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Publicado el 18 Noviembre, 2019 por Tania Chappi en Medio ambiente
 
 

Preservando la red de la vida

Dedicado, in memoriam, a la artista de la plástica y escritora Thelvia Marín, sesionó en la capital cubana un encuentro entre expertos y activistas en pos de la cultura medioambiental

Por TANIA CHAPPI

Martha Pérez Viñas, coordinadora de Alegremia Cuba, da la bienvenida a los participantes.

Martha Pérez Viñas, coordinadora de Alegremia Cuba, da la bienvenida a los invitados.

Fotos: Cortesía del Proyecto Alegremia Cuba

Mientras este fin de semana alcanzaban su clímax las múltiples, vistosas, celebraciones por el aniversario 500 de La Habana y acaparaban la atención de la prensa y el mundo, en esa misma ciudad transcurría –modesta, discretamente, pero con similar fervor–la 4ª Internacional de la Esperanza.

La muy popular Acualina, adalid de los acuíferos y las costas limpias, anduvo por el plenario, de la mano de su creadora, Ángela Corvea.

La muy popular Acualina, adalid de los acuíferos y las costas limpias, anduvo por el plenario, de la mano de su creadora, Ángela Corvea.

En el centro cultural La Plaza de 31 y 2 se reunían, desde bien temprano en la mañana y hasta el atardecer, decenas de personas empeñadas en proteger la naturaleza, transformar la manera en que los seres humanos se relacionan con ella y entre sí, compartir saberes ancestrales.

Las convocaba el proyecto comunitario Alegremia, de educación medioambiental vinculada con el arte y la literatura. Surgido en la Isla seis años atrás, se inspira en el movimiento homónimo que hace poco más de dos décadas iniciara el médico Julio Monsalvo en Argentina, tras aprehender el concepto que de salud tienen los indígenas y campesinos de Suramérica: vida sana es equivalente a agua limpia, aire puro, alimentación adecuada, relaciones armónicas entre las personas y su red de vida.

Representantes del grupo Familias cubanas por el naturismo abundaron en los beneficios de la medicina natural y tradicional.

Representantes del grupo Familias cubanas por el naturismo abundaron en los beneficios de la medicina natural y tradicional.

Agrupaciones y activistas independientes con ese perfil ya habían confluido en 2016 en Cochabamba, Bolivia, para participar en la primera edición de la Internacional de la Esperanza. Le seguirían encuentros en Chile y en suelo argentino. Traer el evento a la capital cubana significó un reto enfrentado con éxito gracias al apoyo de la Dirección de Cultura del municipio Plaza y del centro erigido en 31 y 2.

“Quienes desde la comunidad mantienen propuestas socioambientales a menudo se sienten solos. Por eso, el programa desarrollado aquí ha propiciado no solo que los asistentes desplieguen sus experiencias, sino que estas se articulen y potencien”, manifiesta la doctora Martha Pérez Viñas, coordinadora de la Alegremia en Cuba.

-Aprecio una gran variedad de actividades. ¿Qué relación tienen con el tema central, digamos, el espacio Un secreto para ti, de Radio Enciclopedia, y un grupo que reúne a niños con Síndrome de Down? 

Niños que forman parte del proyecto Necesito tu sonrisa.

Niños que forman parte del proyecto Necesito tu sonrisa.

-A lo largo de estos días, más de 50 participantes foráneos, provenientes de 10 naciones, y una cifra similar de cubanos han intercambiado conocimientos y maneras de hacer en torno a la agroecología (un paradigma es la finca Marta), la medicina natural, las tradiciones de los pueblos originarios de América, el cuidado de las costas, entre otros temas. Hubo presentaciones de libros y de la Biblioteca de la Esperanza. Se expusieron pinturas y artesanías realizadas con materiales reciclados, algunas de ellas son obra de adolescentes integrados en un círculo de interés de la escuela José Luis Arruñada.

En los jardines del centro cultural La Plaza fue sembrada una palma real, como símbolo de cubanía y alusión a la necesidad de reforestar.

En los jardines del centro cultural La Plaza fue sembrada una palma real, como símbolo de cubanía y alusión a la necesidad de reforestar.

“Nuestra perspectiva es biocentrista, o sea, promovemos el bienestar general del hombre y de la mujer, no como cúspides de la creación y dueños de la Tierra (ese es el enfoque antropocéntrico), sino como una parte de la red de la vida y responsables por la salud del planeta. Los dos ejemplos que mencionas siguen esa línea. Con sus canciones, los niños que vinieron nos emocionaron a todos. Eso es ampliar los límites del entendimiento humano”.

-¿Por qué le dedican la Internacional de la Esperanza a Thelvia Marín?

-Hablamos sobre una cubana de todos los tiempos, investigadora y defensora de las comunidades indígenas. Desde que iniciamos el Proyecto Alegremia trabajó junto a nosotros, hasta el final de sus días. En la Internacional… le rendimos homenaje en varios momentos, y sobre todo con un panel y la muestra Cosmovisión, de artes visuales, cuya pauta siguió el pensamiento de José Martí: hasta que no se eche a andar el indio, América no andará.

Una de las delegaciones más numerosas fue la colombiana, encabezada por Angélica Velasco, pedagoga e investigadora social. Ella nos explica:

“Vinimos un grupo de 10 mujeres. Provenimos de movimientos comunitarios, populares. Los medios de comunicación presentan una Colombia violenta, de narcotráfico y corrupción, insegura. Pues sí, mucho de ello hay, pero también ciudadanos que defendemos la biodiversidad, la vida, el derecho a la paz. Eso representamos nosotras, trabajamos en sectores sociales donde hay pobreza económica, pero no pobreza humana. Estamos comprometidas a generar esperanza”.

El ecologista y músico Osmel Francis, líder de Cubanos en la red, y uno de los fundadores de Alegremia Cuba, compartió con Angélica Velasco y sus compañeras colombianas los momentos finales del evento.

El ecologista y músico Osmel Francis, líder de Cubanos en la red, y uno de los fundadores de Alegremia Cuba, compartió con Angélica Velasco y sus compañeras colombianas los momentos finales del evento.


Tania Chappi

 
Tania Chappi