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Publicado el 1 Septiembre, 2019 por Prensa Latina en Medio ambiente
 
 

Informe científico ONU

Más hambre y malnutrición por cambio climático

“Veremos diferentes consecuencias en diferentes países, pero habrá un impacto más drástico en los países de bajos recursos en África, Asia, América Latina y el Caribe', aseguró Priyadarshi Shukla, coautora del informe científico de la ONU

Daños que ocasiona el cambio climático
(Foto: www.notimerica.com)

Por Cira Rodríguez César

La seguridad alimentaria se verá cada vez más afectada por el cambio climático dada la disminución del rendimiento agrícola y el aumento de los precios, aseguró el último informe científico de la Organización de Naciones Unidas.

El documento, elaborado por el Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC en inglés) precisa que la degradación del medio ambiente también contribuirá la reducción de la calidad de los nutrientes y las interrupciones de la cadena de suministros.

“Veremos diferentes consecuencias en diferentes países, pero habrá un impacto más drástico en los países de bajos recursos en África, Asia, América Latina y el Caribe’, aseguró Priyadarshi Shukla, coautora del informe.

Alimentos más caros, menos nutritivos y paralizaciones en la cadena de distribución afectarán a todo el planeta y dramáticamente a los países más pobres, si no se toma acción para detener la degradación de la tierra y mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados Celsius, advirtió la experta.

Precisó que incluso con un aumento de 1,5 grados, hay grandes riesgos de escasez de agua, incendios, degradación del permafrost (capa del suelo permanentemente congelada) y de inestabilidad en el sistema alimentario.

El texto, redactado por más de 100 científicos de todo el mundo, apunta a que una de las formas clave en que la producción de alimentos podría verse afectada es por los fenómenos meteorológicos extremos.

Actualmente alrededor de un tercio de la comida se pierde o se desperdicia. Las causas difieren entre países desarrollados y en desarrollo, pero reducir su ocurrencia disminuiría las emisiones de gases de efecto invernadero y la inseguridad alimentaria.

También, aseguran los especialistas, hay maneras de enfrentar los riesgos y reducir las vulnerabilidades en los sistemas de producción y distribución de la comida y de gestión de la tierra.

En tal sentido, coinciden las recomendaciones para reducir la desigualdad, aumentar los salarios y asegurar el acceso a la comida en regiones donde la tierra ya no produce, lo que influirá en la adaptación a los impactos negativos del cambio climático.

Cuando la tierra se degrada se hace menos productiva y se reduce su capacidad para absorber carbono, lo que influye en el cambio climático, que en retorno contribuye más a su degradación.

Aproximadamente 500 millones de personas viven en áreas que experimentan la desertificación, las cuales son más vulnerables al cambio climático y a los eventos extremos, incluidos la sequía, las olas de calor y las tormentas de polvo, con una creciente población mundial que ejerce más presión, argumenta el informe del IPCC.

Para el también experto del IPCC, Hans-Otto Portner, “la tierra juega un rol muy importante en el sistema climático. La agricultura, la silvicultura y otros tipos de uso representan el 23 por ciento de las emisiones de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben dióxido de carbono equivalente a casi un tercio del emitido por los combustibles fósiles y las industrias”, asegura el especialista.

Por su parte el científico del Panel Kiyoto Tanabe, añade que la tierra que ya está siendo usada puede alimentar a la población mundial y al mismo tiempo proveer biomasa para la energía renovable, pero se necesita acción temprana y extensa para lograrlo.

Aumentan los riesgos

Ya no es un secreto que el cambio climático empeorará las condiciones de vida de

agricultores, pescadores y quienes viven de los bosques, poblaciones ya de por sí vulnerables y en condiciones de inseguridad alimentaria.

Las comunidades rurales, especialmente las que viven en ambientes frágiles, se enfrentan a un riesgo inmediato y creciente de pérdida de las cosechas y del ganado, así como a la reducida disponibilidad de productos marinos, forestales y provenientes de la acuicultura.

Los episodios climáticos extremos cada vez más frecuentes e intensos tendrán un impacto negativo en la disponibilidad de alimentos, el acceso a los mismos, su estabilidad y su utilización, así como en los bienes y oportunidades de los medios de vida tanto en zonas rurales como urbanas.

Para los sectores poblacionales empobrecidos el riesgo de inseguridad alimentaria por la pérdida de sus bienes y por la falta de una cobertura de seguros adecuada será cada vez mayor.

La capacidad de la población rural de convivir con los impactos producidos por el cambio climático depende del contexto cultural y de las políticas existentes, así como de factores socioeconómicos como el género, la composición de los hogares, la edad y la distribución de los bienes en el hogar.

La agricultura es parte de la solución

Aunque la agricultura contribuye al cambio climático, es también parte de la solución.

Las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los sectores agrícola y forestal representan actualmente más del 30 por ciento de las emisiones anuales (la deforestación y degradación de los bosques el 17,4 y la agricultura el 13,5).

No obstante, la actividad agrícola puede ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como su impacto, mediante el manejo de los servicios del ecosistema, la disminución de los cambios del uso de la tierra y la deforestación vinculada a ello.

También con el uso de variedades de cultivo más eficaces, un mejor control de los incendios fortuitos, la nutrición mejorada del ganado, un manejo eficaz de los desechos del ganado, el manejo del suelo orgánico, la agricultura de conservación y sistemas agroforestales. Además de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, las tierras de pasto y cultivo bien manejadas pueden secuestrar cantidades significativas de carbono.

El 40 por ciento de la biomasa de la tierra, y con ella el carbono biológico, está directa o indirectamente manejada por agricultores, silvicultores o pastores. De ahí que sea de su interés adoptar sistemas de manejo que combinen la mitigación y la adaptación, mejorando así tanto la seguridad alimentaria local como mundial.

Biodiversidad agrícola

La biodiversidad agrícola será un importante elemento en el desarrollo de estrategias de producción para responder a los desafíos del cambio climático, aumentando la

adaptación a condiciones medioambientales cambiantes y a las presiones (sequías, salinización, inundaciones).

Los servicios del ecosistema, entre ellos los recursos genéticos, la formación del suelo o el ciclo de los elementos nutritivos, crean importantes medidas de adaptación y mitigación del riesgo en la agricultura, al convertirse en elementos que cobran cada vez mayor importancia en climas cambiantes.

Por ello la producción alimentaria sostenible y las estrategias de respuestas al cambio climático van de la mano y se sostienen mutuamente.

Muchas iniciativas de manejo del riesgo climático y meteorológico coinciden con prácticas de la agricultura y la pesca sostenibles, y pueden, de esta forma, promoverse a través de muchos de los programas y políticas que persiguen una producción medioambientalmente responsable.

De ahí que la integración de ambas sea un factor clave tanto para la práctica y promoción sostenible de alimentos, como para el desarrollo de políticas de adaptación al cambio climático.

*Periodista de la redacción de Ciencia y Técnica de Prensa Latina


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