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Publicado el 6 Julio, 2020 por Jessica Castro Burunate en Medio ambiente
 
 

TREN MAYA

Sobre rieles por la Historia

Lo que fuera el periplo de la antigua civilización amerindia, hoy se convierte en un ambicioso proyecto tecnológico e ingenieril del Gobierno mexicano, tan esperanzador como controvertido
Tren maya

(Gráfica: Info-transportes.com.mx)

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

A una velocidad felina de hasta 160 kilómetros por hora, el ancestral territorio maya será atravesado por un tren cuya puesta en marcha supone un verdadero reto de la ingeniería. Definitivamente, la superposición de hitos civilizatorios parece ser otra de esas peculiares marcas de la modernidad.

Este será un convoy “moderno, turístico y cultural”, con el que Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, busca comunicar los principales centros arqueológicos de esa cultura precolombina en cinco estados del sureste del país. El alcance del recorrido se prevé en 1 500 kilómetros, aproximadamente. De ellos, 500 pertenecientes a la selva maya, segundo pulmón forestal de América Latina, después de la Amazonía.

Los ferrocarriles, se sabe, se precian de su eficiencia y reducen las emisiones a la atmosfera más que otros medios de transporte. Aunque esta obra en particular resultará muy costosa, la mayoría de los economistas la consideran viable debido a las reacciones económicas favorables que provocará en cadena.

Según los promotores del proyecto, los servicios ferroviarios brindarán a las comunidades, los turistas y las mercancías la oportunidad de viajar entre las poblaciones de la región, con el objetivo de apoyar el crecimiento y redistribución tanto del turismo como de las actividades económicas, así como generar más oportunidades y facilidad de acceso al empleo.

Trazado del proyecto del Tren Maya. (Mapa: FONATUR)

Trazado del proyecto del Tren Maya. (Mapa: FONATUR)

Los territorios del sur-sureste mexicano muestran una importante concentración de las actividades económicas en un número limitado de centros urbanos. Estos se encuentran apartados entre sí (en promedio, por 320 kilómetros) y, en su mayoría, distantes del resto de las localidades, así como de las principales regiones productivas del país. Debido a su geografía, historia y patrimonio monumental, la península goza de una extensa oferta de atractivos turísticos. Sin embargo, no todos los destinos turísticos se han desarrollado plenamente, no se ha aprovechado el potencial y muchas comunidades han quedado en la marginación.

Es así como la tecnología llega prometiendo progreso y desarrollo socioeconómico para esta región cuyo potencial –por tanto, las oportunidades para sus habitantes– ha visto limitado su aprovechamiento debido a las condiciones geográficas y la infraestructura de conectividad disponibles.

Se estima que para 2030 se crearán 715.000 nuevos empleos en los 16 municipios donde se construirán estaciones: 150 000 en la economía rural y 80 000 en la construcción de los primeros cinco tramos de línea. Según ONU-Habitat, para esa fecha la pobreza en el sureste se contraerá 15 por ciento a lo largo de la ruta trazada.

En cambio, desde que fue anunciado en 2018 el ambicioso plan, el intenso diálogo nacional no ha dejado de encontrar junto con los entusiastas, detractores.

El Tren Maya está acompañado de uno de los procesos consultivos más complejos de la historia del país. Así, en estos dos años el debate se ha centrado en la controversia ambiental y también sociopolítica. En el último caso, la más relevante alude a posibles violaciones a los derechos de los pueblos originarios de la región.

Durante el requerido proceso de Consulta Indígena, que se desarrolló en noviembre de 2019, la información presentada hacía referencia a los beneficios, y no tanto sobre los impactos negativos que pudieran ocasionar las obras. La ausencia de estudios sobre tales impactos o la falta de difusión de estos, dificultó en ese momento el posicionamiento de los indígenas frente al proyecto.

