0
Publicado el 14 Febrero, 2020 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Ninguna calidad amortiza las desventajas

¿Cerdo criollo por valor patrimonial y calidad?

Cerdo criollo

Por WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

INGENIERO JOSÉ I. SANTANA, HABANA DEL ESTE, LA HABANA: (I)

Su defensa del cerdo criollo como valor patrimonial y fuente de carnes de calidad superior para comer o crear embutidos de alta calidad… me parece romántica y pueril.

Vayamos por partes:

Recuerdo de niño, cuando me inicié en los trajines de criar animales, los cerdos de toda Cuba eran negros, feos, de cortas piernas y lento crecimiento. También recuerdo el sabor delicioso de aquellas carnes enriquecidas con el aceite del palmiche que comían todos los chanchos, incomparable con el de los caribajos de hoy. Decir lo contrario es mentir.

También recuerdo a partir de los años sesenta el Estado cubano introdujo, de forma masiva, cerdos canadienses de una docena de razas puras en las porquerizas estatales.

Algunas: Large Black, Poland Chine, Tammwor, Large White, Spoted Poland Chine, pero solo perduraron las actuales: Yorkshire, Duroc-Jersey, Hampshire, Landrace y sus cruzas porque fueron las que se impusieron.

Cerdos blancos y rojos y negros con una cinta blanca al cuello; cerdos tan largos como un automóvil; cerdos que se comían una fábrica de pienso cada día, crecían con más rapidez que las yerbas silvestres y alcanzaban las ocho arrobas en siete meses.

Si la reacción inicial del pequeño criador y público consumidor fue de rechazo porque estos chanchos enfermaban con frecuencia y el sabor de sus carnes “insultaba” al paladar tradicional, todos estos fetiches fueron vencidos en apenas unos años.

La modernidad, con sus ventajas de mayor precocidad, rentabilidad, productividad y rendimiento se fue imponiendo, poco a poco hasta los días de hoy en que pocos cubanos crían cerdos criollos… para comerlos en casa.

Piense que una finca con 100 reproductoras criollas, tendrá 30 por ciento de menos nacimiento, los lechones tardarán 30 por ciento de tiempo en crecer y consumirán mucho más alimento que una Yorkshire o Landrace. Ninguna calidad de carne es capaz de amortizar estas desventajas.

Y eso de defender el valor patrimonial del cerdo criollo podría caber en un historiador, en un poeta, pero se distancia del actuar de un hombre de la producción. Las razas no desaparecen solas, son los criadores quienes al comprobar ventajas en una nueva estirpe o cruza desechan lo tradicional e incorporan nuevos animales. (Continuará…)


Walfrido López Gonzàlez