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Publicado el 3 Febrero, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

¿Otra vez respuestas calibradas?

Un muy curioso hipervínculo de Obama

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

La secretaria de comercio, Penny Pritzker, aseguró que “estos cambios facilitarán las exportaciones que ayudarán a fortalecer la sociedad civil en Cuba (entiéndase sector privado)”. (Foto: Granma)

La secretaria de comercio, Penny Pritzker, aseguró que “estos cambios facilitarán las exportaciones que ayudarán a fortalecer la sociedad civil en Cuba (entiéndase sector privado)”.

A veces uno piensa que la política de Estados Unidos hacia Cuba se comporta como un auto cuando se pone en marcha y en su avance comienza a cancanear, aunque haya atisbos de sintonía entre el caprichoso conductor, que sigue pensando unilateralmente, y su paciente vecino acompañante.

A lo mejor es una casualidad, pero llama la atención que por su interés en la construcción de un mejor ambiente en las relaciones hemisféricas y previo a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el presidente Obama resaltara el papel de Cuba en los Diálogos de Paz que se desarrollan en La Habana entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) e hiciera un hipervínculo muy curioso: “Agradezco al Gobierno de Cuba por acoger las negociaciones de paz, las cuales se han adelantado durante el restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”.

La posición latinoamericana y caribeña desempeñó un valioso rol para que Washington aceptara la negociación con Cuba. El propio secretario de Estado. John Kerry, reconoció en La Habana en agosto pasado la persistencia de la región ante la Casa Blanca a favor de la restauración de los lazos con la Isla.

En realidad, nadie duda de que es correcto todo lo que se haga en la dirección de la normalización y la cooperación dentro del respeto en todos los terrenos, como a finales de enero se apreció en Jamaica cuando decenas de altos cargos militares y de agencias de seguridad de 16 países, entre ellos Estados Unidos y Cuba, se dieron cita en la Conferencia anual sobre Seguridad Regional en el Caribe (Cansec, en inglés), con el objetivo de fortalecer la capacidad y seguridad regional ante las amenazas del narcotráfico, terrorismo y el crimen organizado, entre otras.

Pero, a juicio de muchos expertos, es en el conjunto global de las decisiones hacia la normalización de las relaciones bilaterales donde más se aprecia ese “cancaneo”, sobre todo en las acciones que ha adoptado la administración Obama para intentar flexibilizar las medidas punitivas unilaterales que adoptaron contra la Isla durante 55 años, aunque lo hagan con ciertas limitantes en la búsqueda de los cambios que desean en el orden interno cubano.

Nadie pone en duda que el presidente Barak Obama está sometido a muchas presiones, pero tampoco se puede ignorar el claro mensaje del presidente Raúl Castro el pasado 18 de diciembre, cuando aseveró: “El pueblo cubano no renunciará a los principios e ideales por los que varias generaciones de cubanos han luchado a lo largo de este último medio siglo. El derecho de todo Estado a elegir el sistema económico, político y social que desee, sin injerencia de ninguna forma, debe ser respetado”.

Si no se respeta la igualdad soberana, no se respeta el como soy, sino que se quiere imponer el cómo quiero que seas, se hará más largo y difícil el camino, porque esa lógica estratégica de aprieta y afloja contamina la atmósfera con la desconfianza y el recelo.

Ahora mismo, por ejemplo, al anunciar las decisiones que supuestamente flexibilizan ese acercamiento entre ambas naciones, el secretario del Tesoro, Jack Lew, comentó que la intención de estas medidas es “facilitar el libre flujo de información entre los cubanos y estadounidenses, y seguiremos tomando los pasos necesarios para ayudar al pueblo cubano a lograr la libertad política y económica que merece”, mientras la secretaria de Comercio, Penny Pritzker, aseguró que “estos cambios en las regulaciones facilitarán las exportaciones que ayudarán a fortalecer la sociedad civil en Cuba (para ellos el sector privado) y mejorar las comunicaciones desde y entre los cubanos”.

Pero más descarnadamente, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Ned Price, dejó en claro que Estados Unidos “está haciendo su parte para eliminar obstáculos que han sido un lastre para los cubanos” y, por ello, “urgimos al Gobierno cubano a hacer más fácil para sus ciudadanos iniciar negocios, participar en el comercio y acceder a información en Internet”, añadió. El mensaje que uno advierte en estas palabras es que volvemos a las “respuestas calibradas” de la era Clinton.