Como sea, esta es una empresa a la que se ha apostado mucho. Incluso, en tiempos de pandemia fue incluida entre las actividades esenciales que podrán continuar, a pesar de las medidas adoptadas por la Secretaría de Salud a raíz de la COVID-19.

Polémica ambiental, aún en el candelero

Tren Maya medio ambiente

La tecnología láser LiDAR irá en auxilio del Tren Maya, para que este lleve a cabo su espíritu conservador del patrimonio histórico y cultural. (Foto: heraldodeméxico.com.mx)

La página oficial del Tren Maya lista, bajo el apartado de beneficios ambientales, la conservación y rehabilitación de las áreas naturales protegidas de la península de Yucatán, poner freno a actos como la tala ilegal y el tráfico de especies, además del impulso de actividades económicas que hagan un uso menos intensivo del suelo y de los recursos naturales, entre otras.

Sin embargo, el tren recorrerá una de las zonas con mayor riqueza ambiental del país, la zona de Calakmul y la reserva de Sian Kaan, y también más de una decena de áreas naturales protegidas.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) de México ha advertido que en la península, por ejemplo, la caravana impactará los macizos de selva más grandes y en mejor estado de conservación del país y de Mesoamérica. Hablamos de ecosistemas con manglares y otros humedales que podrían sufrir alteraciones (degradación de los suelos, fragmentación, deforestación).

En opinión del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, también existen riesgos de agotamiento y contaminación del acuífero de Yucatán, debido al incremento de la actividad que llegará cuando las obras estén concluidas; así como el peligro de extinción de flora y fauna y una mayor generación de residuos y ruidos.

No obstante, hasta los más reticentes reconocen que la mayoría de los peligros puede reducirse si se cumple con las leyes y se sigue una adecuada estrategia de mitigación.

En México existe, desde 1988, una Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, reguladora de las construcciones que puedan afectar el equilibrio de algún ecosistema. Asimismo, los que quieran conducir obras de estas dimensiones, deben presentar la llamada Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para “prevenir, atenuar y restaurar los daños al ambiente”.

La MIA del Tren Maya, con casi 2 000 páginas de contenido, fue recién entregada a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Entre sus anotaciones propone la adopción de un sistema de tracción con diésel –el llamado Ultra Bajo Contenido de Azufre (UBA) o “diésel limpio”–, por ser el combustible que resulta económicamente más eficiente en la mayor parte del trazado.

Aun así, “no es descartable analizar, más adelante, cómo sería la implementación de un sistema de tracción mixto para los tramos de mayor demanda (Cancún-Tulum, Mérida-Tulum e, incluso, para Tulum-Bacalar), razón por la que la infraestructura deberá estar preparada para una futura electrificación”.

En el MIA se reconoce la existencia de 315 especies de animales en la región, que son endémicos y están bajo alguna categoría de riesgo dentro de la Norma Oficial Mexicana. Entre estos se cuenta el jaguar, en peligro de extinción, especie de gran valor espiritual para las comunidades locales por su significado dentro de la cosmovisión prehispánica maya.

Para lograr la subsistencia de los animales, el proyecto contempla la construcción de 40 pasos de fauna inferiores y aéreos para grandes mamíferos, pequeños vertebrados y mamíferos arborícolas y anfibios. Esto “permitiría minimizar la segmentación de los ecosistemas, incrementar la permeabilidad y la conectividad del hábitat y reducir las colisiones con los animales silvestres”, apunta el documento.

Por otra parte, la superficie total con vegetación de importancia forestal que será removida por el cambio de uso de suelo, es de 606.04 hectáreas, donde hoy existen 11 094 ejemplares de flora, entre estas cinco especies protegidas por la legislación mexicana.

Según el Fondo Nacional de Fomento al Turismo, el Tren Maya llevará a cabo acciones de mitigación y reforestación en cada kilómetro. En un comunicado emitido a finales de junio de este año, la agencia establecía que el total de especies arbóreas a remover son 11 árboles por hectárea. Es decir: solo serán afectados 6 637 árboles, los cuales se rescatarán y reubicarán de acuerdo con la estrategia presentada en la MIA.

