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Publicado el 30 Noviembre, 2019 por Delia Reyes Garcia en Medio ambiente
 
 

Aportes desde el surco

Aportes desde el surco.

Foto: elmundoecologico.es

Por DELIA REYES GARCÍA

Diáfano, convincente, y con mucha experiencia dentro del movimiento campesino, Leonardo Chirino González, funcionario de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), rememora orígenes, retos y alcances de la agroecología en Cuba.

-¿Cómo surge el Movimiento de Campesino a Campesino, que promueve las prácticas agroecológicas?

-En noviembre de 1995, como funcionario de la ANAP, me mandaron al exterior a conocer de la agroecología, invitados por una organización campesina nicaragüense. Era un evento que se iba a dar en Honduras, pero no nos otorgaron la visa en ese país. Los participantes de aquel evento acordaron entonces por solidaridad con Cuba, traer al año siguiente a la mayor de las Antillas aquella experiencia de la Comisión de Enlace y Seguimiento de Campesino a Campesino, que todavía no se llamaba Movimiento de Campesino a Campesino.

“Esa comisión era sustentada económicamente, principalmente por Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que quisieron tener un protagonismo, y entonces empezaron las contradicciones y aquello se fue perdiendo. No obstante, en noviembre de 1997 se comienza a aplicar un proyecto para promover este tipo de agricultura empleando los principios de la Metodología de Campesino a Campesino en Villa Clara, con la idea de crear las bases para que las personas se apropiaran de estos conocimientos y luego la llevaran a otros territorios.

“Esta visión nació entre México y Guatemala, como una alternativa de los productores de esos países para mantener su semilla, y continuar produciendo sanamente. Nosotros acá la extendimos. En un inicio fue Villa Clara, y luego se incorporó Sancti Espíritus y Cienfuegos, a partir de la proximidad territorial, y la similitud de las características topográficas y de cultivos. Este proceso ocurre entre 1997 y 2000.

“Como cualquier novedad, es algo paulatino, los campesinos que hacen este tipo de agricultura, no hay que inventarlos, existen en Cuba. Con una marcada diferencia, el nivel de educación de los productores cubanos es muy superior al de los países centroamericanos. Esa es nuestra fortaleza, y hemos ido adecuando esa metodología a las características de nuestro país”.

Chirino recuerda que en el país ya habían antecedentes desde la década del 70, relacionados con el activismo fitosanitario, donde campesinos a quienes les gustaba el conocimiento y la experimentación, aplicaban en sus fincas medios biológicos para el control de plagas y enfermedades, en coordinación con el Ministerio de la Agricultura, específicamente con la dirección de Sanidad Vegetal. Se dieron encuentros, seminarios, capacitaciones.

Por tanto, la base para ese otro movimiento estaba creada. Sin embargo, insiste, se trata de un proceso. “En Cuba había agricultores que antes de conocerse la palabra agroecología, producían bajo esas técnicas, es decir, conservando el suelo, con laboreos mínimos, empleando los insumos que tenían en la finca, haciendo sus propios abonos. Entonces, lo que hizo la ANAP fue identificar a esos campesinos, y que de manera consciente quisieran compartir sus experiencias con otras personas”.

-¿La forma en que se estructura la gran producción agrícola, de alguna manera, no entra en contradicción con los principios de la agroecología?

-No tienen por qué entrar en contradicción, pueden, incluso, complementarse. Aunque hay que partir de las condiciones de Cuba. Realmente nosotros tenemos que tratar de producir alimentos, no pueden olvidarse las condiciones externas, fundamentalmente del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno de los Estados Unidos. No podemos seguir dependiendo de las importaciones, y tenemos que hacerlo con químicos o sin estos.

“A principio de la Revolución en Cuba se desarrolló la agricultura extensiva, con la introducción de tecnologías productivas que empleaban tractores, sistemas de riego, fertilizantes industriales. Todo eso se logró con el apoyo del campo socialista. Pero cuando desaparecieron esos países socialistas, aquí se continuó produciendo. Es verdad que no en la misma cantidad, pero fueron los agricultores quienes mantuvieron, aun en las condiciones más difíciles, las producciones de alimentos. Eso es algo en la historia que no puede dejar de reconocerse”.

Aportes desde el surco.

Poco a poco las prácticas agroecológicas se extienden dentro de los productores. (Foto: guerrillero.cu).

