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Publicado el 1 Mayo, 2020 por Redacción Digital en Medio ambiente
 
 

Según el tipo de producto

El plástico se degrada en el mar, pero… ¿Cuánto tarda ?

Un informe de Greenpeace nos permite conocer de forma estimada el tiempo que requieren varios productos cotidianos, como un vaso, una bolsa o una botella.
Tortugas envueltas en plástico

Tortugas envueltas en plástico (Pierre Huguet / AFP)

Seguro que te lo has planteado alguna vez: ¿cuánto tarda el plástico en degradarse y desaparecer? Para responder, recurrimos a un informe de Greenpeace que nos arroja datos sobre esta cuestión.

Factores que influyen

¿De qué depende que un residuo se descomponga antes o después? No toda la basura tarda el mismo tiempo en hacerlo. Las dos claves más decisivas son la composición del material y las condiciones ambientales. En concreto, el plástico es uno de los materiales más resistentes y que, por tanto, más tiempo tarda en desaparecer.

En cuanto a los agentes ambientales, destacamos el Sol. Los rayos ultravioleta son el mayor enemigo de los residuos.

Esto explica por qué la descomposición en el agua es mucho más lenta que en tierra. En el mar, a donde van a parar la inmensa mayoría de los residuos, las olas y las corrientes los arrastran hacia abajo. Su impacto acelera la descomposición, sí, pero cuando estos plásticos llegan abajo, a la superficie, quedan cubiertos de materia orgánica e inorgánica, que reduce su exposición a la radiación del sol.

Según el tipo de producto

¿En qué objeto en concreto has pensado al preguntarte esta cuestión? Los globos de colores son los productos de plástico que menos tiempo tardan en degradarse: unos seis meses. Si te parece mucho, espera a conocer los siguientes.

Por orden, las colillas tardan entre un año y cinco; una suela de zapato, entre 10 y 20; una bolsa -las míticas bolsas de la compra- unos 55 años. ¿Cómo es posible que algo tan pequeño dure tanto? Los vasos -los típicos de celebraciones- entre 65 y 75; un mechero, unos 100 años. Superado este umbral, las cifras ya son desproporcionadas y podemos esperar de todo. Así, Greenpeace estima que unos cubiertos pueden tardan unos 400 años; una botella, 500; y un hilo de pesca, 600 o incluso más.

Mucho, sí. Y las consecuencias son muy perjudiciales para los animales del mar, que confunden los restos de estos plásticos con comida o, directamente, se quedan enredados en ellos. Según se van degradando los plásticos, la unidad inicial se va dividiendo en trozos más pequeños, hasta llegar así a los microplásticos.

A veces, estos son tan pequeños que pasan inadvertidos para los animales, que los ingieren. Pero no se queda ahí. Hay evidencias de que éstos se transfieren en la cadena alimentaria y llegan a nuestros platos.

Ante esta situación, desde hace años se están planteando iniciativas para reducir tanto la producción como el consumo, aunque no se trata de una tarea sencilla. De momento, hay varios países que han prohibido las bolsas de plástico de la compra de un solo uso. Sin ir más lejos, la Unión Europea ha establecido el año que viene para empezar a aplicar estas medidas a algunos de estos objetos, como pajitas, bastoncillos, cubiertos y platos de plástico.

También diversas compañías arriman el hombro en esta lucha contra la contaminación, recogiendo los residuos mediante innovadores sistemas, promoviendo otro tipo de pesca, o pagando a pescadores locales para que los recojan.

Son buenas noticias para evitar la contaminación de los mares. Sin embargo, desde la organización ecologista alertan de que las cantidades actuales son tan grandes que no solo basta con decretar leyes, sino que también es importante la responsabilidad individual de los consumidores.

Por Javier Menéndez Sánchez Mónica La Mola en blogth inkbig


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