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Publicado el 21 Abril, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

Brasil: Democracia en peligro

El proyectado golpe de Estado contra Dilma Rousseff sigue en marcha
(telesur.net)

(telesur.net)

Por ARSENIO RODRIGUEZ

La presidenta brasileña Dilma Rousseff sostuvo que el proceso de destitución en su contra –en manos del Senado tras ser aprobado por los diputados–, traerá inestabilidad al gigante sudamericano, rompe la base de la democracia. Insistió en que el proceso de destitución en marcha es un golpe, “revestido de pecado original, porque carece de base legal”.

En encuentro con la prensa nacional y foránea, Rousseff dijo que se trataba de una “explícita venganza orquestada por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño, luego que el Partido de los Trabajadores decidiera iniciar una investigación en su contra en el Comité de Ética. Recordó la mandataria que la oposición, luego de ser derrotada en 2014, “inició un proceso de desestabilización que se ha mantenido hasta el momento, porque considera que existe una “vena golpista” que se arrastra a lo largo de la historia, que reapareció cuando los diputados votaron por mayoría de 367 votos la apertura del “impeachment”.

“Si prestamos atención a la trayectoria de los presidentes a partir de Getulio Vargas, vamos a ver que este recurso fue usado sistemáticamente contra los mandatarios electos”, dijo, “y puedo asegurar que todos los posteriores a partir de 1985, fueron objeto de procesos para juicios de impedimento y todos tuvieron que enfrentarlos”, aseveró.

Observadores políticos señalan que si el Senado decidirá por mayoría simple iniciar el juicio político a principios de mayo, como muchos esperan, la jefa de gobierno sería suspendida de su cargo y reemplazada por el vicepresidente Michel Temer mientras dure el proceso legal. Temer completaría el mandato de la presidenta hasta 2018, si ella es hallada culpable.

Sucede que el momento que vive Brasil, en medio de la peor crisis económica desde 1930, según expertos, provoca mayores enfrentamientos políticos, desestabiliza al Gobierno y amenaza con hundir a la nación en meses de incertidumbre, además de maniatar a un Gobierno que hasta el momento solo había trabajado a favor de las grandes mayorías, beneficiando a millones de personas.

Llama la atención el editorial publicado horas después del acuerdo de los diputados por el diario The Washington Post donde se analiza la crítica situación en el gigante sudamericano y se reconoce que la mayoría de los adversarios de Rousseff enfrentan denuncias por irregularidades, incluidos Michel Temer y Eduardo Cunha, acusados del mismo delito por el que se quiere enjuiciar a la mandataria.

El periódico concluye que “el mejor recurso contra la crisis sería celebrar nuevas elecciones, que requerirían una enmienda constitucional o, más probablemente, una determinación de la autoridad electoral certificando la última elección presidencial como corrompida por la financiación ilegal de campañas”.

Aparece por fin, la injerencia desde el exterior, abierta y casualmente reiterativa de lo que desde el principio se ha querido imponer a la sociedad brasileña por los sectores más reaccionarios de la derecha, sin importar que oscuros intereses puedan terminar con la democracia en un país al que le ha costado mucha sangre y dolor poder alcanzar estabilidad, avances y desarrollo.

La cuenta regresiva se ha iniciado y, si las masas no demuestran de forma clara su apoyo incondicional al proyecto social y al Gobierno que tanto las han beneficiado, volverán a Brasil las políticas neoliberales y con ellas la falta de soberanía, de independencia, de empleos y el aumento de la pobreza, entre otros males.

 


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez