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Publicado el 3 Junio, 2020 por Redacción Digital en Medio ambiente
 
 

¡Adoro mi bicicleta!

Por la salud y la sostenibilidad del planeta

La ONU declara que se precisa otorgar mayor atención para que la bicicleta se incluya en los programas de desarrollo sostenible, para mejorar la seguridad vial y para fomentar con ello una cultura que promueva la salud física, mental y el bienestar en la sociedad.
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foto: Promar TV

El 3 de junio celebramos el Día Mundial de la Bicicleta porque así lo resolvió la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2018 para que todos los estados miembros lo conmemoren y creen conciencia al respecto.

Cuando celebramos un día internacional es porque se trata de una causa que necesita atención. En este caso, la ONU declara que se precisa otorgar mayor atención para que la bicicleta se incluya en los programas de desarrollo sostenible, para mejorar la seguridad vial y para fomentar con ello una cultura que promueva la salud física, mental y el bienestar en la sociedad.

Relación con la salud y la economía

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foto: The Conversation

El uso de la bicicleta está directamente vinculado con lo que las políticas de salud pública entienden como una vida más saludable y libre de humos.

Un informe para la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud de 2014 concluye que la bici salva vidas y es un motor económico. En Europa, el uso de la bici puede salvar 10 000 vidas cada año, creando además 76 600 empleos en el mismo periodo de tiempo. En España se estima que dejaríamos de perder 211 vidas al año, y ganaríamos unos 3 700 puestos de trabajo.

Puede que estemos haciendo un esfuerzo por fomentar el uso de medios alternativos de transporte, pero el vehículo a motor no pierde el lugar protagónico. No en vano, muchas de las ciudades de la Europa mediterránea están diseñadas para el uso del coche particular.

El contexto del sur de Europa

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foto: The Conversation

Consultando el Copenhagenize Index, que evalúa las ciudades más ciclables del planeta, puede verse que solo aparece Barcelona como ciudad española entre las 20 primeras de la lista. La primera es por supuesto Copenhague, seguida de Ámsterdam, Utrecht y Amberes.

Es difícil pensar en importar directamente ciertos modelos nórdicos a nuestros contextos. En esas ciudades se ven entre semana menos peatones, personas mayores y familias caminando. Aunque es envidiable su infraestructura vial radicalmente centrada en la bici y expulsora del automóvil, quizá deberíamos pensar en una forma de uso de la bici algo distinto para el sur. Eso significa pensar en modelos respetuosos con las personas que caminan, que en nuestras ciudades son muchas.

Por último, en lo que respecta a la difícil negociación de la bici con el vehículo a motor, es importante conseguir una masa crítica. Necesitamos llegar a la cantidad de personas usuarias de bici que genere un volumen suficiente para que sea tenido en cuenta frente al transporte individual a motor.

¿Qué ganamos y cómo?

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foto: The Conversation

Las ventajas van más allá de lo medioambiental. Existen abundantes publicaciones que han demostrado las virtudes del transporte activo para la población y el ecosistema urbano.

Los efectos positivos serían también notables para el caso de muchas enfermedades al evitarlas o reducir su intensidad. Entre las dolencias que mejorarían gracias a las rutinas de transporte activo se encuentran algunas con una amplia incidencia entre la población:

  • Enfermedades cardiovasculares (hipertensión, cardiopatías, colesterol).
  • Enfermedades metabólicas (diabetes tipo II, sobrepeso, obesidad).
  • Enfermedades osteoarticulares (osteoporosis, artritis).
  • Estrés, depresión y ansiedad.

Todas estas razones del ámbito de la salud justifican que se estimule la movilidad sostenible desde las políticas públicas a través del impulso a infraestructuras que mejoren la seguridad de los ciclistas y los viandantes.

También es necesario proporcionar información que haga visibles a ojos de la sociedad las ventajas de la movilidad sostenible en términos de eficiencia, reducción de costes, respeto al medioambiente, mejora de las redes sociales y otros ámbitos.

En definitiva, se trata de apostar por una vida centrada en las personas, con menos humos, por la sostenibilidad ambiental y por la salud del planeta.

De momento, no tenemos otro.

(con trabajos de The Conversation)

 


Redacción Digital

 
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