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Publicado el 3 Febrero, 2016 por Nestor Nuñez en Mundo
 
 

Colombia: Cerca de la luz

 

Raúl intercambia con representantes del Gobierno colombiano y las FARC-EP.

Raúl intercambia con representantes del Gobierno colombiano y las FARC-EP. (Foto: Estudio Revolución)

Por NÉSTOR NÚÑEZ

Los negociadores del Gobierno y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Ejército del Pueblo, FARC-EP, que trabajan en La Habana desde 2012, y que en septiembre último, con la presencia en la sala de sesiones del presidente Juan Manuel Santos y la máxima dirección de la guerrilla, fijaron el próximo 23 de marzo como fecha límite para la firma del protocolo de paz.

Como reiteraron al general de ejército, Raúl Castro, cuando se reunió este enero en la capital de la Isla con los miembros de las delegaciones –oficial y de las FARC-EP–, ellos intentan concretar el tan esperado acuerdo que pondría fin a medio siglo de conflicto interno en Colombia.

Cuba ha prestado toda su colaboración al logro de un entendimiento que conduzca al establecimiento en aquel país sudamericano de un clima interno constructivo y equilibrado, papel el de la mayor de las Antillas que no solo han reconocido más de una vez las partes involucradas, sino numerosas naciones del orbe e incluso el propio presidente norteamericano Barack Obama en muy recientes declaraciones televisivas.

Lo que resta

Según confirma la propia prensa colombiana, de hecho los negociadores ya se han puesto de acuerdo parcialmente en cuatro de los seis puntos del protocolo, a saber el problema agrario, la lucha contra el cultivo y tráfico de drogas ilegales, la reparación de las víctimas y la participación política de los guerrilleros una vez que depongan armas.

Quedan por definir otros dos aspectos de esencial importancia, y que se refieren a la desmovilización y desarme de la guerrilla, y la aprobación y oficialización del pacto.

En ese sentido, y a pesar de la fecha anunciada para una posible conclusión exitosa de las conversaciones, la guerrilla ha manifestado que el calendario podría alargarse, toda vez que es necesario un debate profundo acerca de las seguridades con las cuales contarán los combatientes de las FARC-EP efectuada su desmovilización e integración a la vida política del país.

El asunto es complicado, toda vez que, según el juicio de los guerrilleros, lamentablemente en todo este tiempo de diálogo las actividades paramilitares se han incrementado en Colombia, sobre todo a partir de la conspiración contraria a la paz encabezada por el exmandatario Álvaro Uribe.

Esos grupos aparecieron en el país en los años ochenta del pasado siglo y son responsables de múltiples asesinatos, tortura, destrucción de poblados, masacres y violaciones a la dignidad y los derechos humanos de miles de ciudadanos.

Bajo el propio mandato de Uribe las bandas optaron por desmovilizarse parcialmente ante la presión nacional e internacional, pero en los últimos tiempos han vuelto a proliferar sus prácticas asesinas tras las vestiduras del narcotráfico, la delincuencia y la actividad mafiosa, refieren las FARC-EP.

No obstante, el entorno y la suma de voluntades apuntan a un posible arreglo definitivo que goza del apoyo de todas las naciones latinoamericanas y los más diversos organismos internacionales.

Y es que lograr la paz en Colombia ya no solo sería una victoria de su pueblo y sus factores políticos, sino el triunfo de una región geográfica que desde hace más de un decenio realiza cambios altamente positivos al influjo de sus gobiernos progresistas y populares, y de una voluntad de unidad y concertación que proclama entre sus bases esenciales el respeto absoluto a la autodeterminación, la integridad, las diferencias, y la solución pacífica y civilizada de los diferendos internos y externos.


Nestor Nuñez

 
Nestor Nuñez