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Publicado el 4 Febrero, 2019 por ACN en Medio ambiente
 
 

Los tesoros de Cayo Cristo

Ubicado a unos 10 kilómetros del poblado costero de Isabela de Sagua, la pequeña isla pertenece al archipiélago Jardines del Rey y se localiza frente al Canal Viejo de Bahamas, con fondos marinos excepcionales para la práctica del buceo, la pesca submarina y la fotografía subacuática.

Foto: ecured.cu

Luz María Martínez Zelada

Isabela de Sagua, Villa Clara, 3 feb (ACN) Leyendas sobre tesoros de piratas y abundantes encantos naturales singularizan a cayo Cristo, islote arenoso del noroeste de la provincia, de exuberante biodiversidad y hermosas playas naturales que atrajeron a muchos veraneantes a principios del siglo XX.

Ubicado a unos 10 kilómetros del poblado costero de Isabela de Sagua, la pequeña isla pertenece al archipiélago Jardines del Rey y se localiza frente al Canal Viejo de Bahamas, con fondos marinos excepcionales para la práctica del buceo, la pesca submarina y la fotografía subacuática.

Diferentes especies de mangle, matorral xeromorfo (formas vegetales adaptadas a los medios secos) y vegetación sobre dunas con árboles, arbustos, palmáceas, gramíneas y rastreras, algunas con valores estéticos y ornamentales, caracterizan la flora local.

Elevan los valores naturales del cayo una variada fauna con la presencia de moluscos, insectos y reptiles además de ser un corredor de aves migratoria junto a la presencia de agrupaciones coralinas con abundantes animales marinos, representada, entre otros, por el pez perro, pargo criollo, sierra, caballerote, cherna y langosta.

Cayo Cristo se volvió tristemente célebre, cuando el ciclón de 1933 acabó con la vida de muchas personas que vacacionaban en las bellas playas al paso del fenómeno hidrometeorólogico. En recordación de las víctimas se levantó un monumento en el lugar.

Muchas leyendas involucran al islote arenoso con la presencia de corsarios y piratas, como la estancia del afamado Jean Lafitte, militar francés de la guerra anglo-estadounidense de 1812 y corsario que operó en las costas del golfo de México a principios del siglo XIX, antes de establecerse definitivamente en Louissiana.

Otras historias se refieren a grandes enterramientos de tesoros en los siglos XVI y XVII, pero que nunca nadie encontró, además de leyendas de fantasmas y otros relatos nacidos de la fantasía, fundamentalmente de pescadores.


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