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Publicado el 17 Febrero, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

Cubanoamericanos, no. Estadounidenses… de origen cubano

La mayoría de los inmigrantes no se distinguen ellos mismos poniendo primero su origen
La población de Estados Unidos tiene diversos orige-nes (Foto: Internet)

La población de Estados Unidos tiene diversos origenes (Foto: Internet)

Por LAZARO BARREDO MEDINA

Comparto la preocupación de algunas personas por el uso del término cubanoamericano para denominar a los que viven en los Estados Unidos. Por estos días se ha utilizado mucho esa designación en los medios –incluso en los de la isla-, ante el debate que ha tenido lugar con las aspiraciones presidenciales de Marcos Rubio y Ted Cruz. Ellos tienen un origen cubano por el padre, pero ni nacieron ni nunca han estado en Cuba, no tienen nada que ver con nuestro país como no sea su visceral odio hacia la Revolución por el cómodo acceso que les facilita “la industria anticubana”.

No voy a meterme en la conceptualización de esta acostumbrada manera de nominación política, aparentemente noble y sin mayores connotaciones, que muchos asumimos sin apreciar las implicaciones y las consecuencias que toda esta distorsión tiene detrás para justificar el fondo anexionista. ¿O por qué esa afiliación se utiliza mayormente con los cubanos y no con las demás nacionalidades que viven en los Estados Unidos, que preservan las costumbres de sus ancestros con un sentido cultural, más bien folclórico, pero sin connotaciones ideológicas o políticas: y se consideran norteamericanos, no importa de dónde hayan venido?

Estados Unidos, con más de 300 millones de habitantes, es un país diverso, racial y étnicamente. Así, por ejemplo, el censo de los grupos ancestrales en el año 2000 arrojó que los estadounidenses descendientes de germanos tienen la más alta tasa de población con el 15,2 por ciento (casi 43 millones de personas), después están   los de origen irlandés con casi 31 millones de individuos (algo muy significativo pues entre las dos Irlandas tienen una población total de poco más de seis millones de habitantes); a continuación están los sucesores de ingleses, con unos 25 millones de habitantes. También están los italianos, con unos 16 millones y franceses, con unos 11 millones. Hay otras muchas nacionalidades europea, más de veinte, que tienen cifras importantes de ciudadanos estadounidenses.

Los latinos son el 17 por ciento de la población de Estados Unidos y superan los 55 millones de personas, con orígenes mayoritarios en México, Puerto Rico, El Salvador, Cuba, República Dominicana, Guatemala, Colombia, Honduras, Ecuador, Perú, Venezuela, Nicaragua, Argentina, entre otros, de los que 37 millones hablan español, aunque cada vez más los jóvenes solo hablan inglés.

Le siguen los afroamericanos con unos 37 millones de personas. Otra minoría significativa es la población asiática, que comprende 13.4 millones de ciudadanos y,   según una encuesta realizada, hay poco más de un millón y medio de estadounidenses de origen árabe. Asimismo están los oriundos, los indios amerindios y los inuit, que componían el 1.5 por ciento de la población total en 2008, con cuatro millones de personas.

Como regla, los migrantes en EE.UU. buscan integrarse a esa sociedad, aunque contrario a los inmigrantes europeos que por voluntad propia dejaron sus países debido a la discriminación por clase y religión, los latinos de las más viejas generaciones típicamente mantienen fuertes lazos familiares (visitando periódicamente o invirtiendo sus ingresos en casas o familiares) y quizás por eso siguen enseñando a sus hijos su idioma, religión y costumbres.

No obstante, ese es un fenómeno en reversión general, porque como regla los que nacieron en Norteamérica han hecho una asimilación de la cultura, normas de sociedad, de escuelas y hábitos y no tienen ninguna motivación por los lazos que ataban a sus antecesores

Lo cierto es que la mayoría de los inmigrantes no se distinguen ellos mismos poniendo primero su origen (Aleman-Americano, por ejemplo), sino simplemente americanos (otro término conflictivo, que tiene mucho que ver con las viejas doctrinas hegemónicas estadounidenses), mientras que asimilados buscan la integración para tener reconocimiento.

La mayoría de cubanos y estadounidenses de origen cubano que residen en EE.UU. apoya la normalización de relaciones entre ambos países y además abogan por el fin del bloqueo económico, según todas las últimas encuestas, pero en los distintos procesos de acercamientos entre ambas naciones emprendidos en los últimos 20 años, han dejado en claro que quieren estrechar el vínculo, pero con su vida hecha y derecha en la acera de enfrente.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina