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Publicado el 26 Marzo, 2020 por Notimex en Medio ambiente
 
 

La urgencia de evitar los microplásticos en las aguas residuales

Con una gran variedad de tamaños, colores y composiciones químicas, e incluyen fibras, fragmentos, gránulos, escamas, láminas o espumas, llegan a los cuerpos de agua por diferentes vías, como la escorrentía de tierras contaminadas, las aguas residuales municipales o la deposición atmosférica.

Imagen ilustrativa: elciudadano.cl

Madrid, 25 Mar (Notimex).- El mundo demanda y produce cada vez más plásticos que, en su mayoría, terminan en ríos, lagos y el océano, que con el tiempo tienden a degradarse y desprender microplásticos, partículas de un tamaño menor a 5 milímetros, que se han extendido masivamente por los ecosistemas marinos y de agua dulce, así como en los suelos.

Otros microplásticos se añaden directamente a artículos de tocador y cosméticos, y llegan al medio ambiente a través de las aguas residuales de los hogares; también pueden generarse durante la abrasión de objetos, como la erosión de las llantas al rodar sobre el asfalto o el roce de los textiles sintéticos durante el lavado.

Los microplásticos tienen una gran variedad de tamaños, colores y composiciones químicas, e incluyen fibras, fragmentos, gránulos, escamas, láminas o espumas, que llegan a los cuerpos de agua por diferentes vías, como la escorrentía de tierras contaminadas, las aguas residuales municipales o la deposición atmosférica.

Las microfibras, el tipo más abundante de microplásticos en aguas residuales y aguas dulces, son motivo de especial preocupación, ya que se han identificado en el tracto intestinal de zooplancton, organismos que viven en los lechos de los ríos y mejillones, y pueden provocar un bloqueo intestinal y la muerte por inanición de estos animales.

‘La contaminación del agua por microplásticos es compleja y multidimensional, y su gestión efectiva requiere una variedad de respuestas’, afirma Birguy Lamizana, experto en aguas residuales del Programa de la Organización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y coautor de un estudio sobre microplásticos en aguas residuales que se publicará en los próximos meses, en alianza con el Instituto Internacional de Gestión del Agua.

En varios países ya se han introducido prohibiciones a los plásticos desechables y microplásticos en artículos de cuidado personal, y existen campañas para reducir su uso, pero la contaminación por microplásticos a partir del lavado de prendas sintéticas plantea otros desafíos.

‘Se estima que 35 por ciento de los microplásticos en los océanos se originan del lavado de textiles sintéticos’, señala Javier Mateo-Sagasta, coordinador de Calidad del Agua del Instituto Internacional de Gestión del Agua y coautor del estudio en alianza con el Programa de la ONU para el Medio Ambiente.

‘Una posible solución es desarrollar sistemas en los hogares para evitar que los microplásticos se liberen en el alcantarillado o el medio ambiente, pues ya existen tecnologías que pueden eliminar 97 por ciento de las microfibras, pero es necesaria una legislación efectiva para el manejo de microplásticos más allá de los artículos de tocador’, explica.

Hasta ahora, han quedado completamente fuera del ámbito de las políticas, por lo que debe explorarse la aplicación de gravámenes sobre telas o productos con altas emisiones de microfibras para financiar los costos crecientes del tratamiento de este problema, añade.

‘También debe mejorarse la gestión de las escorrentías para tratar los microplásticos, ya que hasta 80 por ciento de estas partículas que entran en los cuerpos de agua provienen de las fuentes terrestres’, comenta Mateo-Sagasta.

‘Necesitamos diseñar y adoptar soluciones para limitar el traslado de los microplásticos desde las ciudades y los paisajes, proteger los cuerpos de agua de los vertidos contaminantes, restaurar los ecosistemas de agua afectados y minimizar la exposición de las poblaciones en riesgo’, agrega Josiane Nikiema, líder del grupo de investigación sobre economía circular y contaminación del agua en el Instituto Internacional de Gestión del Agua y coautora del estudio.

‘El tratamiento de las aguas residuales y la escorrentía, y la gestión segura de los lodos de las plantas tratadoras es clave en el camino hacia estos resultados. La adopción y la implementación de la soluciones deben estar respaldadas por la legislación, tecnologías sólidas, instrumentos económicos, educación y con que impulsen un cambio real sobre el terreno’, considera.

En Europa y América del Norte se agregan, anualmente, cientos de miles de toneladas de microplásticos en los suelos, a través de lodos residuales de las plantas de tratamiento de aguas residuales. ‘La incineración de lodos para evitar la contaminación del suelo por microplásticos es una posibilidad, pero es costosa y priva a los suelos de materia orgánica, esencial para su salud’, concluye Nikiema.


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