímetros en un día se considera un testimonio de lluvias intensas en la zona bañada.

Luego de mayear medio almanaque, había concluido, según los climatólogos, La Niña, esa fase fría del ciclo natural global del clima conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), antagónica a la fase cálida, la misma que lleva el nombre tierno de El Niño.

En consecuencia, desde entonces las condiciones neutrales ya prevalecen, y así debe persistir durante el verano del hemisferio norte, sin manifestarse El Niño en el transcurso de los primeros meses de la temporada ciclónica en el Atlántico.

Pero el clima anda loco. Chifladísimo. Normalmente, la región sureste del Pacífico no es propicia para que se formen ciclones, debido a que las aguas de la costa oeste de Sudamérica son frías y el aire es seco gracias a un sistema semipermanente de altas presiones. Aun así, como lo que no pasa en la soledad de cien años a veces ocurre en un instante, los científicos quedaron perplejos al ver que una tormenta subtropical se formó no muy lejos de Chile.

Gran cantidad de embalses se vieron rellenados con las excesivas lluvias. De estos, muchos tuvieron que aliviar. (Foto: GUERRILLERO / FACEBOOK)

Gran cantidad de embalses se vieron rellenados con las excesivas lluvias. De estos, muchos tuvieron que aliviar. (Foto: GUERRILLERO / FACEBOOK)

Esto ocurría, para colmo, días antes de descorrerse oficialmente las imaginarias cortinas de la temporada ciclónica. Prematura fue también la formación de una depresión en el Pacífico oriental, Adrián, la primera tormenta tropical de 2017 en esa región.

Si así andan las cosas, no debería extrañarle a nadie que este año la tormenta subtropical Alberto se engendrara antes de nuestra convencional temporada de huracanes, un calendario que se expande entre el 1º de junio y el 30 de noviembre.

Ya los modelos de predicción se olían, desde la segunda semana de mayo, que un precoz ciclón iniciaría la temporada; luego apuntaban que el parto sería para después del día 20.

Con Cuba entera bastante hidratada, al final de la mañana del 25 de mayo, en el golfo de Honduras, frente a la península de Yucatán, nació Alberto, el último de los seis ciclones bautizados con este apelativo, y que en su origen germánico significa “el que brilla por su nobleza”.

A pesar de su hidalgo nombre, nadie se fio al verle tomar rumbo norte por el golfo de México, lugar donde encontraría condiciones favorables para robustecerse, aunque sin probabilidades de alcanzar una categoría más áspera.

Entonces no pocos recordaron al primero de esos Albertos, el de 1982, que se fortaleció al norte del occidente cubano y causó inundaciones tan extraordinarias que, aun sin ser tan mítico como los del 26, el del 44 o el Flora, fue suficiente dilema para dejar en el país un amargo sabor en la boca.

“No puede llover toda la vida”

Alrededor de 58 000 consumidores quedaron sin servicio eléctrico. En la foto, el río Sagua la Grande corre embravecido. (Foto: RAMÓN BARRERAS VALDÉS / VANGUARDIA)

Alrededor de 58 000 consumidores quedaron sin servicio eléctrico. En la foto, el río Sagua la Grande corre embravecido. (Foto: RAMÓN BARRERAS VALDÉS / VANGUARDIA)

Durante los largos períodos secos, muchos imploraban la llegada a Cuba de un cándido ciclón, lluvioso, más bien pequeñito, con vientos poco destructores. De esta manera los embalses del país, suerte de alcancía de divisas hídricas, quedarían rebosantes hasta que los vaivenes del clima dijeran la última palabra.

Lo cierto es que o no llegaban los huracanes, o llegaban secos, o venían bufando, y tan bravos como para solo permitirles una victoria pírrica a los estrategas de los recursos hidráulicos.

Sin embargo, Alberto, “el que brilla por su nobleza”, parecía pintado como para servirle a la República el favor que sus predecesores no consiguieron. Alberto era una tormenta subtropical, algo así como un ciclón desparramado, con mucha agua y poco viento de consideración.

Pero algo hacía indeseable al susodicho. Amén del recelo que sembrara un tocayo suyo hace 36 años, la saturación de los suelos por las intensas lluvias previas y las represas con cargas interesantes de agua, indicaban que el fenómeno climatológico no era bienvenido. Es más, debía mantenerse en estrecha vigilancia su evolución, especialmente en zonas bajas y de mal drenaje, que corrían el peligro de quedar anegadas.

El doctor José Rubiera, investido por voluntad popular como el primer pronosticador vitalicio de la historia de la meteorología en la Isla, explicó que la energética de los ciclones subtropicales viene dada por las diferencias o contrastes de temperatura en la horizontal, y que casi siempre tienen el núcleo (arriba) frío. Estos meteoros son asimétricos, pues las áreas de lluvia y los vientos máximos están alejados del centro de circulación.

