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Publicado el 11 Marzo, 2016 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Intolerancias de las mascotas

Reacciones alérgicas individuales a los antibióticos y hasta en las aplicaciones desinfectantes. Y de los alimentos ¡Qué decir! He visto morir animales magníficos, víctimas de la ignorancia de sus amos
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Cachorros de Dálmata

( Walfrido lópez González)

Por DR. WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

ALBERTICO RODRÍGUEZ, MORÓN, CIEGO DE ÁVILA: Cierto. La intolerancia a ciertos anestésicos, medicamentos y alimentos puede presentarse por igual en cualquier faldero hogareño o un perrote dedicado al cuidado del ganado. Un sabor amargo acude a mi memoria al recordar los sobresaltos ocasionados por anestésicos como el Hidrato de Cloral y el Pentobarbital empleados en mis inicios profesionales, muy diferentes a los anestésicos inhalantes, el propofol y la noble ketamina que hoy empleamos. Reacciones alérgicas individuales a los antibióticos de uso corriente y hasta en las aplicaciones desinfectantes previas a una cirugía ¡Horror!

Y de los alimentos ¡Qué decir! He visto morir animales magníficos, víctimas de la ignorancia de sus amos al administrar langostas, camarones, calamares y otros crustáceos, que si bien agradan al paladar canino, resultan al ladrador un tóxico, fatal en el 80 por ciento de los casos; sin embargo, ninguna de estas situaciones –reitero- es comparable a la toxicidad que ocasiona el chocolate.

¡Sí, esa barra de chocolate que el amo da a su mascota como muestra de su cariño! contiene teobromina, un alcaloide similar a la cafeína, que también resulta tóxico a los humanos si se ingiere en demasía.

Coma ya expliqué en una publicación anterior, estudios recientes demuestran que el humano requiere 2-3 horas para digerir la teobromina contenida en una barrita de 100 gramos mientras el perro requiere 18 horas para metabolizar la misma cantidad. Quiere decir que somos capaces de metabolizarla a una velocidad nueve veces mayor que nuestra mascota. Una dosis de 250 mg de teobromina por kilogramo de peso vivo conduce a la muerte, pero dosis ínfimas como 5 mg/kg en animales de pequeña talla (chihuahua, pekinés, poodle, yorkshire-terrier) provocan un cuadro tóxico caracterizado por diarreas, jadeo paroxístico, temblores que pueden derivar en convulsiones, que no resulta raro confundirlos con una hepatitis viral canina, enfermedad con iguales síntomas. Una visita en urgencias al veterinario puede tener cierto valor, aunque se trata de rescatar de la muerte lo que ya le pertenece.

Nada, algo bueno hay en este artículo: guarda el chocolate para ti y entrega a tu perro un pedazo de carne. Su salud te lo agradecerá. ¡Nos vemos!

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Walfrido López Gonzàlez