A pesar de que el programa presenta un extenso y detallado plan de mitigación, ambientalistas mexicanos advierten que la evaluación publicada solo recoge 42 por ciento del proyecto: 631 kilómetros de los 1 500 kilómetros que contempla la construcción.

Alejandro Olivera, representante en México del Centro para la Diversidad Biológica, explicó a la prensa local que de esta forma no es posible analizar los impactos acumulativos y sinérgicos de la totalidad del Tren Maya. Es decir, el informe presenta una visión fragmentada y no sistémica de los potenciales problemas, algo preocupante cuando se habla de ecosistemas.

El cuestionamiento, sin duda, generará nuevos debates en los próximos meses. Por lo pronto, el proyecto ya está en marcha. Se espera que la construcción de cada tramo tome alrededor de dos años y medio, para luego iniciar la habilitación del material rodante y sus pruebas correspondientes.

De manera que en el año 2023 podría estar listo el primer trecho por donde circularía la serpiente maya de hierro.

Tecnología para preservar

El tren puede favorecer el conocimiento de la historia de la civilización maya, pero a muchos les queda la preocupación sobre qué sucedería con la riqueza arqueológica aún por descubrir que se encuentra bajo el área de influencia de la ruta. Más de 3 000 sitios de interés, según expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

México es un país rico en patrimonio y con cierta experiencia en su preservación. De hecho, es pionero en aplicar la tecnología láser denominada Detección de la Luz y Distancia (LiDAR, por sus siglas en inglés), que ha revolucionado la arqueología a nivel mundial, ayudando a descubrir ciudades enteras, y que ahora también se planea utilizar en el proyecto del Tren Maya.

Drones equipados con LiDAR serán los encargados de dibujar los trazos de la vía que guiará la maquinaria. La densa vegetación de la selva ya no será un problema. La tecnología ha permitido una cartografía precisa y no invasiva.

Básicamente, el dispositivo funciona disparando pulsos de luz cortos y de alto poder, capaces de superar hojas, árboles y otros obstáculos visuales. Los rayos rebotan sobre la superficie y vuelven al sensor, el cual determina a qué distancia está el objeto o estructura. De esa forma es posible reconstruir la imagen, que se lee y codifica a través de un escáner. Este proceso se repite hasta conseguir un plano tridimensional de la zona.

El láser ayuda a eliminar digitalmente el bosque para revelar las ruinas, como se probó en Tajín, capital del imperio Totonaca y una de las zonas arqueológicas más importantes. Gracias al LiDAR, se logró identificar tres canchas de juego de pelota, dos edificaciones denominadas “balcones” y un área habitacional de más de 1 000 años de antigüedad.

“Está ayudando a los arqueólogos para identificar zonas en terrenos extensos; antes de que existiera este sistema recurríamos a la fotogrametría y al análisis de imagen satelital. Sin embargo, eso no quiere decir que dejaremos la investigación de campo”, explicó a El Heraldo de México, Pedro Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH.

Asimismo, el equipo del arqueólogo Ivan Šprajc identificó estructuras piramidales, palaciegas y más de 20 estelas con jeroglíficos en un área modificada por los mayas hace más de un milenio, alrededor de la Reserva de la Biósfera de Calakmul, en Campeche.

Dada su probada utilidad, los especialistas del INAH, quienes primero propusieron su uso dentro del proyecto del Tren Maya, esperan que la tecnología evite el daño a monumentos arqueológicos escondidos en el espesor de la selva.

Que el progreso no sea un depredador del medioambiente y la cultura, es uno de los grandes retos de ese desarrollo, que en el siglo XXI aspira a ser sostenible. Si antes casi se había tallado en piedra que civilización y naturaleza eran excluyentes, ahora sabemos que no, o al menos aspiramos a que así sea.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate