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Publicado el 30 Mayo, 2016 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

No olvidar el instinto animal

El instinto animal en los mamíferos y en casi todas las especies es algo congénito y propio de cada paciente o mascota
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(gatosyperros.wordpress.com)

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Por DRWALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

Respondo ahora a IDANIA TREVIÑO, de PLAZA DE LA REVOLUCIÓN, en CIUDAD DE LA HABANA:

Los instintos animales pueden ser considerados como actitudes inherentes a todas las especies y es una condicional a tener en cuenta por el veterinario y el propietario al momento de atender un paciente. Nadie puede pretender inyectar a un gato sin una inmovilización perfecta so pena de ser arañado o mordido; tampoco podemos atender a un perro sin bozal o al menos con la boca cerrada por una cuerda. Ningún veterinario que actúe con cordura puede aceptar del propietario la aseveración de  “mi perrito no muerde” o “mi gato es un bitongo”, porque si bien son cariñosos con su amo, su actitud ante un extraño será distinta.

Estos instintos animales difieren de una especie a otra, aunque   tienen cualidades comunes tendentes a la supervivencia de la especie: 1) búsqueda de alimentos; así un gato hambriento robará el pescado dispuesto para la cena, un rebaño de reses ávido de alimentos rompe cuanta cerca aparezca en busca de un pastizal, y las gallinas del patio entrarán al hogar en busca de granos en el suelo; 2) capacidad de lucha ante la agresión: la vaca cebú pateará a quien pretenda atar las mancuernas necesarias al ordeño; el caballo no permitirá la cuchilla para rebajar el casco sin una mordaza en el labio o la oreja; 3) valoración individual de su fuerza, algo que a diario vemos cuando un perrito no enfrenta a un enorme Rotteweiler o un Staffordshire terrier porque evade una lucha desigual y a nadie le gusta perder.

El instinto animal en los mamíferos y en casi todas las especies es algo congénito y propio de cada paciente o mascota. El gato no oculta sus deyecciones por actuar higiénico. Lo hace porque ello constituye el ocultamiento de su existencia ante sus enemigos biológicos, digo, auras, gavilanes, águilas y el cada vez más abundante cernícalo; una limpieza bucal o sutura de una herida al perro o gato sin la sedación necesaria enfrentará al veterinario ante una fuerza inimaginable, siempre peligrosa; montar un corcel sin la doma indispensable traerá por resultado un jinete lanzado por los aires, aunque las películas del oeste muestren lo contrario, y lo más corriente: una pisada sobre la cola del gato o el perro es una agresión física y será respondida con una mordida.

Son muchos los propietarios de mascotas y veterinarios que a sabiendas pasan por alto estas reglas de protección, y puedo narrar a mis tolerantes lectores: todos los profesionales en los inicios caemos en ese error. En lo personal, doy estas recomendaciones tras recibir muchas mordidas, arañazos, patadas de reses y hasta embestidas de toros. Confieso que he vivido. ¡Nos vemos!

 

 

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Walfrido López Gonzàlez