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Publicado el 7 Diciembre, 2015 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

RUSIA-TURQUÍA

Trágicas consecuencias

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Entierro del piloto ruso del piloto asesinado tras el derribo del SU-24 de la aviación rusa.

Entierran con honores a Oleg Péshkov, piloto del Su-24 derribado por Turquía. Ankara se niega a pedir disculpas. (Foto: cdn1.img.sputniknews.com).

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Las relaciones entre Rusia y Turquía tenían sus altibajos pero fluían. Tras el 24 de noviembre último, y a consecuencia del derribo de un avión militar ruso, los nexos están en punto muerto con una tremendísima tensión política sobre todo porque Ankara declaró que no se disculpará por la acción, cuya justificación descansa en el argumento de que se había violado su espacio aéreo.

Por su parte, Moscú señala que su estado mayor había comunicado previamente a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) los planes de vuelo. Este hecho demuestra que el Su-24 fue derribado intencionalmente, insisten las autoridades moscovitas, mientras sostienen que los 17 segundos de su nave en territorio turco no constituyen amenaza alguna. Además, recuerdan que la nave fue impactada cuando ya estaba del lado sirio.

A tenor de los acontecimientos, el presidente Vladimir Putin tomó medidas económicas y comerciales que, según el Partido Republicano del Pueblo de Turquía, representarán a su país pérdidas totales de hasta 20 mil millones de dólares. En la lista de productos turcos prohibidos para la importación a Rusia desde enero de 2016, figuran mercancías agrícolas y materias primas, lo cual se agrava con la prohibición de vuelos chárteres entre ambos países, que transportaban anualmente millones de turistas. Turofed, federación de propietarios de hoteles, turcos está alarmada, pues supone pérdidas de hasta 4 500 millones de dólares.

Estas dos naciones euroasiáticas habían logrado tender un fructífero puente: Rusia fue el tercer mayor socio comercial de Turquía en el segundo trimestre de 2015. Sin embargo, todo eso queda atrás, con el agravante de una eventual confrontación bélica, al punto en que Turquía ha respondido a las medidas de Putin con otras, de tipo militar, al desplegar en la zona del Mediterráneo, dos submarinos en la demarcación de operaciones del crucero ruso Moskvá, asignado por el mando de la operación antiterrorista rusa en Siria para misiones de defensa antiaérea de sus bombarderos, con los que asesta arteros golpes contra el autodenominado Estado Islámico (EI), así como otras agrupaciones terroristas en ese país levantino.

El investigador y profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Armando Fernández Steinko, sostiene que “la actitud de Erdogan no es constructiva” y que por el contrario responde a su doctrina del neotomanismo”. Este analista se suma a las voces que le hallan un vínculo al mandatario turco con el EI, incluso el Kremlin sostiene que las altas esferas turcas son de las principales fuentes de financiamiento de los terroristas a cuenta de su ilícita venta de petróleo sirio e iraquí.

Por demás, tanto Rusia como Turquía tienen intereses geoestratégicos en el Oriente Medio no solo por cuestiones energéticas; el primero en defensa de su seguridad nacional al cortar la entrada de elementos radicales a su territorio, y el segundo, para intentar crear en Siria el viejo anhelo kurdo de una patria unificada, porque se encuentra en lucha contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y desea alejarlo de la esfera de las influencias políticas. Los países de la OTAN, se han comprometido, en teoría, a fortalecer las milicias kurdas que combaten al EI, mientras su socio turco mantiene ataques permanentes contra el PKK.

Todo el asunto es sumamente problemático, ya que en el centro se levanta la proclama mundial de lucha contra el terrorismo que desde Siria e Irak peligra con extenderse. Imposible olvidar los atentados de Beirut, París o los que a diario suceden en Siria, inmersa en esa batalla desde hace cuatro años. De ahí que sea muy difícil separar el diferendo Rusia-Turquía de lo que ocurre con Damasco. Cada día son más los que se pronuncian por hacerle frente.

Al cierre de esta edición, la Canciller Angela Merkel anunció el envío de mil 200 soldados a la nación árabe sin la solicitud del presidente sirio, ni la aprobación de la ONU. El apoyo alemán a la intervención en Siria costará 134 millones de euros y se extenderá hasta el 31 de diciembre de 2016. Para ese entonces ¿habrán mejorado las relaciones de Rusia y Turquía? Ojala así sea, para bien de todos.

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María Victoria Valdés Rodda

 
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