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Publicado el 19 Enero, 2017 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Curar al caballo originó la práctica veterinaria

Pero el veterinario ya no tira para el monte. Las universidades de todo el mundo dan prioridad a otras especies productivas y hogareñas

 

Por Dr. Walfrido López González

Respuesta a JOAN CORRALES, REGLA, LA HABANA:

Cierto. Los caballos han sido, son y serán animales muy útiles al hombre per secula secolorum. Junto al hombre cabalgó, labró la tierra, transportó cargas por siglos hasta transformar el mundo… y aún continúa en estas y otras andanzas. La cura de sus dolencias dio origen a la práctica veterinaria porque su importancia económica, social y militar obligaba mantenerlo sano, feliz y bien nutrido.

Recuerdo que de niño adoraba ver los caballos pasar frente a mi casa y cuando vi correr un pura sangre inglés, se despertaron mis sueños de llegar a ser el veterinario que fui, soy y seré hasta el fin de mis días. Y me enfrenté de estudiante al Tratado de Anatomía del Caballo de Septimus Sisson, uno de los textos más hermosos y complejos de la profesión. Lo aprendí desde el prólogo hasta la bibliografía… y me nombraron profesor de esta disciplina.

Por entonces, el veterinario cubano que no conociera el muermo, la encefalomielitis viral infecciosa, la anemia infecciosa equina; sus más frecuentes parasitosis y enfermedades de la piel, el pie y el casco; detectar en qué extremidad estaba el daño que provocaba una cojera, reducir el sarro dental o combatir el cólico intestinal, se le consideraba profesional de tercera categoría.

Hoy las cosas han cambiado: el veterinario ya no tira para el monte. Las universidades de todo el mundo dan prioridad a otras especies productivas y hogareñas.

Salvo los fabulosos veterinarios de campo nacionales y foráneos, pocos se dedican a curar dolencias presentes en el noble corcel, pese a lo cual hoy la veterinaria al servicio de los equinos es fabulosa: detección de tumores por scanner y sesiones de quimioterapia o cirugía para su extirpación, enclavados intramedulares ante fracturas complejas seguidas de sesiones de fisioterapia en piscinas provistos de salvavidas especiales (el proceder ante una hueso quebrado hasta los años 60 era un disparo en la sien).

Siempre ha sido un animal valioso. En la Antigüedad, si un hombre mataba a otro, se le juzgaba; si era acusado por robar la cabalgadura ajena se le colgaba sin necesidad de juicio.

Nunca olvidaré las palabras de mi tío Cadencio: ¡qué sabes tú lo que es amor si nunca has dado un beso a un caballo! ¡Nos vemos!

 


Walfrido López Gonzàlez