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Publicado el 12 noviembre, 2015 por Marta Sojo en Mundo
 
 

ESTADOS UNIDOS

Brutalidad policial: de nuevo a la carga

El reciente hecho de la estudiante de secundaria en Carolina del Sur, cuando el policía usó la fuerza bruta para sacarla del aula

El reciente hecho de la estudiante de secundaria en Carolina del Sur, cuando el policía usó la fuerza bruta para sacarla del aula. (BBC.COM)

Por: MARTA G. SOJO

Los prejuicios raciales no son cosas del pasado en los Estados Unidos. Todavía prevalecen en mayor o menor grado, y se ponen al rojo vivo cuando es un policía blanco el que ejerce su poder sobre otro individuo, por lo regular afrodescendiente o latino, quien en ocasiones no merece tan espectacular uso de la fuerza.

El problema se reitera mas a menudo de lo deseado, el más cercano pasó hace apenas pocos días en Carolina del Sur, en una escuela secundaria del poblado de Columbia. Una adolescente negra fue arrastrada de su asiento por el policía escolar blanco, hasta que la redujo.

La tecnología moderna, permitió que alguien grabara el incidente en video. La estudiante se negó a abandonar el aula cuando se lo ordenaron por conducta impropia, por lo que llamaron a un vigilante de la escuela. El agente Ben Fields, acudió pero la estudiante sentada en su escritorio, no le hizo caso, entonces la emprendió contra ella sujetándola por el cuello y luego la tiró al piso junto con la mesa de estudio.

No hay que ser muy ingenioso para percatarse que el agente del orden es blanco. Puede que sea un ser violento pero prima sobretodo, ese sentir adverso hacia la población negra, especialmente en los estados sureños, donde el racismo está bastante enraizado en sus gentes y la incidencia de este tipo de percances abunda en demasía. El suceso se produjo en un momento en que la policía y su uso de la fuerza sobre los afrodescendientes están bajo especial escrutinio.

Es que en los últimos tiempos la frecuencia de estas actitudes va en aumento. Historias para contar hay suficientes, cual de ellas más escalofriantes, que parecen sacadas de un cuento de horror, porque han conllevado la muerte de algún ciudadano.

Para refrescar los recuerdos podemos mentar al agente de la policía de Nueva York, James Frascatore, que agredió violentamente al múltiple campeón del tenis retirado James Blake en a la entrada del Grand Hyatt Hotel, que esperaba lo recogieran para ir a un evento del deporte en el que se hizo famoso y rico. Blake, afroestadounidense de 35 años de edad, ocupó en el pasado el primer puesto en el ranking del tenis masculino de Estados Unidos y el cuarto puesto a nivel mundial. El policía parece ser ducho en descargar su ira racista contra ciudadanos inocentes, ya que tiene varias demandas judiciales en su contra por brutalidad policial y uso excesivo de la fuerza. Si actualmente su conducta es objeto de escrutinio es simplemente porque agredió a una celebridad, a un hombre rico, y fue filmado. Sin embargo las otras denuncias que existen en su contra hasta el momento, no parecen que hayan sido escuchadas.

Según datos publicados por el diario The Washington Post recientemente, la Policía estadounidense ha disparado y matado al menos a 385 personas en lo que va de año, lo que supone la muerte de más de dos personas al día. El diario solo incluyó en su estadística las muertes durante 2015 por disparos, prescindiendo de otras causas como puñaladas o fallecimiento de detenidos bajo custodia policial. Este artículo periodístico investigativo fue dado a conocer en un momento de debate nacional sobre el uso excesivo de la fuerza por parte de la Policía contra las minorías, tras los homicidios de varios afrodescendientes desarmados que han llevado a protestas multitudinarias.

Los agentes del orden para tirar, por lo que deben y por lo que no, lo hacen bajo el manto de una ley norteamericana que los salvaguarda, pues tienen la potestad de disparar a matar a un sospechoso cuando está en riesgo su vida o la de otras personas, peroparece hacen uso de la prerrogativa con profusión. Priman para tratarlos, los sentimientos internos de desprecio hacia esa otra etnia, que el supuesto delito que creen iba a cometer.

Hay comentaristas que aseveran que el racismo es la única construcción moderna que la inteligencia colectiva ha logrado edificar y mantener con éxito y parece que la vida y los hechos le dan la razón.

A pesar de que la lucha por los derechos civiles, alcanzó el triunfo para que fuera eliminada la segregación, el proceso avanzó hasta un punto en que ha quedado en el estancamiento, y ni siquiera la elección de un presidente negro mejoró, ni la percepción en los círculos más radicales hacia ellos, ni los ataques de que son objeto.

Un comentario publicado en la prensa norteamericana reconocía el aporte de la intelectualidad afroamericana a la cultura popular estadounidense y que se tiene en alta estima a intelectuales y artistas afrodescendientes, a los músicos, periodistas, científicos, atletas. La paradoja radica en que junto a ese significativo panorama, subsiste el racismo más primitivo y criminal que no solo desmiente la civilización acumulada por Estados Unidos, sino la esencia de su aspiración a ser un santuario de la libertad, la tolerancia y la democracia. Cada americano, negro, hispano, mexicano, asiático o de cualquier minoría, víctima de la brutalidad policial, linchado o asesinado es un baldón para la América que quiso ser y no ha sido.

Barack Obama declaraba después de lo sucedido en la escuela de Carolina del Sur que los conflictos raciales en los Estados Unidos no son cosas del pasado.


Marta Sojo

 
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