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Publicado el 3 Noviembre, 2016 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Los caballos han sido, son y serán animales muy útiles al hombre

Nunca olvidaré las palabras de mi tío Cadencio: ¡qué sabes tu lo que es amor si nunca has dado un beso a un caballo!

Respuesta a JOAN CORRALES. REGLA. LA HABANA.

Cierto ¡mil veces cierto! Los caballos han sido, son y serán animales muy útiles al hombre per secula secolorum. Sobre su cuerpo el hombre el hombre cabalgó, labró la tierra, transportó cargas por siglos hasta transformar el mundo… y aun continua en estas y otras andanzas. Fue el animal que dio origen al albéitar, precursor del veterinario actual.

Recuerdo de niño adoraba ver los caballos pasar frente a mi casa y cuando vi correr un pura sangre inglés, se  despertaron mis sueños de llegar a ser el veterinario que fui, soy y seré hasta que Dios decida llevarme a su lado.

Y me enfrenté de estudiante al Tratado de Anatomía del Caballo de Septimus Sisson, uno de los textos más hermosos y complejos de la carrera. Lo aprendí desde el prologo hasta la bibliografía… y me nombraron profesor de esta disciplina.

Por entonces, el veterinario cubano que no conociera el muermo, la Encefalomielitis Viral Infecciosa, la Anemia Infecciosa Equina; sus más frecuentes parasitosis y enfermedades de la piel, el pie y el casco; detectar en qué extremidad estaba el daño que provocaba la cojera, reducir el sarro dental o combatir el cólico intestinal, se le consideraba profesional de tercera categoría.

Hoy las cosas han cambiado: el veterinario ya no tira para el monte. Las universidades de todo el mundo dan prioridad a otras especies productivas y hogareñas.

Salvo los fabulosos veterinarios de  campo (Vet Town) nacionales y foráneos, pocos se dedican a curar dolencias presentes en el noble corcel, pese a lo cual hoy la veterinaria al servicio de los equinos  es fabulosa: detección de tumores por scanner y sesiones de quimioterapia o cirugía para su extirpación, enclavados intramedulares ante fractura complejas seguidas de  sesiones de fisioterapia en piscinas provistos de salvavidas especiales, (el proceder ante una hueso quebrado hasta los años sesenta era un disparo en la sien).

Siempre ha sido un animal valioso. Si un hombre mataba a otro, se le juzgaba; si era acusado por robar la cabalgadura ajena se le colgaba sin necesidad de juicio. Nunca olvidaré  las palabras de mi tío Cadencio: ¡qué sabes tu lo que es amor si nunca has dado un beso a un caballo! ¡Nos vemos!


Walfrido López Gonzàlez