Chirino rememora el encuentro de presidentes de cooperativas con Fidel en aquellos momentos, cuando el líder revolucionario dijo que hacía 40 años se había confiado en los campesinos, y que ahora, se confiaba más en ellos. En el surco demostraron que sin fertilizantes químicos, sin petróleo, sin tractores, era posible hacer parir la tierra.

“Desde el punto de vista de la introducción de estas prácticas agroecológicas, es más viable hacerlo inicialmente en pequeñas extensiones. Esto no se contradice con la maquinaria, tiene que haber un complemento. Por otro lado, no se puede cambiar un sistema de producción de un día para otro, tiene que ser un proceso paulatino, gradual. Y de manera paralela, se requiere un cambio de mentalidad, porque es más fácil y rápida la producción con fertilizantes químicos, pero a la larga eso deteriora el suelo, daña la micro flora, etc. Hay ejemplos que demuestran que la agroecología es factible. Una finca tratada con estas prácticas durante una década, obtiene resultados muy favorables, por las condiciones de biodiversidad y mejoramiento del suelo.

“En 2001, la dirección de la ANAP, al ver el empuje, los resultados y la firmeza que tenía este proceso de promoción agroecológica, y a partir de otro proyecto apoyado por una organización de Canadá, extendió esta visión a otras cuatro provincias: La Habana, Matanzas, Santiago de Cuba y Holguín. Entonces empezamos a preparar equipos de técnicos.

“Dentro de la Metodología de Campesino a  Campesino, el rol del técnico, del investigador, del profesional, cambia sustancialmente, porque el papel que desempeñan es el de acompañar el proceso. El campesino, sin tener un título universitario o medio, acumula saberes. Por eso, esta metodología promueve un cruce de saberes, es decir, los conocimientos prácticos del  agricultor, que también derivan de sus ancestros, se mezclan con las nuevas tecnologías. Pero de manera complementaria, sin imposiciones.

“Por eso identificamos a los promotores en todo el país, encargados de desarrollar esas prácticas y socializarlas. Y sí existen esos productores, que les gusta trasmitir conocimiento. Y de manera paralela fuimos trabajando en la conciencia de los técnicos y demás especialistas de la agricultura. Incluso hay centros de investigación reconocidos en el país que abrazan, y nos acompañan en este proceso. Eso no fue así desde el inicio, porque generalmente la trasmisión de conocimiento, o el sistema de extensionismo, era vertical. Este no, la Metodología de Campesino a Campesino es horizontal. Entonces el personal técnico acompaña al productor, no le impone maneras de hacer”.

En este proceso de acompañamiento y apoyo, Chirino reconoce la labor del Inivit de Villa Clara, y del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA), al igual que otras organizaciones afines a la ANAP, que también han abrazado estas prácticas.

Entonces, ¿estas prácticas ya se han extendido a todo el país?

-A partir de la pujanza y los resultados que iban obteniéndose, se extendieron a otras provincias. Ahora, qué ocurre. Este movimiento precisa un proceso de capacitación, de cultura de las personas, de socialización, por tanto va más allá de las cuestiones productivas y de los impactos ambientales.

“En un encuentro que se da en la provincia de Villa Clara en 2001, donde incluso participa Miguel Díaz-Canel Bermúdez, entonces primer secretario del Partido en esta provincia, el presidente de la ANAP llamó a apropiarnos de esa experiencia, y crear un movimiento a lo interno de la organización que difundiera y promoviera en todo el país la agricultura sostenible, como una vía efectiva de poder enfrentar la política de guerra sucia que nos hacía –y mantiene- el gobierno de los Estados Unidos.

“No es ocioso recordar, que la guerra biológica ha sido una constante en los planes de desestabilizar a la Revolución por parte de la CIA. Entonces, para muchas de las plagas, el único modo de controlarlas a niveles que no afecten producciones, es con medios biológicos, en eso los campesinos y los técnicos de Sanidad Vegetal del Ministerio de la Agricultura han jugado un rol importante”.

¿Por eso se crearon y multiplicaron los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE)?    

-Así mismo. En aquellos momentos había 11 centros de este tipo administrados por cooperativas, Aquí en Güira de Melena, la Niceto Pérez tiene un CREE; igual la Sandino, de San Antonio de los Baños, o la Rosa Elena Simeón en Güines. Antes esta técnica de control biológico solamente era utilizada por algunos productores, hoy está generalizado, debido a la difusión que se le ha dado.

