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Publicado el 28 Mayo, 2021 por Walfrido López Gonzàlez en Mi veterinario
 
 

Errores biológicos devenidos desastres ecológicos

El marabú fue traído de Francia como planta ornamental. Se introdujo el caracol gigante africano con fines religiosos. Pero el desliz ambiental más dañino lo fue la introducción de la Mangosta de la India
Mangosta en Cuba

Foto en Radio Mayabeque-ICRT

Respuesta a la DRA. MARÍA DEL C. RIVERO, 10 DE OCTUBRE, LA HABANA:

El hombre comete errores biológicos que llegan a convertirse en verdaderos desastres ecológicos.

Hace algunos años en Brasil se multiplicaron abejas africanas en busca de una producción nunca antes lograda y salió una estirpe muy agresiva al hombre.

Por suerte, vivimos en una isla. ¡Dios nos salve de estos minimonstruos!

Cuba ha sido víctima de errores biológicos a través de los siglos.

Recordemos que el marabú fue traído de Francia como planta ornamental a mediados del siglo XVIII y recientemente se introdujo el caracol gigante africano con fines religiosos.

Pero el desliz ambiental más dañino lo fue la introducción de la Mangosta de la India (Herpestes aureopunctatus aureopunctatus) para combatir la plaga de ratas que asolaba al país.

Se trata de un mamífero carnicero, colmillos afilados, color gris claro, 30 cm de largo, apenas tres libras de peso y siempre dispuesto a morder.

Es muy voraz, agresivo y peligroso por ser reservorio del virus de la rabia, un enemigo público en especial del campesino a quien le come polluelos y huevos.

¡Sinvergüenza este animalito!

Según Lotti Soler, zoólogo cubano, fue traída de Jamaica en 1886 al central Toledo, donde las ratas ocasionaban grandes pérdidas en los almacenes de alimentos y cultivos de caña.

Una veintena de años después volvieron a traerlo de Jamaica para la zona comprendida desde Manzanillo a Cabo Cruz.

Fue un error de lucha biológica, porque en su país se le emplea para el combate contra la cobra y todo tipo de serpientes.

En inicios, se le mantenía bajo el control de sus propietarios hasta que se perdió esta vigilancia, se hicieron libres y se reprodujo para convertirse en plaga por sí mismo.

Cuentan que en los inicios la mangosta fue el artífice de grandes batidas contra ratas y ratones, pero pasado el tiempo ambas especies decidieron discutir el asunto y sentadas bajo un jagüey, tomando café acompañado de queso blanco, llegaron a un acuerdo: vivir sin atacarse entre sí.

En lo adelante la mangosta se alimentaría de huevos, pollos, restos de animales y tendría sus hábitos diurnos, a campo abierto o en pequeños follajes; mientras, la rata de campo mantendría sus hábitos nocturnos y como alimentación básica los granos y la caña de azúcar.

La rata de ciudad viviría como… una rata inmunda.

¡Y basta!

Esta columna diserta sobre animales amables, bellos, comestibles; en fin, animales decentes.

¡Nos Vemos!

DR. WALFRIDO LÓPEZ GONZÁLEZ


Walfrido López Gonzàlez