0
Publicado el 19 Diciembre, 2015 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

Carrera armamentista:  4 900 millones diarios contra la vida

Compartir
Con el dinero de un submarino S-80 se podrían salvar muchas vidas. (Foto: elconfidencialdigital.com)

Con el dinero de un submarino S-80 se podrían salvar muchas vidas. (Foto: elconfidencialdigital.com)

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Parece cosa de locos. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri), el gasto militar ha aumentado 45 por ciento en todo el mundo en los últimos diez años. Cada minuto se destinan en el planeta 3.4 millones de dólares a objetivos militares, o sea, 204 millones por hora o 4 900 millones de dólares diarios.

Mientras, como dijo el presidente cubano Raúl Castro Ruz en la Asamblea General de la ONU en el segmento del aniversario 70 de Naciones Unidas, “el compromiso asumido en 1945 de ‘promover el progreso social y elevar el nivel de vida’ de los pueblos y su desarrollo económico y social, sigue siendo una quimera, cuando 795 millones de personas sufren hambre, 781 millones de adultos son analfabetos y 17 mil niños mueren cada día de enfermedades curables”.

Después de la pasada Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno que aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible para resolver los agravados problemas sociales del mundo de cara al año 2030, hay mucha incertidumbre sobre cómo alcanzar esos propósitos si no se destinan los recursos financieros para su instrumentación.

Estudios de diversas instituciones aseguran que con la cuarta parte de lo que se gasta en armamento en el mundo en un período de diez años, se erradicaría la pobreza extrema, serviría para proveer salud y controlar el sida, proporcionar vivienda decorosa a más de mil millones de personas, eliminar el analfabetismo, suministrar agua potable segura y se solucionarían otras necesidades que permitan el bienestar de los seres humanos.

Si el siglo XX se caracterizó por los grandes avances tecnológicos utilizados en la aplicación de doctrinas militares agresivas que situaron a la intervención militar entre las prioridades de sus políticas para potenciar la hegemonía de un reducido número de países sobre el resto de la humanidad, el XXI ha comenzado con un empuje mayor de tales prácticas unido a la sofisticación de las ciencias aplicadas en el intento de someter a todas las sociedades.

Y valiéndose de los medios de comunicación que dominan, hacen creer que la carrera de armamentos sirve para garantizar la paz, término presente en la retórica de muchos políticos, cuya voracidad es indetenible y son en realidad verdaderas amenazas globales de caos y desestabilización.

Cada avión invisible vale mil 900 millones y es la aeronave más cara del mundo.

Cada avión invisible vale mil 900 millones y es la aeronave más cara del mundo. (Foto: guerrasmo-dernas.com)

Las investigaciones de no pocas instituciones certifican que ninguna de las grandes potencias, hasta la fecha, ha presentado una propuesta alternativa de gasto militar que sea mínimamente coherente, políticamente potable y técnicamente creíble.

Eso es lo que explica que actualmente estén en su punto de ebullición decenas de conflictos internacionales, con más de cuatro millones 400 mil víctimas. En 2013 se calculó en 512 millones el número de personas desplazadas forzosamente por guerras y conflictos. Las estadísticas destacan a niños y niñas entre los perjudicados principales. De 1990 a 2012 se han registrado unos dos millones de menores muertos, seis millones de heridos graves, diez millones con traumas y veinte millones de desplazados.

En tanto, la industria militar sigue en pleno apogeo por la loca carrera guerrerista que provoca masacres no solo porque conduce al uso creciente de la fuerza, sino también porque consume recursos vitales para luchar contra la pobreza. Otros datos espantan: al año se fabrican más de ocho millones de armas nuevas y 16 millones de millones de balas, mientras circulan por el mundo más de 640 millones de armas.

Los 28 países de la OTAN dedicaron al sector militar –según las estadísticas oficiales correspondientes a 2013– más de un millón de millones de dólares, que representan 56 por ciento del gasto militar mundial, según el Sipri. Pero, en realidad, hay países con gastos muy superiores, como Estados Unidos, donde elevadísimas partidas militares no aparecen en el presupuesto de su Departamento de Defensa.



Ejemplos de lo que se puede hacer con el gasto militar

-Con lo que cuestan cinco misiles Tomahawck se puede edificar una escuela primaria perfectamente dotada.

El helicóptero Apache cuesta 23 millones.

El helicóptero Apache cuesta 23 millones. (Foto: airvoila.com)

-El precio de un cazabombardero F-16 equivale a construir 200 viviendas confortables.

-Con el valor de una fragata F-100 sería posible instalar tres acueductos para ciudades de medio millón de personas cada una.

-Se pueden edificar 13 hospitales con el costo de un submarino S-80.

