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Publicado el 12 Noviembre, 2015 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

AFGANISTÁN

Una situación camuflada

Los minerales afganos podrían beneficiar a Estados Unidos para la construcción de sus aviones de guerra

Los minerales afganos podrían beneficiar a Estados Unidos para la construcción de sus aviones de guerra.
(www.defenseindustrydaily.com)

Por: MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El expresidente afgano Hamid Karzai en su mensaje a Barack Obama al ser este elegido por primera vez en 2008, le solicitó el fin de los bombardeos a su país por causa de las bajas civiles. El reclamo se asentó en el hecho de 40 víctimas fatales durante la celebración de una boda en la provincia de Kandahar. Esas imágenes de 2002 le dieron la vuelta al mundo.

Oídos sordos, pues las acciones bélicas siguieron a tal punto que Washington decidió permanecer en esa nación de Asia por un tiempo más. Se acaban de ratificar allí unos 9 800 militares. Según el mandatario estadounidense, citado por Prensa Latina, la misión persigue entrenar a las fuerzas armadas locales en apoyo a sus operaciones antiterroristas.

Esa es una opinión. Una bien diferente se centra en otra realidad: el total fracaso de la campaña militar en Afganistán, que dura más de 14 años. Analistas como Khalil Nouri, del centro de investigación New World Strategies Coalition, considera una variable geoestratégica crucial, la de vigilar a los países vecinos, entre ellos Rusia, China e Irán, debido a su creciente ascendencia mundial, aunque la Casa Blanca se escude en el argumento de las armas nucleares. Además, así incluye en su colimador a Pakistán.

Otro argumento de peso, no el menos importante, radica en las riquezas minerales de Afganistán, calculadas en unos tres billones de dólares. Posee litio y niobio, utilizados, por ejemplo, en los motores de los cazas estadounidenses F15 y F16.

De ahí que los yanquis apoyen su permanencia y apañen un nefasto episodio ocurrido este 3 de octubre, cuando un hospital civil de Médicos Sin Fronteras se convirtió en blanco de la aviación norteamericana, en la provincia afgana de Kunduz. En ese “error de cálculo” murieron 44 personas, humanistas del personal médico. Obama lamentó las víctimas, al tiempo que dio luz verde a nuevos marines. Y en esa lógica insertó lo ocurrido al expresar: “El ejército afgano, que estaba acorralado por los rebeldes talibanes, pidiendo nuestro respaldo aéreo, sin embargo, les fallamos”.

El hospital, además, perdió toda operatividad, y es la población la que sufre las consecuencias. ¿Quién garantiza que en los próximos años no vuelva a ocurrir algo semejante allí o en Siria, ahora que incursionan también en esa nación árabe?

Sabido es que el Pentágono necesita limpiarse las máculas de su fallida intervención en Afganistán y su inoperancia en Siria, en contraste con los éxitos de la aviación militar rusa, de preciso impacto contra el llamado Estado Islámico (EI). Ahora, con la prórroga de la fecha de retirada, intenta hallarle un sentido a una de las guerras más largas de la historia de los Estados Unidos, descartando la posibilidad futura de negociaciones diplomáticas con el argumento de que los bombardeos estadounidenses calzan mejor las operaciones militares afganas. En el tópico de las tropas terrestres, se pondera la ayuda contra los talibanes, bajo determinadas circunstancias.

Lo paradójico es que la insurgencia y el terrorismo se han extendido por todo Afganistán, en franco desafío al Gobierno central y a la propia presencia norteamericana. En los seis primeros meses de 2015, la escalada cobró la vida de 1 592 personas y hubo 3 329 heridos, anunció la ONU. Estos actos tuvieron lugar en el tradicional escenario: en el sur, este y sudeste del país. Y ya también en el norte.

Progresión cierta, pero frenada a lo interno debido al avance del EI -en este caso elementos escindidos del Emirato Islámico de Afganistán en áreas fronterizas con Pakistán-. Esta perspectiva inédita sitúa nuevas interrogantes referidas al papel de Estados Unidos. ¿Acaso es Afganistán una pieza añadida al tablero medioriental, o seguirán haciendo creer que es un oasis sin asideros regionales y globales? Lo segundo resulta difícil de asimilar.

Álvaro Vicente, colaborador del Programa sobre Terrorismo Global del español Real Instituto Elcano, advierte que “resulta poco probable que el Ejército afgano sea capaz de contener y revertir por sí mismo la ofensiva de los yihadistas”. Él le da un voto de confianza a la Casa Blanca, pero admite nuevos actores como Rusia, que ha comenzado a reforzar su presencia militar en Tayikistán tras lo sucedido en el hospital de Kunduz.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda