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Publicado el 15 Junio, 2021 por Pastor Batista en Medio ambiente
 
 

ENTRE ZOOLÓGICOS

Más animales, nuevas especies, disfrute superior

La actual pandemia no ha podido frenar la voluntad de seguir enriqueciendo esos espacios recreativos donde la conservación se multiplica, adquiere nuevas formas de expresión e incluye el conocimiento, la educación y el aporte de la sociedad
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camello

Ya Asiel y el dromedario Ernesto han hecho excelentes relaciones.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

No solo el jirafo Félix ha cambiado de hogar. Al menos para los lectores de BOHEMIA no es necesario explicar quién es. Nuestro espacio digital fue testigo de su reciente traslado desde Ciego de Ávila hacia el Parque Zoológico Nacional, en La Habana (con fines de reproducción) y de la verdadera avalancha de comentarios que originó ese acontecimiento en sitios como Cubadebate, escritos todos con una alta dosis de respeto y de predominante humor.

Pero volviendo al asunto, otro movimiento de animales ha tenido lugar por estos días dentro del  país, en el contexto de las fraternales relaciones que mantienen los zoológicos cubanos, para hacer cada vez más atractiva e instructiva esa alternativa de esparcimiento, que tanto gusta entre chicos y adultos.

Se trata de un dromedario, una pareja de antílopes Eland del  Cabo, un antílope Gran Kudú, un caballo y un pequeño poni, que recorrieron exactamente la misma cantidad de kilómetros que Félix (más de 400), pero en dirección contraria: La Habana-Ciego de Ávila.

Según información ofrecida por Nelson Gómez Mantilla, médico veterinario del zoo avileño, con esa nueva inyección se eleva a 52 el número de especies existentes allí y a más de 400 la cantidad de animales.

La llegada del apacible dromedario Ernesto y sus amigos de pradera no responde, sin embargo, a un designio meramente cuantitativo. Casos como el del caballo Crucero, integrante de la misma comitiva, van mucho más allá de cualquier enfoque numérico si se tiene en cuenta la intención de insertarlo, cuando las condiciones lo permitan otra vez, en el proyecto de equinoterapia que desde hace años se concreta con el Ministerio de Salud, para tratamiento a niños con discapacidades.

Ariel González Moleiro, director del Complejo Parque Zoológico Ciego de Ávila, añade que si bien Félix viajó a la capital con la misión de fecundar a las cinco jirafas hembras radicadas allí (recordemos que es el único ejemplar masculino de esa especie, todavía vivo en Cuba), al recién llegado poni le aguarda idéntica encomienda acá, donde hasta ahora faltaba un macho de raza pura, como él, apto para preñar y asegurar nuevos nacimientos.

zoológico

En los trabajadores del zoo avileño, los nuevos animales encuentran afecto y buenas atenciones.

 YO PONGO MI ANIMALITO

No solo así, de manera digamos “oficial”, se reoxigena el espacio interno de la institución avileña. Animados por el deseo de cooperar –pero sobre todo sintiendo suyo ese Complejo que es en verdad de todos- varios habitantes se han acercado en diferentes momentos para donarle su “animalito” al zoo.

Ninguno, desde luego, se ha aparecido con un tigre a cuestas, con un elefante bajo el brazo o halando a un rinoceronte. Pero… ¿qué niño no se queda extasiado contemplando, igualmente, a ese majá que serpentea sacando su viperina lengua, a la tortuga que “bracea” lentamente en las aguas del estanque o a esa lechuza que pasa horas y horas con la mirada perdida en la lejanía, pensando quién sabe en qué?

Por ello, aunque el dromedario Ernesto no alcance la altura (simpatía) que a lo largo de once años remontó Félix, hay quienes ya le auguran un alto poder de hechizo también, cuando las circunstancias cambien e, hincado de rodillas, ofrezca la posibilidad de montarse sobre él y de tomarse una foto, fantasía que los niños jamás pudieron materializar a lomo del espigado jirafo.