-Con lo que vale un helicóptero Apache se podrían montar 16 centros culturales bien equipados tecnológicamente.

-El valor de un avión “invisible” B-2 equivale a alimentar durante un año a cinco millones de personas.

-Con lo que cuestan dos portaviones con propulsión nuclear sería posible erradicar el analfabetismo en el mundo.



Del gasto militar global en 2013, solo la nación norteña desembolsó 682 478 millones de dólares, cuyas enormes ganancias se las llevan las grandes empresas de armamentos. Por cierto, siete de las diez mayores del mundo son estadounidenses.

Pero no se toman en cuenta otros financiamientos que salen por otras esferas. Por ejemplo, los gastos correspondientes al armamento nuclear de EE.UU. (12 mil millones de dólares al año) salen del presupuesto del Departamento de Energía; las ayudas militares y económicas a aliados estratégicos (47 mil millones anuales) vienen de los presupuestos del Departamento de Estado y de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés); las pensiones de los militares retirados (164 mil millones de dólares anuales) provienen del presupuesto del Departamento de Veteranos.

De las diez empresas armamentistas que se enriquecen cada día con las guerras, siete son esta-dounidenses.

De las diez empresas armamentistas que se enriquecen cada día con las guerras, siete son esta-dounidenses. (Foto: cubadebate.cu)

Y también están los gastos de los servicios de inteligencia estadounidenses, cuya cifra oficial (45 mil millones de dólares anuales) es solamente la punta visible del iceberg. Al agregar esos fondos –y otros más– a los gastos del Pentágono se comprueba que EE.UU. dedica al sector militar alrededor de 900 mil millones de dólares al año, cerca de la mitad del gasto militar mundial, o sea que, en el presupuesto federal estadounidense casi un dólar de cada cuatro se dedica a ese sector.

Habría que sumar que el país ha gastado en las guerras llevadas a cabo tras los atentados terroristas de septiembre de 2001 más de un millón de millones de dólares. Para algunos analistas la cifra resulta conservadora, pues otras investigaciones afirman que el costo de las guerras en Irak y Afganistán, así como la asistencia para Pakistán, asciende a más de cuatro millones de millones de dólares, incluidos costos de salud para veteranos discapacitados e intereses de la deuda relacionada con las intervenciones.

El costo estimado anual por cada soldado norteamericano en estos conflictos bélicos supera el millón de dólares, gasto que sigue creciendo una vez finalizadas las hostilidades, pues numerosos veteranos deben recibir ayuda médica o por discapacidad.

Sin embargo, en Estados Unidos hay cerca de 50 millones de pobres. El país presenta niveles de pobreza, pobreza infantil y desigualdad en el ingreso de los peores del mundo avanzado. No pocos especialistas consideran que por ese excesivo gasto militar se dejó de invertir en asuntos sociales claves, lo que ha provocado en la nación más rica del planeta cierto deterioro alarmante del sistema de educación y de la salud pública, mientras que la industria manufacturera civil ha perdido competitividad.

Esa contradicción es la que sacude hoy al llamado primer mundo, porque se desarrollan con tremendo dinamismo las tecnologías para aumentar la capacidad de ocasionar muerte, y no se trabaja con el mismo afán para asumir los riesgos del planeta, ni tan siquiera para cumplir el compromiso de entregar 0.7 por ciento del PIB para favorecer el desarrollo de las naciones más pobres.



Fidel en las Naciones Unidas hace 55 años

Al pronunciar su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 27 de septiembre de 1960, Fidel advirtió:

Las advertencias de Fidel en la ONU hace 55 años parecen dichas ahora

Las advertencias de Fidel en la ONU hace 55 años parecen dichas ahora. (Foto: wordpress.com)

“Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!

“La historia del mundo ha enseñado trágicamente que las carreras armamentistas han conducido siempre a la guerra; sin embargo, en ningún minuto como este la guerra significa una hecatombe tan grande para la humanidad y, por lo tanto, nunca la responsabilidad ha podido ser mayor.

“Son enemigos del desarme los monopolios, porque además de que con las armas defienden a esos intereses, la carrera armamentista siempre ha sido un gran negocio para los monopolios. Y, por ejemplo, es de todos sabido que los grandes monopolios en este país duplicaron sus capitales a raíz de la Segunda Guerra. Como los cuervos, los monopolios se nutren de los cadáveres que nos traen las guerras.

“Y la guerra es un negocio. Hay que desenmascarar a los que negocian con la guerra, a los que se enriquecen con la guerra. Hay que abrirle los ojos al mundo, y enseñarle quiénes son los que negocian con el destino de la humanidad, los que negocian con el peligro de la guerra, sobre todo cuando la guerra puede ser tan espantosa que no queden esperanzas de liberación, de salvarse, al mundo”.



 

Compartir

Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina