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Publicado el 23 Septiembre, 2019 por Redacción Digital en Medio ambiente
 
 

Editorial: SOS contra nuestra propia extinción

No queda tiempo para más dilaciones. Hay que actuar antes de que se contamine la esperanza o se afecte de sequía el optimismo. A pesar de las voces incoherentes desde los más altos estrados políticos del mundo, el cambio climático (CC) está en marcha; peligran la economía, los suelos, el abastecimiento de alimentos, las aguas, el planeta… en fin, la vida misma. Por doquier, las evidencias.

Descongelamiento del Ártico, inundaciones, eventos meteorológicos que comienzan a tener dinámicas diferentes, terremotos, magnos incendios como el que ha estado consumiendo la Amazonía. Sin embargo, el “hombre naranja” de la Casa Blanca, como le llaman tantos ciudadanos norteamericanos a Donald Trump, niega los efectos del calentamiento global y esto impide que la gestión de gobierno emplee políticas públicas encaminadas a colaborar con la reducción de emisiones de CO² a la atmósfera.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha determinado que el CC es el mayor desafío de nuestro tiempo. Aunque los negacionistas intenten persuadir de que se trata de un fenómeno natural que no está probado científicamente, sí está demostrado: los efectos son de alcance mundial y de una escala sin precedentes.

Para este septiembre, la ONU ha convocado la Cumbre de Acción por el Clima, en Nueva York, su sede en Estados Unidos –país que abandonó el Acuerdo Climático de París de la mano de su actual presidente–, para llevar hasta allí el centro de los debates sobre el cambio climático. En la cita se reunirán líderes de varias naciones, sector privado y sociedad civil, y se pretende sumar a más actores a esa importante tarea, aumentar compromisos de acción, así como hacer que los flujos de financiación públicos y particulares estén en consonancia con las vías a favor de emisiones bajas de gases de efecto invernadero, entre otras medidas.

El escepticismo sobre la evidente mutación se convierte en una identidad política, en tanto ciudades enteras son amenazadas de quedar bajo agua y la naturaleza se resiente. La descarbonización de la economía y el tránsito a la energía renovable deben ser prioridad de los ejecutivos, así como ya lo son para muchísimos movimientos y organizaciones sociales en todo el orbe.

Sin embargo, el costo no es solo en dinero. Vender la idea de que en la academia se produce un debate legítimo sobre si el calentamiento global es real o no ralentiza las conciencias, logra, si no rechazar la verdad, al menos crear incertidumbre, peligrosa en tiempos de crisis. Al sembrar la duda, se adormece la movilización de la sociedad civil en pro de una transformación en las lógicas de producción, consumo, explotación e industrialización que han dado al traste con el ecosistema.

La huella ecológica de nuestro paso por la Tierra es ya muy profunda y podría significar la extinción de la vida como la conocemos hoy. Si la razón de que el hielo ártico se esté descongelando para provocar el aumento del nivel del mar es precisamente la dinámica de las sociedades de consumo, las multinacionales, las élites que las encabezan, la burguesía, el poder, entonces el negacionismo tiene sentido, es la voz del propio capitalismo.

El sistema necesita de los negacionistas para protegerse y regenerarse. Lo ha hecho en todos los ámbitos de la vida social, lo hace ahora sobre el hábitat del ser humano. Era de esperar. El avance hacia relaciones sociales más equitativas y condiciones de vida en armonía con el medioambiente implica la pérdida de la hegemonía de que gozan los ricos.

Mientras ellos dicen “despreocúpense”, el mes de junio de 2019 fue el más caluroso desde que se tienen registros. Algunos expertos vaticinan un posible “apartheid climático”, que acentuará aún más la pobreza y la desigualdad. Los pudientes pagarán por escapar del sobrecalentamiento, el hambre y los conflictos.

Es imperiosa la necesidad de pensar universal y proceder localmente. Desde el año 2017 Cuba desarrolla la Tarea Vida: plan de Estado para el enfrentamiento del cambio climático. Aseguramiento de la disponibilidad y uso eficiente de agua, reforestación, recuperación de manglares, conservación de arrecifes, monitoreo de zonas costeras son solo parte de los elementos de este programa. Pero insistamos en que el deber es a nivel mundial. No, no queda tiempo para más dilaciones. Se precisa actuar.


Redacción Digital

 
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