CONSERVACIÓN EN AMPLIO ESPECTRO
pavos reales

Hermosa siempre la presencia de los pavos reales. Pastor Batista

Es indudable que la presencia de más de 400 animales y de medio centenar de especies  evidencia el empeño que ponen unos 135 trabajadores para conservar la fauna que tienen bajo su responsabilidad.

La indeseada e indeseable coyuntura que atraviesa el país, desde que el nuevo coronavirus irrumpió dentro de territorio nacional, ha puesto a prueba también la inteligencia y capacidad del colectivo para asegurar la conservación integral del Parque.

Si por obra y gracia de la naturaleza (o de esa ciencia que cada día se bate a muerte contra el SARS-CoV-2) mañana mismo Cuba retornara a la normalidad, las tres áreas del zoo avileño podrían abrir puertas “como si nada viral hubiese ocurrido”.

Entorno general impecablemente limpio gracias a la labor de quienes deben hacerlo, animales saludables sobre la base de la atención que les dispensan cuidadores, especialistas y directivos; heladería, cafetería, aula para educación ambiental, tienda para venta de juguetes, edificio socio-administrativo, puentes para interconexión con otras áreas, restaurante, piscina, parrillada, plaza para niños, ranchón, espacio para la equinoterapia… mantienen la  vitalidad y lozanía de siempre.

A menudo, cuando Juan Carlos Martínez, Ana Mary Pupo y sus niñas jimaguas Seychell y Seiklyn, circulan por la vía pública central que corta en dos al zoológico, les parece escuchar la música que tantas veces disfrutaron allí, en un ambiente cargado de cordialidad y de sosiego, durante la sabatina noche de una zootemba que aguarda su propio retorno, para seguir “engrasando tobillos, rodillas y caderas de los más puros, poniendo en musical movimiento a muchísimos jóvenes y sumando a niños, al compás de melodías pertenecientes a un ayer reciente, tan bien conservado como los animales del lugar.

cocodrilo

Como los demás animales, también este cocodrilo está bien alimentado.

ESTO NO LO PARA NADIE

Después que un zoo salta sus muros… no hay quien lo frene.

Prueba de ello ha sido el trabajo de educación ambiental y las actividades que esa institución ha extendido a unas 130 comunidades, la mayor parte de ellas ubicadas en zonas muy alejadas o de más difícil acceso.

Cuidadores como el joven Asiel Echemendía, o hasta Rafael Mancebo, jefe mantenimiento general, conocen muy bien el valor que tiene tocar las fibras más internas del ser humano, con el noble propósito de “despertar el cuidado que toda persona sí lleva dentro hacia los animales”.

Ese es una de las aspiraciones con que el Complejo ha asumido un espacio en el municipio de Venezuela, suerte de extensión o de prolongación desde el punto de vista recreativo y medioambiental, que seguramente agradecerán quienes residen o visiten ese sureño territorio.

El SARS-CoV-2, en fin, ha venido a crear problemas, a interponer riesgos, a limitar el movimiento, a generar contagio, enfermedad, transmisión… Eso es indiscutible. Pero que no imponga su macabra voluntad –y que no maniate a todo el mundo- depende en gran medida de esa capacidad de resilencia cada vez más enarbolada por quienes confían en la voluntad humana para adaptarse y superar circunstancias adversas.

Inclúyase ahí al zoo avileño, plantado in situ y orbitando digitalmente con sus más de 400 animales a bordo, desde los multivistosos pavos reales convertidos en perfecto abanico, las apacibles cebras y los aparentemente adormecidos cocodrilos, hasta ese temperamental poni que acaba de llegar con los bríos de Palmiche y la sangre más caliente que Elpidio Valdés porque, haciéndole honor a su genial frase, sabe perfectamente que “todavía hay mucho machete por dar, Compay”.

 

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Pastor Batista

 
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