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Publicado el 22 Marzo, 2015 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Aumenta el número de caballos en Cuba

caballos-cubanosPor el DR. WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

Nuestro sueño de ver crecer la cantidad de caballos ya es una realidad. Las cifras así lo demuestran: de 469 mil rocines registrados por la Oficina Nacional de Estadísticas (2005) la misma fuente nos dice que eran 725 mil 600 en 2013, un incremento de 250 mil jamelgos (34 por ciento) en nueve años. Un análisis sencillo nos enfrenta a hechos que propiciaron este crecimiento y lo harán crecer aun más en años venideros:

1) Su empleo como animal para el transporte de personas y acarreo de mercancías en casi todos los poblados de país, ha elevado su valor utilitario a la categoría de medios de trabajo. Son muchos miles de cubanos que ganan hoy el sustento, y mantienen a sus familias gracias a la labor de sus bestias.

2) En consecuencias, vigilan el momento óptimo para la cubrición, los cuidan y alimentan como nunca antes.

3) Su valor monetario se ha incrementado hasta cifras nunca antes soñadas: cualquier equino, aunque sea un penco, hoy cuesta un Potosí y si se tratase de un Quarter Horse, un Apalossa o un pura sangre inglés en buenas condiciones serán cifras astronómicas.

Es por ello que vale más vivo que en trozos de carne. De hecho, desapareció la equinofagia, como se denomina la descabellada costumbre de comer carne de caballo bajo el pretexto de mayor valor nutritivo, porque sobran en la granja u otras sandeces que viciaron el pensar en una pequeña parte de la sociedad cubana por muchos años.

El número de asnos (burros), también creció de ocho mil 700 ejemplares (2005) a 14 mil 400 (2013) porque lo tengo, lo reproduzco y me sirve en muchas tareas; sin embargo, las cifras de mulos descendieron de 21 mil 600 (2005) a 20 mil 700 (2013). La explicación es fácil: pocos cubren sus yeguas con burros para lograr mulos, un híbrido muy útil para el acarreo de mercancías… pero solo en lomeríos y serranías. Y un caballo en el llano, es ¡un caballo! ¡Nos vemos!

Con mi Veterinario

Respuesta al doctor Raúl Serrate, del municipio de Diez de Octubre, en La Habana

Por DR. WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

27 de febrero de 2015

Nuestro sueño de ver crecer la cantidad de caballos ya es una realidad. Las cifras así lo demuestran: de 469 mil rocines registrados por la Oficina Nacional de Estadísticas (2005) la misma fuente nos dice que eran 725 mil 600 en 2013, un incremento de 250 mil jamelgos (34 por ciento) en nueve años. Un análisis sencillo nos enfrenta a hechos que propiciaron este crecimiento y lo harán crecer aun más en años venideros:

1) Su empleo como animal para el transporte de personas y acarreo de mercancías en casi todos los poblados de país, ha elevado su valor utilitario a la categoría de medios de trabajo. Son muchos miles de cubanos que ganan hoy el sustento, y mantienen a sus familias gracias a la labor de sus bestias.

2) En consecuencias, vigilan el momento óptimo para la cubrición, los cuidan y alimentan como nunca antes.

3) Su valor monetario se ha incrementado hasta cifras nunca antes soñadas: cualquier equino, aunque sea un penco, hoy cuesta un Potosí y si se tratase de un Quarter Horse, un Apalossa o un pura sangre inglés en buenas condiciones serán cifras astronómicas.

Es por ello que vale más vivo que en trozos de carne. De hecho, desapareció la equinofagia, como se denomina la descabellada costumbre de comer carne de caballo bajo el pretexto de mayor valor nutritivo, porque sobran en la granja u otras sandeces que viciaron el pensar en una pequeña parte de la sociedad cubana por muchos años.

El número de asnos (burros), también creció de ocho mil 700 ejemplares (2005) a 14 mil 400 (2013) porque lo tengo, lo reproduzco y me sirve en muchas tareas; sin embargo, las cifras de mulos descendieron de 21 mil 600 (2005) a 20 mil 700 (2013). La explicación es fácil: pocos cubren sus yeguas con burros para lograr mulos, un híbrido muy útil para el acarreo de mercancías… pero solo en lomeríos y serranías. Y un caballo en el llano, es ¡un caballo! ¡Nos vemos!


Walfrido López Gonzàlez