Entonces empezó el diluvio. En su lento viaje hacia el norte, donde asistiría a su suicidio, Alberto mojaba a casi todo el país, principalmente desde Pinar del Río hasta Ciego de Ávila. A la vez, distribuía sus chubascos más intensos de occidente a centro, y viceversa, como si regara un rosal con manguera de bomberos.

Dos ciclones con igual nombre (Alberto) provocaron lluvias intensas e inundaciones en Cuba en dos diferentes épocas. (Ilustración: CUBADEBATE)

Dos ciclones con igual nombre (Alberto) provocaron lluvias intensas e inundaciones en Cuba en dos diferentes épocas. (Ilustración: CUBADEBATE)

Las precipitaciones llegaron a ser fuertes e intensas en algunas localidades, principalmente desde La Habana hasta Sancti Spíritus, así como en el municipio especial de Isla de la Juventud. De acuerdo con informaciones del Insmet y el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), acumulados entre 100 y más de 400 milímetros fueron registrados en períodos de 24 horas en las provincias centrales y occidentales, entre el 26 y el 28 de mayo.

Según datos del INHR, en Pinar del Río, por ejemplo, llovió tres veces más de la media histórica para el quinto mes del año.

Por lo demás, fue una tormenta incapaz de alcanzar el grado de huracán en los momentos de mayor organización. Su ficha registró una presión central mínima de 990 hectopascal y vientos máximos sostenidos de 100 kilómetros por hora. Empero, el aire húmedo que estuvo fluyendo desde el Caribe sí estimuló el desarrollo de bandas nubosas y la ocurrencia de los prolongados aguaceros.

Si se calcula la vida de Alberto –desde su formación el viernes 25, hasta su desintegración tras la llegada el lunes 28 a las sureñas costas estadounidenses–, y si se consideran las copiosas aguas y las impedimentas provocadas en la vida productiva y cotidiana del país, bien pudiera llamarse esta historia Cien horas de soledad.

En cambio, la muerte del núcleo de Alberto no significó el cese de la tragedia. Las bandas, descolgadas de su sistema continuaron castigando a las islas cubanas durante muchas otras horas, para acentuar los más notables desastres que provocó este organismo meteorológico.

Ríos crecidos y embalses desbordados, comunidades y plantaciones anegadas, destrozos en viales y suspensiones de viajes, derrumbes parciales y totales, ente otros daños, ocuparon los espacios de los medios y las conversaciones de las personas, sin contar el inconmensurable estrés provocado por la expectación ante un utópico fin.

“No puede llover toda la vida”, se daban ánimos entre sí algunos, con la misma coplilla usada por Aureliano Segundo, uno de los personajes de Cien años de soledad, a fin de esperar la llegada de un buen día para la familia Buendía, protagonista de la novela.

Acompañamiento inmediato

Más de cien horas de aguaceros no forzaron a los lugareños a padecer sin solidaridad. Apenas redactaban los investigadores del Instituto de Meteorología sus pronósticos, la Defensa Civil, como un muelle, reaccionaba para organizar las medidas de protección y las acciones de rescate y evacuación. Solo en Sancti Spíritus fueron evacuadas más de 15 000 personas.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel intercambió, mediante una videoconferencia, con autoridades del Gobierno y del Partido de las provincias más afectadas por las intensas lluvias e inundaciones. (Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN)

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel intercambió, mediante una videoconferencia, con autoridades del Gobierno y del Partido de las provincias más afectadas por las intensas lluvias e inundaciones. (Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN)

Apenas salidos del reciente ejercicio Meteoro, los Consejos de Defensa provinciales asumieron sus responsabilidades, en tanto Miguel Díaz-Canel Bermúdez asumía la coordinación nacional ante la primera inclemencia natural que ocurría durante su flamante presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros.

En las primeras horas del martes 29, Díaz-Canel intercambió, mediante una videoconferencia, con autoridades del Gobierno y del Partido de las provincias centrales, sensiblemente afectadas por las intensas lluvias e inundaciones provocadas por la tormenta.

Asimismo participaron varios ministros, quienes ofrecieron informaciones preliminares sobre los daños ocasionados.

En esa hora, alrededor de 58 000 consumidores estaban sin servicio eléctrico, mas se trabajaba para restablecerlo. Por su parte, se mantenía la venta de la canasta básica a la población.

También fueron reportadas afectaciones en la agricultura, en productos como plátano, frijoles, arroz, tabaco, hortalizas, así como en algunos sistemas de riego y en el acopio de leche. Entonces se recogía todo lo que estaba en tiempo de cosecha para su aprovechamiento, según se dio a conocer.

Varios puentes y carreteras sufrieron daños por las inundaciones y las crecidas de los ríos. Con la espectacularidad de un video que concursa en Youtube, un aficionado filmó el momento en que el puente sobre el río Zaza, que comunica a Sancti Spíritus con Zaza del Medio, se desplomó, abatido por la fuerza de las aguas crecidas. El testimonio fue publicado por la televisión cubana y luego le dio la vuelta al mundo a través de las redes sociales.

La Autopista Nacional fue cerrada temporalmente así como varios puntos del ferrocarril central. Algunos viajes programados por la Empresa Ómnibus Nacionales que tenían previsto circular por Cienfuegos, Villa Clara y Sancti Spíritus, fueron cancelados.

Una gran cantidad de embalses reportaban entonces niveles muy altos de llenado; 141 estaban por encima de 90 por ciento de acopio y todos los de la región central se encontraban vertiendo. Aun así, se esperaban importantes escurrimientos desde las montañas una vez que fueran disminuyendo las lluvias.

También se alertó sobre la necesidad de clorar toda el agua para el consumo de la población de esos territorios para no aquejar la salud, y se llamó a reforzar el control epidemiológico.

Unos 50 centros escolares sufrieron afectaciones, y otros sirvieron de centros de evacuación. En las cinco provincias centrales se detuvo temporalmente el curso lectivo.

En tanto, efectivos del Ministerio del Interior garantizaban la seguridad vial y la protección de los bienes de los evacuados. Muchos de estos, como es habitual, fueron auxiliados desde zonas aisladas, por miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

El presidente cubano definió entonces tres grupos de trabajo que poco después salieron hacia las provincias afectadas.

Respectivamente dirigidos por el primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Salvador Valdés Mesa; y por el segundo secretario del Partido, José Ramón Machado Ventura (había estado previamente en Pinar del Río valorando los daños); grupos partieron hacia la región central.

El tercer grupo, encabezado por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, se desplazó hacia el occidente del país.

Díaz-Canel comentó que Alberto puso nuevamente a prueba la capacidad de reacción y respuesta de los cubanos ante eventos extremos de este tipo que, consecuencia del cambio climático, son cada vez más frecuentes e intensos. Y aseguró: “Como en otras ocasiones, el país saldrá victorioso de esta difícil situación”.

Reportan víctimas de la tormenta

Como consecuencia de las afectaciones producidas por la tormenta subtropical Alberto en el país, el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil reportó el fallecimiento de siete personas y la desaparición de otras dos.

Alejandro Enrique Cumbrera Pérez, natural de Bayamo, Granma, desapareció en el río Arimao, Manicaragua, Villa Clara; así como Ricardo Perdomo González, en Chambas, Ciego de Ávila.

Fallecieron por ahogamiento por inmersión los ciudadanos de Pinar del Río, Daikel Palacios Martínez, de Herradura, Consolación del Sur; y Eduardo Ramos González, de Sandino.

Por igual causa perdieron la vida Noel Aranda Guerra, del Batey Grúa Nueva, Primero de Enero; y Jailen Venegas Meneses, del Batey Limones Palmeros, Majagua, ambos en Ciego de Ávila.

Quintiliano Meregildo Simo Ortega, de la localidad Manuel Piti Fajardo, Trinidad, Sancti Spíritus, también falleció por causa de ahogamiento por inmersión; así como Rosbel López Ríos, en Cayo Las Vacas, Remedios, Villa Clara; y Ramón Cabrera García, en el embalse Crucero de Los Álvarez, Colón, Matanzas.

 

 

Lo que Alberto nos enseña

“Alberto nos ha dado una oportunidad insuperable de valorar nuestras vulnerabilidades”, apuntó velozmente el doctor Manuel A. Iturralde-Vinent, Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, en texto que publicara en la revista Alma Mater.

“Hay que modificar nuestro paradigma constructivo”, recomienda el científico, y hace varias observaciones, de las cuales BOHEMIA quiere hacer énfasis en tres.

-Usar más la construcción de casas elevadas, ya sea sobre pilotes o una base levantada sobre el nivel de inundación histórica, principalmente en áreas bajas con drenaje pobre. Los viales, por su parte, deben dotarse de obras de drenaje mucho más eficientes, que permitan el paso de grandes caudales de agua. También es necesario colocar diques en las márgenes de los cauces de los ríos que transitan por la ciudad.

-Los nuevos desarrollos urbanos e industriales deben localizarse en terrenos altos dentro de su entorno; las presas de cola y estanques de aguas usadas deben tener muros más altos y resistentes. Los puentes tienen que estar mejor asentados en el substrato, sobre todo si este es de rocas arcillo-arenosas, donde el contacto roca-hormigón es una superficie de erosión privilegiada. Las instalaciones de generación eléctrica, los tanques de combustibles y de agua y los almacenes, deben estar protegidos contra las inundaciones (elevados, rodeados de diques, etc.).

-Reducir la basura que se vierte en lugares no designados (dentro y fuera de la ciudad); limpieza y desobstrucción de tragantes y sistemas de alcantarillado previo a la temporada de lluvia.

 


Toni Pradas

 
Toni Pradas