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Publicado el 10 Mayo, 2020 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Por metilación

El hombre y su perro… sí pueden comparar sus edades

La edad en humanos y en canes se puede comparar contando el número de grupos metilo en sitios de ciertos genes asociados al desarrollo corporal
Hombre abraza perro

(Foto: Sputnik)

Por WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ

MANUEL Y TERESA, PLAZA, LA HABANA: Comparar la edad del hombre con la de su perro empleando un año de humano por siete canino siempre la he concebido como una curiosidad carente de rigor científico, asociada al cariño que ambos se profesan; sin embargo, la ciencia pura, digo, genetistas, matemáticos y bioquímicos se han metido de lleno al cotejar el grado de metilación del ADN. Estos científicos han observado que la edad en humanos y en canes se puede comparar contando el número de grupos metilo en sitios de ciertos genes asociados al desarrollo corporal. Así, estiman el grado epigenético de envejecimiento, permitiendo concertar la edad de ambas especies con rigor al aplicar la fórmula matemática: 16 log (P) + 31 ≈ 37 log10(P) + 31, donde log es el logaritmo neperiano y log10 el logaritmo decimal. ¡Válgame Dios! algo muy complicado de entender para mí, un señor de la puerilmente llamada Tercera Edad. Estos estudios arrojan que un perro de 6 meses tendría 20 años humanos y con 10 años tendría 68 años humanos, un cachorro de 7 semanas de edad sería equivalente a un bebé humano de 9 meses, pero con un año (52 semanas) ya sería un adulto de 31 años. La investigación parte de un principio científico: En Medicina Forense se emplea el grado de metilación del ADN en muestras de saliva o de sangre para determinar la edad de un muerto y partiendo de que las estadísticas de esperanza de vida de un labrador Retriever es de unos 12 años, que corresponde a una esperanza de vida humana de unos 70 años ¡Asombrosas conclusiones! Estos estudios epigenéticos podrían ayudar a identificar perros que envejecen más rápido de lo habitual debido a que padecen ciertas enfermedades y tendrían una utilidad diagnóstica en la práctica veterinaria. Y me pregunto: ¿Cómo será el mundo algunos años después que Con mi Veterinario ya no escriba esta columna? ¡Ni siquiera logro imaginarlo! pero de seguro el hombre y su perro continuarán manteniendo ese binomio indivisible que ennoblece nuestros corazones, mentes y el diario vivir ¡Nos vemos!


Walfrido López Gonzàlez