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Publicado el 14 Octubre, 2016 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

El animal más querido

¡Cuánta enseñanza para los carretoneros cubanos!
(Foto-Adelinde-Cornelissen-www.usdf2012olympics)

(Foto-Adelinde-Cornelissen-www.usdf2012olympics)

Por WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

En las competencias ecuestres de Río de Janeiro 2016 un hecho demostró cuánto puede amar el jinete a su caballo. Fue cuando la holandesa Adelinde Cornelissen, horas antes de disputarse la prueba de adiestramiento, observó hinchazón y fiebre de hasta 40 grados en Parzival, su adorado corcel, el mismo que le había propiciado plata olímpica en doma individual, y bronce por equipos, en Londres-2012. De inmediato, un equipo veterinario atendió al animal. Se trataba de una picadura de insecto, probablemente una araña que inyectó su veneno lo que provocó el malestar. La mujer se instaló en el establo, incluso, durmió en el suelo recostada a su amigo, porque, sepa el lector: no es el perro sino el caballo, el animal doméstico más querido por el hombre.

Recuerdo una anécdota: una yegua que el padre había regalado a su hijo ya tenía deterioro físico y esa edad tan avanzada aconsejaba la eutanasia compasiva con una sobredosis de anestésico. El hijo se opuso: –¡Esa yegua es mía, me la regalaste! A lo que el padre, con lágrimas en los ojos, contestó: “Hijo, cuando tú naciste ya era adulta; me llevaba a todas partes y hasta me salvó la vida cuando me desmayé sobre ella. Yo la quiero más que a mi propia vida y en realidad nunca te la regalé ¡Tú fuiste mi regalo para ella!”. Hijo y padre se abrazaron en llanto desconsolado.

Pero volvamos a Río 2016: los veterinarios lograron que Parzival mostrara evidentes signos de mejoría horas antes de la prueba… pero no suficientes, pese a lo cual, salieron a la arena. Fue ahí cuando Cornelissen notó algo extraño en su animal y, en un gesto que arrancó lágrimas en muchos, desistió de participar. “Cuando entramos a la pista, sentí que Parzival no estaba al máximo, y para un luchador como él, que nunca se rinde, tal actitud era preocupante, y para protegerlo renuncié”, declaró a la prensa y agregó: “Mi camarada, mi amigo, el caballo que me ha dado toda su vida no se merece sufrir, por eso saludé al público y abandoné el concurso”, dijo visiblemente emocionada, quien renunció al sueño de una medalla olímpica, posiblemente hasta un oro, por cuidar la salud de su caballo. ¡Cuánta enseñanza para los carretoneros cubanos! ¡Nos vemos!

 

 


Walfrido López Gonzàlez