Sin embargo, tal parece que ni los secretarios del Tesoro y de Comercio, ni el portavoz del Consejo Nacional de Seguridad, saben que en Cuba hay más de un millón de trabajadores que se desempeñan en empresas mixtas, cooperativas, campesinos individuales, o trabajadores no estatales, y aunque el Gobierno Revolucionario lo quisiera, esas personas no podrían establecer esos niveles de exportación o importación por una razón muy sencilla: sigue prohibido el uso del dólar en las transacciones cubanas, lo que obliga a realizar operaciones muy costosas al tener que ejecutar los pagos en una tercera moneda.

Se ha asegurado reiteradamente por expertos estadounidenses y diversas publicaciones lo han comentado, que Obama podría autorizar el uso del dólar en las transacciones internacionales de Cuba pues no está codificado en la legislación del bloqueo, además de que podría consentir que estas transacciones se realicen a través del sistema bancario norteamericano y posibilitar a entidades cubanas (bancos, empresas, etc.) abrir cuentas corresponsales en bancos de Estados Unidos. Nada de eso está señalado en las formulaciones de esas entidades del Gobierno estadounidense.

Entre las medidas está la intención de facilitar la transportación aérea, además del alquiler de aviones, para fines ya autorizados en disposiciones anteriores del Gobierno estadounidense.

Entre las medidas está la intención de facilitar la transportación aérea, además del alquiler de aviones, para fines ya autorizados en disposiciones anteriores del Gobierno estadounidense.
(Foto: Archivo de BOHEMIA)

Así que el mensaje claro al mundo que propuso el secretario del Tesoro (“Estados Unidos se ha comprometido a potenciar y permitir avances económicos para el pueblo cubano”), no es totalmente cierto, sigue a menos de un cuarto de sus posibilidades reales, porque como aseguran los expertos, las ordenanzas ayudarán a incrementar las exportaciones a la Isla y garantizar la seguridad de los pagos y otras transacciones financieras, pero son insuficientes. Eso sí, demuestran que Obama tiene facultades para eliminar elementos sustanciales de las sanciones anticubanas, sin desconocer que es el Congreso el único que puede levantar el bloqueo en su totalidad.

Llama la atención que se haya dicho en algunos medios extranjeros que Cuba reconoció como “algo satisfactorio” este tercer paquete de medidas. En realidad, se reconoce que quita obstáculos, abrevia o facilita en alguna magnitud la aplicación de las decisiones anteriores, pero siguen como dándole la vuelta a la noria.

Entre las medidas más notables esta vez se encuentran el permiso para el otorgamiento de créditos a Cuba, que podrá adquirir los productos que ya están autorizados, y el reconocimiento de la empresa estatal como actor comercial, aunque limitada a determinados servicios como el arrendamiento de aviones y otros, según especifica la nota del Gobierno estadounidense.

Es como decir “del lobo un pelo”, porque como algo nuevo se permite el otorgamiento de licencias específicas y tras un análisis caso a caso para las exportaciones y reexportaciones de algunos productos en determinadas áreas, incluyendo las compras que efectúen empresas estatales, agencias y organizaciones del Go¬bierno cubano, lo cual ciertamente es la primera vez que se acepta, pero fíjense que sigue condicionado y son decisiones que serán sometidas a análisis casuístico. Para nada cambia la relación con las entidades estatales que son mayoritarias en la sociedad cubana y el propio documento asegura que continuará en vigor la política general de denegar las exportaciones y reexportaciones de artículos por parte de empresas estatales, agencias y otras organizaciones del Gobierno cubano que generen ingresos para el Estado.

Pero sí están bien definidas dentro de esta política general de otorgamiento de licencias, las exportaciones y reexportaciones de mercancías y programas informáticos para “organizaciones de derechos humanos, individuos y organizaciones no gubernamentales que promuevan la actividad independiente en Cuba”.

Tampoco estas decisiones liberan completamente a importantes sectores de la economía en EE.UU. de las restricciones ya establecidas, ni reconocen las importaciones desde Cuba, salvo algunos renglones que produce el sector privado, minoritario en la Isla. También se mantienen las limitaciones para los viajes pueblo a pueblo, que solo pueden hacerse por grupos con un programa previamente acordado, monitoreado por un representante de la organización que gestiona esas visitas y que pueda dar fe de que no se han producido “violaciones” de la ley.

En fin, el cambio es tan parcial por esas esencias hegemónicas que mantiene la administración norteamericana, que les viene bien aquella frase de “hay personas que sueñan con la libertad, pero están enamoradas de sus cadenas”.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina