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Publicado el 15 Octubre, 2018 por ACN en Medio ambiente
 
 

El Cuyaguateje: querido, pero también temido

A lo largo de su extenso andar por cuatro municipios pinareños, hasta fundirse en estrecho abrazo con el mar, ofrece a la mirada lindos paisajes que enamoran.

Foto: radioreloj.cu

Maritza Padilla Valdés

Dicen muchos de sus pobladores que entre otras razones, Guane debe su fundación al río Cuyaguateje, el más importante del occidente cubano, pues multitud de personas se asentaron en sus cercanías por la fertilidad imprimida a aquellas tierras, ideales para los cultivos.

A lo largo de su extenso andar por cuatro municipios pinareños, hasta fundirse en estrecho abrazo con el mar, ofrece a la mirada lindos paisajes que enamoran.

Por muchas razones, especialmente los guaneros lo aman; pero también le temen cuando alimentado por lluvias intensas asociadas a organismos tropicales ensancha su cauce, como resultó el paso reciente de Michael, oportunidad en la cual se empinó como nunca -8,72 metros, de acuerdo con los vecinos del Consejo Popular de Isabel Rubio.

Ya 180 familias muy cercanas a su cuenca, están fuera del alcance de su ira, al habitar en una zona de desarrollo con entera seguridad, a la cual paulatinamente se irán incorporando las restantes 47 que permanecieron a su alcance esta vez, y fueron protegidas ante la amenaza del hurácán, en tanto demoraron más de lo acostumbrado en regresar a sus hogares porque la bajada de las aguas resultó muy lenta.

Y como suele hacer en estos casos, el Cuyaguateje incomunicó a Guane por el poblado de Isabel Rubio y también por Punta de la Sierra.

Trechos de campos permanecieron repletos de agua, como sembrados de embalses, panorama repetido en ocasión de los huracanes Isidore, Iván, Gustav, Ike y otros muchos.

Pero en todos los casos, al cesar la lluvia, está obligado a regresar a su habitual cauce para continuar ofreciendo sus aguas para la irrigación de cultivos en bien de sus rendimientos, además de otros usos, siempre a favor de las comunidades.

La mayor parte del tiempo manso, los lugareños muestran orgullo de su río, pues según la tradición oral, el Lugarteniente General Antonio Maceo, detuvo su marcha durante la Invasión de Oriente a Occidente, para humedecer su rostro con sus aguas, cumpliendo un deseo.


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