“Recuerdo que los técnicos de sanidad iban a las reuniones de los agricultores y ellos no entendían aquello. Empezaron a comprender sus ventajas cuando algunos campesinos líderes, que llamamos activistas fitosanitarios, probaron esa forma de control de las plagas, con resultados favorables desde el punto de vista económico y productivo. Después, y como dice el dicho, ‘vista hace fe’, otros se sumaron”.

Vista hace fe

Aportes desde el surco.

El empleo de la tracción animal en la roturación de las tierras es una práctica ancestral. (Foto: radiocamaguey.wordpress.com).

Mario Codero Valdés llega al VII Encuentro Internacional de Agricultura Sostenible y Cooperativismo, para socializar con los delegados los resultados obtenidos en el cultivo del mango y la producción porcina. Este productor, que pertenece a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Rigoberto Corcho López, de Artemisa, tiene buenas razones para apostar por el empleo de técnicas agroecológicas en su finca La excelencia, dedicada a los cultivos varios y frutales. Explica que utilizan el humus de lombriz y los microorganismos eficientes.

Asegura categórico que no emplean productos químicos, y solo emplean medios biológicos que se producen en la finca, y son aplicados al suelo para mejorar el equilibrio ecológico. Los rendimientos son óptimos.

“El trabajo que presentamos, precisa Cordero Valdés, recoge los estudios relacionados con el mango. Una hectárea en Artemisa tiene promedios bajos. Antes, aplicando productos químicos promediábamos cinco toneladas, y después que comenzamos a aplicar el humus de lombriz y los microorganismos eficientes estamos produciendo 14 toneladas por hectárea”. Es decir, los rendimientos se han casi que triplicado. “La diferencia es grande, y se obtiene una fruta muy sana, con un olor agradable, sin plagas ni enfermedades”.

Cuenta que en la CCS tienen 33 mujeres, y ellas se encargaron de convencer a los hombres de las ventajas del empleo de estas prácticas agroecológicas.

Otro productor, Antonio Juan Cardero Torres, de la CCS Pedro la Antigua, del municipio Bauta, provincia Artemisa, asegura que es un incansable promotor. “Para mí es fabuloso participar en este encuentro, es la tercera vez que asisto, y en cada uno se adquieren nuevas experiencias”, sostiene.

Antonio se considera un soñador, con gran amor por la agroecología, porque “es la continuidad de las mejores tradiciones campesinas en Cuba”. Reconoce que el evento es impresionante, pero lo fue más cuando un grupo de delegados lo visitaron el día 19 de noviembre en su finca La Chatarra. “Pude trasmitir mis experiencias y demostrar lo que puede hacerse cuando se quiere”.

Desde el País Vasco asiste a este encuentro Argi Intxausti Cortadi, en representación del Sindicato Agrario de Vizcaya. “En el plano personal me ha aportado mucho, en tanto pude ver que la agroecología sí es posible. Me llevo de Cuba un tesoro”, resume emocionada. Y luego de la visita a los productores, “la única palabra que me sale es riqueza. Pensaba que venía a un país pobre y es alucinante. Mire a donde mire, eso es lo que veo: riqueza”.

De aquel primer evento solidario en 1996 fueron derivándose otros, hasta llegar a este VII Encuentro Internacional de Agricultura Sostenible y Cooperativismo, que sesionó del 18 al 23 de noviembre, en la escuela superior de la ANAP Niceto Pérez, ubicada en el municipio Güira de Melena, provincia de Artemisa. A solicitud de los participantes también realizaron los talleres de Agricultura Campesina, del 11 al 16 de noviembre; y De Campesino a Campesino, del 25 al 29 de noviembre.

Durante estos eventos, alrededor de 200 delegados de 31 países, visitaron fincas de agricultores, intercambiaron con sus familias, conocieron múltiples alternativas y prácticas que protegen la biodiversidad, y permiten alcanzar altos rendimientos.

 

Ya suman…

Al Movimiento Agroecológico De Campesino a Campesino, según datos de la ANAP, se habían incorporado, al cierre del pasado año, 159 335 fincas, que representan más del 72 por ciento del total dentro del sector agrario.

La ANAP es miembro fundador de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo y también pertenece a la Vía Campesina Internacional. Esta última organización apoyó la divulgación y reproducción del libro La Revolución Agroecológica, De Campesino a Campesino. Experiencia Cubana, el cual se editó hace seis años en cuatro idiomas: portugués, francés, inglés y español.

 


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia