0
Publicado el 8 Junio, 2018 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

La fauna silvestre bien vale una reflexión

Fauna silvestre, pavos realesPor WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

En respuesta a ROMEO BUJIA, PLAZA, LA HABANA:

El pasado 3 de marzo se celebró el Día Internacional de la fauna silvestre, ocasión para reflexionar acerca de su importancia. En pocas partes del mundo hubo acto público pese a que muchos estamos en pro de su defensa. Ni siquiera la prensa resaltó la fecha. No se trata de que el campesino rechace comer un arroz con jicotea o huevos de tortuga depositados en la playa, una jutía en fricasé o un faisán capturado en la serranía. La vida en esos sitios es muy dura y estas especies son parte de su alimentación. No, no. Las cosas se complican cuando la carne de quelonios y la del roedor se transforman en mercancía para satisfacer los estómagos golosos de los habitantes de las ciudades.

Hace poco me invitaron a un almuerzo donde el plato principal era pavo real asado. Imagina usted a Con Mi Veterinario comiéndose un pedazo de esta maravilla de la naturaleza, un ave que proporciona enorme disfrute a la visión humana. Por supuesto, rechacé mi espacio en ese acto cruel contra la naturaleza.

Es necesario que en la naturaleza sobrevivan los animales más fuertes y de seguro estarán en mejores condiciones de escapar a un imprudente fogonazo o a cualquier otro azar de la vida silvestre

Recuerdo en los años 70 en una movilización agrícola me sirvieron carne de caballo en el campamento y cuando rechacé comerla, algunos compañeros me tildaron de burgués. Y no fui el único, me acompañaron varios movilizados en mi protesta. ¡Mira que comerse un animal tan noble, hermoso y útil al hombre!

Mi tío Cadencio me regañaba de manera casi poética: “¡qué sabes tú lo que es amor si nunca has besado un caballo!”. Tampoco los extremos.

La veda en Cuba del venado de cola blanca pronto cumplirá medio siglo. Su resultado ha sido un desastre: Su población creció, pero la consanguinidad los hace más pequeños y deformes cada vez. Es necesario que en la naturaleza sobrevivan los animales más fuertes y de seguro estarán en mejores condiciones de escapar a un imprudente fogonazo o a cualquier otro azar de la vida silvestre. En un cardumen de peces, las gaviotas atrapan a los más débiles, los que nadan a la saga y en una emigración de búfalos africanos, el león ataca a los débiles y viejos… que también marchan al final de grupo. Es la ley de la naturaleza. ¡Nos vemos!


Walfrido López Gonzàlez